Capítulo 1: Gran estreno
RIO DE JANEIRO, BRASIL
La cámara sobrevuela la ciudad en una toma panorámica. El contraste entre lo antiguo y lo moderno se hace evidente: las coloridas fachadas coloniales de Santa Teresa, los arcos de Lapa, el Teatro Municipal con su imponente arquitectura, y al fondo, el majestuoso Cristo Redentor dominando el horizonte, ícono representativo de Brasil.
Entre el bullicio de turistas y cariocas (el gentilicio de los habitantes de esta ciudad brasileña, una de las más pobladas del mundo), un joven pedalea con prisa por las estrechas calles. Mira su reloj de muñeca y frunce el ceño.
Diego: (alertado) Seu Francisco vai me matar!
Por fijarse en el reloj, el joven por poco atropella a algunas personas, pero sigue pedaleando y voltea apenado a verlas.
Diego: Desculpem aí!
Tales personas le miran con reproche. Diego solo continúa su camino pedaleando a toda velocidad.
EXT. PIZZERIA – DÍA
Francisco se encuentra justo en la puerta de la pizzería. El anciano sostiene una caja de pizza en la mano y se ve impaciente. Diego llega justo en ese momento sudando aparatosamente y baja de la bicicleta. Francisco es nativo del español. Diego habla mezclando español y portugués.
Francisco: Muchacho, ¿qué pasó esta vez? ¡Llevo esperándolo hace más de una hora!
Diego: Desculpe aí, seu Francisco (Discúlpeme, don Francisco). Havia muito tráfego de caminho pra cá.
Francisco lo mira con los ojos entrecerrados y le pega un coscorrón de forma cómica.
Diego: (adolorido) ¿Por qué me golpea? Tô falando a verdade!
Francisco: ¿Usted cree que yo soy bobo? Me dice la misma excusa casi todos los días. Invéntese algo mejor que además viene en bicicleta.
Diego: (avergonzado) Tá bom, sendo sincero me atrasé porque me quedé adormecido.
Francisco: (exasperado) Es que no sé qué voy a hacer con usted. Le he llamado la atención muchas veces por sus llegadas tarde y todavía no ha sido capaz de corregir ese mal hábito.
Diego: Me desculpe, de verdade.
Francisco: ¡Ya basta de disculpas!
Diego baja la cabeza aún apenado. Francisco cierra los ojos, inhala y exhala.
Francisco: Diego, usted sabe que lo aprecio mucho, mijo Quise mucho también a su mamá que en paz descanse. Ella era como una hija para mí y sus abuelos me ayudaron mucho cuando llegué acá a Brasil desde Colombia, pero está abusando. ¿Hace cuánto que trabaja para mí?
Diego: Cinco años.
Francisco: ¡Imagínese! ¡Cinco años! Primero se atrasaba cinco minutos, después diez, luego quince y ya se toma hasta la hora completa. ¿No le parece ya justo empezar a ser más puntual?
Diego: Eu sei, eu sei, seu Francisco, mas me dá uma chance, por favor (Yo sé, don Francisco, pero deme otra oportunidad, por favor). Você sabe que eu preciso desse trabalho. Tengo la renta da casa e a universidade do Thiago.
Francisco: Yo sé, pero si no empieza a llegar más temprano, no voy a poder hacer mucho por usted. Esas constantes llegadas tardes suyas afectan el negocio y la satisfacción de los clientes.
Diego: Eu prometo que vou cambiar a partir de mañana, eu juro. Vou empezar a ser más puntual.
Francisco: Más le vale porque si incumple su promesa, con el dolor en el alma, lo voy a tener que despedir.
Diego: No va a tener que hacerlo. Se lo aseguro.
Francisco: En fin, mejor agarre esto y apúrese a llevárselo a doña Ginevra Montiel.
Diego abre los ojos como platos al oír tal nombre.
Diego: A dona Ginevra? Sério?
Francisco: Sí, la misma. No ha parado de llamar desde temprano exigiendo la misma pizza de pepperoni que tanto le gusta y por el tono de voz, ya está medio brava por la espera, así que váyase rápido.
Diego guarda silencio mirando la caja que aún no recibe. Francisco se extraña.
Francisco: ¿Y ahora qué fue? La señora esa lo está esperando, Dieguito. ¡Muévale!
Diego: (indeciso) Es que…
Francisco: Hable, muchacho. No tenemos todo el día. Doña Ginevra es una de las mejores clientes que tenemos y no la quiero perder por su culpa.
Diego: Tá bom (Está bien). Não é nada, não se preocupe. Vuelvo en seguida.
Diego toma la caja de pizza y la mete en una especie de caja puesta en la parte de atrás de la bicicleta para luego montarse en ella e irse. Francisco se queda viendo a Diego en su bicicleta de lejos y suspira.
Francisco: Ay, Larissa, mija. ¡Cómo se le creció su muchacho! Es todo un hombre ya. Le ha tocado que lidiar con la vida él solo y desde tan joven.
Francisco niega con la cabeza y entra a la pizzeria.
BOGOTÁ, COLOMBIA
INT. SEGUROS FERRER/SALA DE JUNTAS – DÍA
Varios socios y algunos accionistas están reunidos en una importante junta directiva precedida por Guillermo Ferrer, quien, de pie, presenta a Marcela. Entre los asistentes a la junta se encuentran también Irene y Leoncio.
Guillermo: (sonriendo) Es un gran placer para mí anunciarles que, luego de la etapa práctica que mi hija aquí presente estuvo realizando en la empresa y de haber obtenido su título, estuvimos analizando su desempeño y desde el área de recursos humanos se tomó la decisión de contratarla como la nueva gerente comercial de Seguros Ferrer. ¡Bienvenida, Marcela!
Todos le dan un cálido aplauso. Irene no aplaude con el mismo entusiasmo e incluso mira a su sobrina política con cierto recelo.
Marcela: (sonriente) Gracias, papito ¿Qué les puedo decir? Es muy lindo para mí el recibimiento. Créanme que aprendí muchísimo en mis prácticas universitarias y voy a hacer lo mejor para contribuir al crecimiento de la aseguradora. Quiero realizar todo lo que esté a mi alcance para sacar adelante a esta empresa que es el legado de mi familia. ¡Muchísimas gracias!
De nuevo, la joven es ovacionada por los aplausos de los asistentes a la junta quienes se ponen de pie y comienzan a acercarse a ella para presentarse dándole la mano. Irene decide salir de la sala. Leoncio se da cuenta y sale tras ella.
INT. SEGUROS FERRER/OFICINA DE IRENE – DÍA
Irene entra a su oficina frunciendo el ceño. Leoncio, quien la ha seguido, cierra la puerta.
Leoncio: ¿Qué te pasa, Irene? ¿Por qué te saliste así sin ni siquiera felicitar a tu sobrina?
Irene: Corrección. Esa muchachita es tu sobrina, no la mía. Hasta adoptada es. El que sea su tía política, es otra cosa bien distinta. No te confundas.
Leoncio: Como sea. No se va a ver bien que ni siquiera te le acerques para felicitarla por el cargo.
Irene: (muy seria) ¡Ah, no, pues! ¿Y qué esperabas? ¿Que la abrazara feliz de la vida y le diera un beso pretendiendo que me da gusto su dizque nuevo cargo? ¿Eso querías?
Leoncio: (desconcertado) No entiendo por qué te pones así.
Irene: No te hagas el imbécil, Leoncio. Tú bien sabes qué me pasa. Dime qué van a pasar todos nuestros socios y accionistas al ver semejante nepotismo. “La hija del presidente fue nombrada gerente de la noche a la mañana”.
Irene habla de forma sarcástica y alza las manos como si anunciara un titular de noticias.
Irene: ¿En qué cabeza cabe que una recién graduada tenga el cargo de gerente, por Dios?
Leoncio: Marcela es una muchacha muy capaz. Yo, como director financiero, no le vi ningún inconveniente, además el proceso de contratación se hizo directamente con recursos humanos para reemplazar al anterior que ya se jubiló. No fue como que Guillermo la nombró porque le dio la gana.
Irene: (exasperada) ¿Qué importa ya?
Irene toma asiento.
Irene: Mi palabra nunca ha valido en esta empresa y menos la tuya que siempre has estado bajo la sombra de tu hermano, siendo tú mayor que él.
Leoncio: No empieces con lo mismo, Irene.
Irene: Es la verdad. Mírate. Mientras tú eres director financiero, Guillermo es el presidente de la aseguradora. ¿Por qué? Porque tú rechazaste la presidencia por irte detrás de aquella mujer.
Leoncio: No empieces con esa historia. Pasó hace años. ¿Hasta cuándo?
Irene: Es que parece que a cada rato te la tengo que recordar para que veas que en esta familia tú y yo somos dos ceros a la izquierda, ¿y cómo no? No has tenido ni los pantalones para meter a nuestro hijo en la empresa.
Leoncio: Ulises no está preparado. Ni siquiera le gusta trabajar y me lo ha hecho saber en varias ocasiones, ¿y cómo no si todos estos años lo has malogrado y malcriado?
Irene: Más bien tú reconoce que siempre le has tenido manía, pero ¿sabes qué? Haz lo que se te pegue la nada. Si tú no piensas asegurar el futuro profesional de Ulises, me voy a encargar yo. ¿Entendido? Y ya vete. No te quiero ver el resto del día.
Leoncio: (muy serio) No te preocupes que el sentimiento es mutuo.
Leoncio sale de la oficina dando un portazo. Irene, aún notablemente molesta, decide enviar un mensaje misterioso.
INT. SEGUROS FERRER/OFICINA DE MARCELA – DÍA
Guillermo, entretanto, le hace entrega a Marcela de su oficina, que aunque pequeña, es moderna y fresca.
Guillermo: (sonriendo) Y bien, señorita. Bienvenida a su nueva oficina.
Marcela: (riendo) Gracias, papi. Está linda. Es mucho más de lo que me esperaba, con decirte que hasta me siento un poquito rara, no sé…
Guillermo: ¿Rara por qué, hija? Te lo mereces. Estudiaste mucho y te preparaste para estar donde estás.
Marcela: Y sí que me quemé las pestañas en la universidad, pero tú ya sabes cómo es la gente con sus comentarios. Van a decir después que fue porque soy tu hija y además, noté que a la tía Irene como que no le cayó muy bien mi nombramiento.
Guillermo: Ya, no le hagas caso. Tú la conoces. Esa mujer vive medio amargada e inconforme con todo. Lo importante aquí es que esto es por mérito propio y yo sé perfectamente la hija tan profesional que tengo, y de la que me siento tan orgulloso.
Guillermo se acerca y le da un beso en la frente justo cuando son interrumpidos.
Federico: Buenas, buenas (Tocando la puerta entreabierta). Me dijeron que por acá encontraba a la gerente comercial más hermosa de toda la aseguradora.
Marcela ríe por el cumplido. Federico entra con un ramo de flores y se le acerca a la joven para darle un pico.
Federico: ¡Felicitaciones, amor!
Marcela: Gracias, Fede.
Federico: No podía dejar de venir a desearte lo mejor ahora que ascendiste a un puesto tan importante. Te tenía que felicitar en persona.
Guillermo: Bueno, yo los dejo, pero los cariñitos me los dejan afuera de la empresa, ¿bueno? (Dice en tono serio, aunque jocoso).
Federico: Por eso no se preocupe, suegro. Aquí donde la ve, su hija es más fría que un témpano de hielo conmigo.
Marcela: (apenada) ¡Ay, no le digas eso a mi papá! ¿Qué va a pensar?
Guillermo: Que lo heredó de mí. Yo tampoco es que sea mucho de muestras de afecto, pero conozco a mi hija y sé bien que tiene un corazón enorme. Espero que me la estés tratando bien, Federico.
Federico: Más que bien. Marcela sabe que siempre la trato como la reina de mi vida. ¿O no, mi amor? (Marcela asiente, forzando una sonrisa).
Guillermo: Bueno, nos vemos en la casa, hija. Tengo otra reunión en un rato.
Marcela: Dale, papito. Hasta la noche.
Guillermo sale de la oficina y cierra la puerta tras sí. Federico toma a su prometida de la cintura y la mira enamorado.
Federico: ¿Qué te parece si vamos a cenar esta noche para que celebremos?
Marcela: No sé, Fede. Yo creo que sería mejor que me ponga adelantar trabajo. Tengo varios reportes por leer y me aterra no dar la talla en este cargo. Tengo los ojos de todos los socios y accionistas encima de mí.
Federico: Hace mucho no pasamos tiempo juntos, mi amor. Me has tenido muy abandonado. ¿Qué te cuesta posponer lo que tengas por una noche? Luego podemos ir a mi apartamento, vemos una peli y… (Besándolo) Podemos hacer algo más. ¿Qué dices?
Marcela se ve poco convencida y algo incómoda, pero accede.
Marcela: Bueno, está bien.
Federico le sonríe y vuelve a besarla.
RÍO DE JANEIRO, BRASIL
INT. EDIFICIO, APARTAMENTO DE GINEVRA – DÍA
Diego lleva algunos segundos tocando el timbre y se ve algo ansioso. Lleva también la caja de pizza en la mano. Ginevra finalmente abre muy sonriente y se deja ver usando un sexy pijama apenas cubierto por una bata de casa transparente.
Ginevra: Bom dia, Diego.
Diego: (nervioso) Bu… Bom día, dona Ginevra. Aqui está a sua pizza.
Ginevra: Pasa, mi corazón. Tengo tu dinero adentro y háblame en español que ya sabes que mi portugués no es muy bueno. Me siento como hablando español borracha.
Ginevra se adentra a su apartamento para buscar con qué pagar. Diego entra tímidamente y se siente incómodo. Ginevra lo llama desde la habitación.
Ginevra: ¡Diego, ven aquí!
Diego: ¿Por qué no viene usted, dona Ginevra?
Ginevra: Es que quiero aprovechar que estás para que me ayudes con algo. Deja la pizza en la mesa del comedor.
Diego hace una mueca de notable incomodidad
Diego: (indeciso) Eu… não posso ir embora sem o dinheiro da pizza, viu… (No puedo irme sin el dinero de la pizza, eh).
El joven deja la caja sobre la mesa y decide ir a la habitación, pero no ve a nadie.
Diego: Dona Ginevra?
Ginevra lo sorprende desde atrás abrazándolo. Diego se sobresalta.
Ginevra: Deja de llamarme así y dime Ginevra.
Diego: Dona Ginevra, por favor. Já pare com isso.
Diego intenta zafarse, pero la madura mujer lo retiene y se toma el atrevimiento de meterle la mano por debajo de la camisa para acariciarlo.
Ginevra: ¿Por qué eres tan esquivo y tan quisquilloso conmigo? Deberías sentirte halagado de que una mujer de mi clase, toda una actriz retirada, se fije en ti.
Diego: Lo estoy, pero…
Ginevra: Pero nada. Hace mucho que me traes loca, mi corazón. Quiero tenerte. Quiero que seas mi hombre. Dame ese gusto.
Ginevra le muerde la oreja y llega al punto de meterle la mano por debajo del pantalón. Diego se ve obligado a apartarse de ella bruscamente.
Diego: Dona Ginevra, pelo amor de Deus. Não quero ser grosseiro com a senhora.
Ginevra: (frustrada) No entiendo. ¿Tan fea me ves?
Diego: Claro que não. Usted es hermosa.
Ginevra: ¿Entonces? ¿Eres gay?
Diego: Tampoco, senhora. Yo ya he tenido novia.
Ginevra: ¡Oh santo cielo! ¡Ya sé! ¡No se te para! ¡Tienes problemas de palanca!
Diego: (sorprendido) Mucho menos eso.
Ginevra: Entonces, ¿por qué no te gusto?
Diego: É simples. No hay una razón. Entenda que você não… (Hace una pausa) Não gosto de você. É isso.
Ginevra comienza a sollozar de forma cómica y exagerada para luego sentarse en la cama. Diego se siente mal por ella.
Ginevra: Esto es el colmo. ¡Yo, toda una actriz, una diva de mi categoría, rechazada por un muchachito que no tiene ni donde caerse muerto! Voy de mal en peor.
Diego se acerca algo indeciso y pone su mano sobre el hombro de ella.
Diego: Não chore, por favor. Yo le he dicho que usted es preciosa. Puede tener otros pretendientes hasta de su edad.
Ginevra: ¿Me estás diciendo vieja? Mira que apenas paso de los treinta, niño Diego. ¡No me insultes!
Diego: No es por eso. Usted ha dicho que tiene harta experiencia y que fue actriz dorada de no sé de qué época, además yo ahora no puedo tener novia. Eu trabalho muito e…
Ginevra se pone de pie y lo encara.
Ginevra: Lo del trabajo como tú le dices puede cambiar si cedes a lo que tú sabes. Yo te puedo sacar de pobre, mi corazón. Tu hermano por el que tanto te esmeras tendrá la universidad paga y también los gastos médicos para el tratamiento.
Diego: (extrañado) ¿Cómo sabe que mi hermano precisa de tratamiento?
Ginevra: (nerviosa) Eh, bueno… Tú me dijiste.
Diego: No recuerdo.
Ginevra: ¡Como sea! Tú eres con el que sueño en las noches, en el que pienso todo el tiempo, el que me pone así, toda sofocada, Diego…
Ginevra comienza a echarse viento con la mano y se quita la bata quedando en pijama. Diego intenta no verla sintiéndose cada vez más incómodo. Ginevra se acerca al muchacho y rodea con sus brazos el cuello de él.
Ginevra: Tan solo dame una probadita de toda esa vigorosidad que tienes. Yo no muerdo.
Ginevra intenta besarlo, pero él se aparta de nuevo.
Diego: Não, dona Ginevra, não posso e me dê o dinheiro da pizza, por favor. Tô trabalhando.
Ginevra: ¡Tú no te irás de aquí y no te daré nada hasta que te acuestes conmigo!
Ginevra lo agarra de la camisa.
Diego: No lo haga más difícil.
Ginevra: ¡No te irás hasta que me des por lo que pagué!
Diego: ¿De qué está hablando?
Ginevra: (desesperada) ¡Vas a ser mío!
Diego: ¡Ya déjeme!
Ginevra, aún sin soltarlo de la camisa, lo jala para sí y en el intento del muchacho de soltarse, la camisa se rasga. Ginevra se abraza a él como si de una garrapata se tratara al tiempo que lo acaricia y besa a la fuerza.
Ginevra: ¡Debes hacerme tuya! Es mi única oportunidad y no pienso perderla.
Diego: ¡Que ya basta! Pare, por favor..
Diego la empuja fuertemente y Ginevra pierde el equilibrio al punto de caerse. Diego, alarmado y preocupado, se acerca a ella.
Diego: Dona Ginevra!
Ginevra se ve aturdida. El muchacho se inclina y la ayuda a levantarse.
Diego: Dona Ginevra, me deje ayudarla. Não foi a minha intenção. Tá tudo bem?
Ginevra alza los ojos viéndolo con profunda ira y sin esperarlo, le lanza una sonora cachetada.
Ginevra: (histérica) ¿Cómo te atreves a rechazarme y a humillarme así? ¿Quién te has creído?
Diego no sabe qué decir. Ginevra vuelve a lanzarle otra cachetada. Él se vuelve el rostro, apenado y adolorido.
Ginevra: ¡Eres un estúpido! Me entiendes, ¿no? Porque ni el español lo hablas bien y a mí me late que eres medio bruto. Mira que rechazar una escultura, un chocolate como yo…
Diego baja la cabeza.
Ginevra: Pero más bruta soy por poner mis bellos ojos en un repartidor, en un pobretón, pero está bien. Nada más que no voy a perder mi dinero. Claro que no, mi corazón. ¡Quiero lo que pagué de vuelta!
Diego: Me desculpe, mas não tô entendendo…
Ginevra: (interrumpiéndolo) ¡Háblame en español! Esfuérzate al menos por intentar comunicarte bien conmigo.
Diego: Decía que no entiendo de qué dinero me habla, senhora.
Ginevra: ¿Todavía me rechazas y ahora vas a robarme?
Diego: Le juro que no sé.
Ginevra: Pues el dinero que le di a tu hermano. ¡De eso estoy hablando! Thiago se puso en contacto conmigo y le di un buen dinero porque me aseguró que tú le dijiste a él que te irías a la cama conmigo.
Diego se impresiona al escuchar a la madura actriz.
Diego: Eh, yo… Creo que…
Ginevra: No me digas nada y ya mejor lárgate de mi casa. Quiero mi dinero a más tardar esta noche porque si no me lo devuelven, voy a la policía y te denuncio. ¿Ok?
Diego: Tá bom (Está bien). Esta noche lo tendrá. Prometido.
Ginevra: ¡Vete!
Diego: ¿Y la pizza?
Ginevra se queda viéndolo con los ojos entrecerrados como si quisiera matarlo con la mirada y agarra un tacón para tirárselo. Diego lo esquiva y sale corriendo con la camisa medio rasgada.
BOGOTÁ, COLOMBIA
INT. CLUB CAMPESTRE – DÍA
Irene y Cristina se encuentran almorzando en la terraza del club que da una vista campestre muy bonita.
Irene: (agobiada) Y eso es lo que me pasaba. Perdona la sinceridad y créeme que no tengo nada en contra de tu hija. Marcela es una muchacha excepcional, pero ver cómo Leoncio y yo estamos estancados mientras otros avanzan me pone muy mal.
Cristina: Ni lo digas. Te entiendo mejor de lo que crees. Creo que ambas vinimos a dar con un par de hermanos inmaduros que no saben lo que quieren en la vida. Mira a Guillermo. Me pidió el divorcio descaradamente.
Cristina dice aquello bebiendo una copa de vino.
Irene: Tú tampoco colaboraste mucho que digamos. Mírate, Cristina. No son ni las tres de la tarde y ya te quieres emborrachar.
Cristina: Ay, Irene. No me vengas a echar cantaleta, querida. Esto es lo único que me desestresa.
Irene: Nada más te digo porque te aprecio. Yo, en tu lugar, jamás le habría firmado el divorcio a Guillermo. Le diste la derrota muy fácil.
Cristina: Fue mejor así. A decir verdad, Guillermo tampoco es que me satisfaciera mucho como mujer.
Irene: Pues yo no pienso hacer lo mismo que tú. Leoncio me ha insinuado varias veces que nos separemos y ni loca pienso perder mi estatus sin asegurar el futuro de mi hijo. Eso sí que no (Habla muy convencida).
Cristina: Ya lo hiciste una vez, ¿te acuerdas? Con esa brasileña que él conoció hace años. ¿Cómo es que era que se llamaba?
Irene: (fastidiada) Ni me la recuerdes.
Cristina: (pensativa) ¿Qué habrá sido de ella y del supuesto hijo que estaba esperando? ¿Nunca te lo has preguntado?
Irene: No y tampoco me interesa saber la suerte que tuvo esa gente. La mujer esa no era más que una trepadora que quería salir de su país para darse mejor vida y el único heredero de Leoncio es Ulises…
INT. CASA DE LOS FERRER/HABITACIÓN DE ULISES – DÍA
Ulises, entretanto, se encuentra frente al espejo, aplicándose una base para la piel. Viste de forma casual, aunque recatada y estética, además de tener unos ademanes delicados.
Irene: (voz en off) Voy a hacer que mi hijo tenga en algún momento el lugar que se merece en esta familia, cueste lo que me cueste, Christina.
Pascual entra, caminando con su bastón y frunce el ceño desde la puerta.
Pascual: Ulises, ¿qué se supone que está haciendo?
Ulises se exalta y esconde la base de maquillaje.
Ulises: Nada, abuelo. Voy de salida.
Pascual: ¿Y desde cuándo los hombres se tienen que maquillar para salir?
Ulises voltea a verlo, enarcando una ceja.
Ulises: Desde la antigüedad. Para su información, el maquillaje fue creado por y para los hombres. Que las mujeres lo hayan adoptado, es cosa de ellas, igual que los pantalones.
Pascual: (con seriedad) Usted siempre tiene una respuesta para todo. Definitivamente su mamá no ha hecho otra cosa más que malcriarlo para volverlo un contestón.
Ulises: Nada más le estaba dando una lección de historia, abuelo. No le estaba contestando y ahora con su permiso, me tengo que ir. Tengo clase en la universidad.
Ulises sale con seriedad de la habitación. Pascual se queda viéndolo con recelo.
RÍO DE JANEIRO, BRASIL
INT. CASA DE DIEGO Y THIAGO – NOCHE
Thiago llega luego de un día de estudio arduo en la universidad. Diego se encuentra viendo televisión recostado en un modesto sofá.
Thiago: Você não ficou até tarde na pizzaria? (¿Hoy no te quedaste hasta tarde en la pizzería?)
Diego: (indiferente) Não.
Thiago: E por que?
Diego: E qual é o problema se cheguei mais cedo, hein? Você preferia que chegasse atrasado? (¿Y qué tiene que haya venido más temprano? ¿Querías que llegara tarde?)
Thiago deja el bolso y las llaves sobre una mesa.
Thiago: Não importa. Pra mim é indiferente. Vou dormir, boa noite. Não faz barulho, tá? (No importa. Para mí es indiferente. Voy a dormir, buenas noches. No hagas ruido, ¿bueno?)
Thiago se dirige al pequeño y estrecho cuarto que ambos comparten. De repente, Diego apaga la televisión del control y habla en portuñol con su marcado acento brasileño.
Diego: Imagino que você perguntou porque quería que me quedara na casa da dona Ginevra Montiel, né?
Thiago se detiene en seco al escucharlo y se queda de espaldas. Diego se levanta del sofá y se pone sumamente serio.Diego: O que você esperava, Thiago? ¿Por qué le pediste dinero y le dijiste que yo me iba a la cama con ella?
Thiago: Não tô entendendo.
Diego: No te hagas. Você me entende muito bem porque mamá nos enseñó español a los dos. Que você não goste, problema seu. Agora responde lo que te pregunté.
Thiago traga saliva y encara a su hermano mayor mirándolo con mucha seriedad.
Thiago: Si ya sabes, ¿para qué me preguntas?
Diego: Quiero que me expliques. Você sabia que a dona Ginevra Montiel gosta de mim y te conté todo lo que me proponía. Hasta nos burlamos y sabías que yo no gosto de ella. ¿Por qué la engañaste? Le hablaste hasta de tu tratamiento. ¿Qué planeabas?
Thiago: ¿No es obvio? Quería que dejaras de ser un idiota y aceptaras una chance que podía cambiarnos la vida.
Diego lo mira desconcertado.
Thiago: Y ahora tienes a una vieja que te puede dar todo. Deberías de agradecerme, pero por lo visto lo echaste todo a perder como siempre.
Diego: No preciso venderme así. Tabajo mucho pra te dar lo que puedo. Não te falta nada.
Thiago: Não me basta. Nada do que você me dá é suficiente. Hasta vergüenza me dá ter um irmão tão… ordinário… un repartidor mediocre.
Diego siente un nudo en la garganta al oírlo, pero trata de contenerse.
Diego:(muy dolido) No sabía que pensabas tan mal de mí.
Thiago: Lo que digo es poco. Tú y yo ni hermanos deberíamos ser. Yo nací para cosas más grandes. En cambio tú… (Lo mira con desprecio) Mejor no digo.
Diego: Piensa lo que quieras, mas esse dinheiro no es tuyo ni mío. Vai devolver pra dona Ginevra.
Thiago: Não vou devolver nada.
Diego: (molesto) Thiago, no te lo estoy pidiendo.
Thiago: Problema tuyo. Me debes eso, por no haber querido salvar a mamá. Você me deixou huérfano nesta miséria e esse dinheiro agora é meu.
Diego se acerca a su hermano y lo jala del brazo.
Diego: ¡Thiago es una orden!
Thiago: (soltándome) Me solta!
Diego lo agarra de mala forma de la camisa.
Diego: ¿Dónde lo tienes?
Thiago: ¡No te lo voy a dar! ¡Duerme con ella, págale, haz lo que quieras, pero no lo voy a devolver!
Diego: Si no piensas hacerlo por las buenas, tendrá que ser por las malas.
Diego lo arrastra consigo.
Thiago: Me solta, caralho!
Diego: Te voy a llevar con ella para que seas tú quien le dé la cara y te disculpes.
Thiago: Você tá louco se pensa que vou fazer isso! Me solta!
Diego lo ignora y lo lleva consigo a la fuerza. Los dos forcejean.
Thiago: (furioso) Me solta!
Thiago empuja a su hermano con fuerza y da un paso hacia atrás. Sus ojos se desenfocan y su expresión cambia empalidecido en el acto. Diego lo nota.
Diego: ¿Thiago?
Y antes de que Diego logre alcanzarlo, Thiago se desploma de forma aparatosa sobre el suelo.
Diego: (gritando) ¡¡Thiago!!
Se lanza de rodillas a su lado, intenta moverlo, sacudirlo, sin éxito.
Diego: ¡Respira! Não faz isso comigo, meu irmão. Abre os olhos (No me hagas esto, hermano. Abre los ojos).
Diego se ve desesperado, pero es inútil. Thiago no reacciona.
BOGOTÁ, COLOMBIA
INT. APARTAMENTO DE FEDERICO – DÍA
Está atardeciendo. Hay una diferencia horaria de dos horas entre Colombia y Brasil, por lo que en el primer país aún es temprano. Federico termina de prender unas velas que iluminan su apartamento, además de que hay pétalos en el piso. Escucha el timbre y se dirige a abrir.
Federico: ¡Ya voy!
El hombre abre, encontrándose en primer plano con Ulises. En cuanto lo ve, desencaja el rostro.
Federico: ¿Qué estás haciendo aquí?
Ulises: ¿Puedo pasar?
Federico: ¿Qué quieres, Ulises? Estoy esperando a Marcela. Puede llegar en cualquier momento.
Ulises pasa a la fuerza al apartamento.
Ulises: Nada más quiero saber qué te pasa. ¿Por qué te estás portando tan indiferente conmigo últimamente? ¿Qué te hice?
Federico: (fastidiado) Nada, simplemente he estado ocupado y por si no te acuerdas, tengo una relación con tu prima.
Ulises: (dolido) ¿Qué hay de mí? Conmigo también tienes una relación y todo este tiempo he aceptado tus términos, pero ya me estoy cansando.
Federico: A ver. ¿Y qué quieres? ¿Que deje a Marcela y le diga a todo el mundo que estoy contigo? ¿Cuándo te voy a hacer entender que lo nuestro son puros acostones? La pasamos bien, disfrutamos. ¿Para qué lo quieres dañar?
Ulises: Yo no estoy dispuesto a ser tu plato de segunda mesa toda la vida. Te quiero, pero esto no es justo conmigo. Llevaba días escribiéndote, llamándome y si no es porque vengo, no sabría nada de ti.
Ulises se acerca al hombre y lo toma del rostro con cierto desesperado
Ulises: (sollozo) Yo te amo, Fede. Te amo y me moría de ganas de verte.
Ulises intenta besarlo. Federico se aparta y le señala la puerta.
Federico: Es mejor que te vayas, Ulises. Vete.
Ulises: No me hagas esto. Tú no quieres a la estúpida esa. Yo soy más importante que esa mosca muerta.
Federico: Te ves bien mal hablando de una mujer y más de tu prima.
Ulises: No es mi prima. Es adoptada.
Federico: Como sea. Respétala. Marcela va a ser mi esposa, te guste o no. Yo contigo no quiero nada a futuro y si la quieres seguir pasando bien, no la cagues y ya vete (Lo toma de un brazo)
Ulises: Federico…
Federico: No me hagas echarte a la fuerza y no llores que me choca, me desespera. No me hagas agarrarte fastidio.
Ulises: Estás siendo muy injusto conmigo.
Federico: ¡Entonces pórtate como un hombre!
Ulises, desesperado, lo besa y lo abraza a la fuerza.
Federico: ¿Qué te pasa? ¿Qué estás haciendo?
Federico se zafa con violencia, empujándolo y cegado por la rabia, le suelta un puñetazo en la cara tan fuerte que el joven para en el piso.
Marcela: (desconcertada) ¿Qué está pasando aquí?
Federico voltea a ver, impactado. Marcela justo está en el umbral de la puerta, con una expresión confusa ante la escena que acabó de presenciar. Ulises, por su parte, yace en el piso, respirando agitado y con el labio inferior sangrando. Mira con cierto resentimiento a su recién llegada prima.
CONTINUARÁ…




















Ya empecé a leer el capítulo. El capítulo comienza a presentarnos la vida en Brasil del protagonista masculino, los cariocas.
ResponderBorrarGracias por comentar, Renzo y sí, quise iniciar el capítulo mostrando la vida del protagonista en Brasil.
BorrarQue maravilha, Dave. Quero acompanhar essa novela.
ResponderBorrarOi, Melqui!
BorrarObrigado pelo comentário. Eu vou estar publicando um capítulo por semana caso você continuar assistindo.