Capítulo 2: Encuentros y secretos
INT. APARTAMENTO DE FEDERICO – NOCHE
Marcela acaba de llegar, presenciando una discusión entre su prometido y primo, cosa que la desconcierta. Ulises sigue en el piso, golpeado. Federico se ve nervioso.
Marcela: ¿Por qué ninguno me responde? ¿Qué pasa? ¿Por qué estaban peleando? ¿Y qué haces tú aquí, Ulises?
Federico: Marcela…
Ulises se pone de pie e interviene.
Ulises: Yo te voy a explicar qué pasa, prima.
Federico: (muy nervioso) Vete, Ulises. Marcela y yo hablamos.
Ulises: No me pienso ir hasta cantárselas a mi prima para que sepa de una vez con quién está comprometida.
Marcela: ¿De qué estás hablando?
Federico: Ulises…
Ulises: Lo que ocurre, Marce, es que no eres más que una estúpida que no se ha dado cuenta de que tu novio y yo tenemos una relación. Eso es lo que pasa.
Marcela se sorprende al oírlo y mira a Federico como buscando que él lo confirme o lo desmienta.
Federico: Marcela, escúchame…
Él intenta acercarse, pero ella echa un paso hacia atrás con evidente seriedad.
Marcela: ¿Es verdad?
Ulises: ¿No me crees?
Marcela: Ulises, yo siempre he sabido que no te caigo del todo bien, pero esto ya me parece muy pasado de tu parte.
Ulises: Yo no me gano nada con mentirte. Tu novio es gay y lleva acostándose conmigo desde hace mucho, casi el mismo tiempo que tienen ustedes juntos.
Marcela niega con la cabeza, notablemente contrariada.
Federico: (furioso) ¡Lárgate ya!
Federico toma con brusquedad al joven para sacarlo del apartamento.
Ulises: (soltándose) ¡No me toques!
Federico: Lárgate, Ulises. Vete antes de que te parta la cara.
Ulises: ¡Hazlo! Te quiero ver. Quiero ver que te atrevas. Es lo único que te falta, que a parte de ser un gay reprimido que usa a una mujer de tapadera, me pegues. Atrévete.
Marcela: ¡Ya basta, por favor!
Federico voltea a ver a su prometida, quien se llena de decepción.
Federico: Marcela, yo te juro que esto no es lo que crees, amor. Te lo juro.
Marcela: No quiero explicaciones.
Federico: Es que esto para nada es como lo está pintando tu primo que desde siempre te ha tenido envidia. Tienes que creerme.
Ulises: (furioso) Desgraciado, mentiroso…
Marcela: (dolida) Ya no sigas tratando de verme la cara de estúpida, Federico. Esto que me hiciste es una bajeza.
Federico: Intenta darme el beneficio de la duda, por favor. Yo te lo puedo aclarar todo.
Marcela: ¿Y qué me vas a explicar? ¿Que todo este tiempo me engañaste, que me propusiste matrimonio y que a dos meses de casarnos me doy cuenta de que eres gay? ¿Por qué mentirme así? (Pregunta muy indignada)
Ulises: ¿Te dolió en el orgullo que tu novio no fuera tan hombre como pensabas?
Federico lo agarra de la camisa con violencia, con ganas de golpearlo.
Marcela: ¡Suéltalo!
Federico duda, respira agitado, a punto de darle un puño.
Marcela: ¡Que lo sueltes, Federico! ¡Ya fue suficiente! Con golpes no vas a arreglar nada y no me hagas pensar peor de ti.
Federico lo suelta de mala gana, empujándolo.
Marcela: Y en cuanto a ti, Ulises, tú tampoco te quedas atrás. Se supone que somos familia. ¿Cómo me haces una cosa de estas?
Ulises: Tú no eres nada mío. Te recuerdo que eres adoptada, no tenemos ni la misma sangre.
Marcela: Sí, en eso tienes razón. ¿Y te digo una cosa? Hasta en parte me da un fresquito que no lo seamos porque jamás en la vida me gustaría parecerme a ti. Federico podrá estar reprimido, pero tú tampoco te quedas atrás. Los dos son tal para cual.
Ulises: ¿Tú qué sabes?
Marcela: Mucho y hasta en parte me das lástima. Te compadezco por haber caído tan bajo como para meterte en mi relación.
Ulises: O sea, la culpa de que te agarren de tapadera es mía. ¿Es lo que quieres decir? No seas descarada.
Marcela: Reconócelo. Reconoce que lo hiciste solo para dañarme. Me odias, te caigo mal sin razón y esto fue la gota que colmó el vaso, pero tranquilo. Quédense los dos juntos, a mí me da igual y hasta les agradezco por abrirme los ojos.
Marcela se quita el anillo de compromiso.
Marcela: No te quiero volver a ver, Federico y espero que no vuelvas a engañar a nadie de esta forma tan asquerosa. Mejor vive tu vida y tu sexualidad sin dañar a otra persona.
Marcela le lanza el anillo con rabia y se va del apartamento.
Federico: ¡Marcela! ¡Marcela, amor!
Federico intenta salir tras ella. Ulises lo detiene, jalándolo de un brazo.
Ulises: Ten un poquito de dignidad y deja de arrastrarte por esa.
Federico: (soltándose) El que tiene que tener dignidad eres tú que todavía te sigues arrastrando por mí.
Ulises: Yo te quiero, es muy diferente.
Federico: (furioso) Entiende, Ulises. Lo de nosotros era sexo y yo nunca, nunca te di alas de nada. Tú confundiste las cosas y ahora te quiero bien lejos.
Ulises: Fede…
Federico: Marcela es la mujer de mi vida porque por si no te quedó claro, yo no soy gay. Yo a ella la amo y no pienso perderla por tu culpa.
Ulises: ¿Y qué hay de todas esas veces que me tratabas bien? Todas esas veces que pasamos juntos, que salíamos a comer, que nos reíamos y nos quedábamos chateando hasta tarde. ¿Todo eso qué?
Federico: Tú ya tienes edad para entender, no te hagas el inocente. No te lo tengo que decir.
Ulises derrama un par de lágrimas discretas.
Ulises: Claro, me querías endulzar el oído nada más para acostarte conmigo, ¿no? Y yo como un iluso pensando que iba a ser diferente. Eres un maldito, un maldito cerdo.
Federico respira hondo, se pone las manos en la cintura y le señala la puerta.
Federico: Vete. No me vuelvas a buscar. No me llames. No te me vuelvas a aparecer en la vida porque a la próxima no respondo.
Ulises lo mira herido, con rabia, intentando contener el llanto.
Ulises: Te voy a ver buscándome otra vez.
Ulises sale del apartamento y da un portazo. Federico se tumba en el sofá y se pone las manos detrás del cuello, impotente después de la situación que acaba de vivir.
RÍO DE JANEIRO, BRASIL
INT. HOSPITAL/SALA DE ESPERA – NOCHE
Diego se encuentra ansioso, de pie, esperando noticias de su hermano que ha sido ingresado a urgencias. Francisco llega en ese instante.
Francisco: Diego, muchacho…
Diego: (sollozo) Seu Francisco…
Diego no tarda en abrazarlo fuertemente. Francisco le corresponde y le da palmadas suaves en la espalda. Pocos segundos después se separan.
Diego: Disculpe por no haber ido al trabajo esta noche cuando hay más pedidos.
Francisco: No se preocupe por eso ahora, mijo. Yo entiendo. Dejé encargados a los demás. Más bien dígame cómo siguió su hermano. ¿Qué le han dicho?
Diego: Todavía no dijeron nada pra mim. Eu estou com medo, seu Francisco. Não quero que mi hermano morra por mi culpa.
Francisco: Claro que no, no piense eso. Él ya venía enfermo del corazón y eso iba a pasar en cualquier momento.
Diego: É que eu discuti com ele (Es que discutí con él). Me enteré de que le prometió a dona Ginevra que me iba para la cama con ella a cambio de dinero y le reclamé.
Francisco: (sorprendido) Nossa, como dicen ustedes. Ya decía yo que no era normal que siempre se encaprichara con que usted le llevara los pedidos.
Diego: A dona Ginevra estava muito irritada. Tengo que devolver ese dinero o nos puede denunciar.
Francisco: Por ahora no se preocupe. Yo no creo que la señora esa vaya a la policía por semejante bobada. Encárguese mejor de su hermano que lo necesita.
Un doctor se acerca a ellos, hojeando una planilla. Francisco se da cuenta.
Francisco: Mire, yo creo que ahí ya nos van a dar noticias.
Diego se gira, preocupado.
Doctor: Boa noite.
Diego: Boa noite, doutor. Como está o meu irmão?
Doctor: Como que é o nome dele? (¿Cómo es su nombre?)
Diego: Thiago… Thiago Moreira Santos.
Doctor: Ah, sim. Então…
El doctor respira hondo antes de hablar, con algo de seriedad.Doctor: O quadro dele é delicado. Imagino que você já saiba que ele tem uma malformação cardíaca que se agravou (El cuadro de él es delicado. Imagino que usted sabe que él tiene una malformación cardiaca que se agravó).
Diego: (desconcertado) Como assim que agravou?
Doctor: O seu irmão vai precisar de tratamento prolongado e uma cirurgia cardíaca.
Diego: Cirurgia?
Doctor: Sim e é urgente. O procedimento é complexo e caro. A cirurgia é possível pelo SUS, mas o processo de transferência pode levar tempo (Sí y es urgente. El procedimiento es complejo y caro. La cirugía es posible por SUS, pero el proceso de transferencia puede llevar tiempo)
(SUS: Sistema Único de Saúde, salud pública y gratuita de Brasil)
Diego: Quanto tempo pode levar a transferência pra um hospital público? (¿Cuánto tiempo puede llevar la transferencia a un hospital público?)
Doctor: Não posso garantir. Pode ser rápido, mas também pode levar semanas. No caso do Thiago, ele não pode esperar muito tempo (No puedo decirlo. Puede ser rápido, pero también puede llevar semanas. En el caso de Thiago, él no puede esperar mucho tiempo).
Diego se frota la mano en la frente, desesperado.
Diego: E seu obter o dinheiro da cirurgia, ele vai ficar bem? (Y si obtengo el dinero de la cirugía, ¿él va a estar bien?)
Doctor: Se a cirurgia for feita a tempo, as chances são boas, mas precisamos agir rápido (Si la cirugía es hecha a tiempo, las chances son buenas, pero necesitamos actuar rápido).
Diego se queda sumamente frustrado al escucharlo. Más tarde, se le ve observando de lejos a Thiago, quien reposa en una de las camas de la sala de urgencias, durmiendo. Diego siente un nudo en la garganta al verlo frágil y solloza. Francisco se acerca y le pone una mano en el hombro.
Francisco: Diego, los dos sabemos que una operación en este hospital es costosa y ya escuchamos al médico. Conseguir un turno en un hospital público se puede demorar.
Diego: (limpiándose los ojos) Eu vou conseguir esse dinheiro. Não importa como. Eu prometo.
Francisco: ¿Y de dónde lo va a sacar?
Diego: Vou trabalhar mais turno na pizzaria, consigo outro trabalho, qualquer coisa. Não vou dejar mi hermano morrer.
Francisco suelta un suspiro y niega con la cabeza.
Francisco: Yo me temo que eso no va a ser suficiente, mijo. Estamos cortos de tiempo.
Diego se desespera y mira al hombre con lágrimas en los ojos.
Diego: Então, o que eu faço? (Entonces ¿qué hago?) Tengo que salvar a mi hermano, seu Francisco. Él es la única persona que tengo en el mundo.
Francisco: (con seriedad) ¿Qué hay de su papá?
Diego frunce el ceño al escucharlo y se voltea, con molestia.
Diego: Eu não tenho pai (No tengo padre).
Francisco: Yo sé que usted está resentido con él porque abandonó a su mamá embarazada. Incluso ella vivió mucho años resentida también con él, pero fue muy clara con algo que ella me dijo cuando se enfermó.
Diego se interesa al oírlo.
Diego: ¿Qué dijo?
Francisco: Que si algún día usted lo necesitaba, no dudara en buscarlo para pedirle ayuda.
Diego: Impossível, seu Francisco. Minha mãe nunca teria falado isso (Mi mamá nunca hubiera dicho eso). Além disso, eu nem sei quem é (Además, no sé quién es).
Francisco: Yo no gano nada con mentir. Larissa era como una hija para mí. Me lo confió cuando ya estaba para morirse, preocupada por dejarlos a ustedes solos. Hasta me dio una carta.
Diego: ¿Una carta para quién?
Francisco: Para usted. Por respeto, yo nunca la abrí y nada más estaba esperando el momento para dársela. Larissa me dejó muy claro que solo se la diera cuando viera que era necesario. La tengo en mi casa, guardada y yo creo que ya llegó el momento.
Diego se sorprende al conocer la existencia de aquella dichosa carta. De nuevo mira con tristeza a Thiago, conectado a suero fisiológico y medicamentos vía intravenosa.
BOGOTÁ, COLOMBIA
INT. AUTO – NOCHE
Ulises, entretanto, conduce su auto notablemente ebrio mientras llora con una expresión amarga en el rostro. Conduce, manipulando el volante con una mano, mientras con la otra, alcanza una botella de alcohol de la cual bebe.
Ulises: ¿Cómo me hiciste esto, Federico? ¿Cómo pudiste ser tan maldito conmigo? ¿Cómo?
Ulises se limpia el alcohol de la boca con el dorso de la mano, respira con rabia y sus ojos se llenan de lágrimas. Maneja sin claridad, con la visión borrosa debido al efecto del alcohol, tanto así que no se da cuenta de que conduce por una vía en construcción, apenas iluminada.
Ulises: (furioso) Me las vas a pagar. Te juro que me las vas a pagar, maldito miserable de mierda.
Ulises aprieta el volante con fuerza, alcanza la botella colocada en el asiento de copiloto y bebe más. Por causa de la distracción, no ve a un anciano que va cruzando la calle y antes de que pueda reaccionar, termina embistiendo al hombre con un fuerte impacto. El sonido es seco, brutal. El auto se detiene unos metros adelante y el joven se queda inmóvil..
Ulises: No puede ser. ¿Qué hice?
Mira por el retrovisor. El anciano yace en el suelo, inconsciente. Ulises se baja del auto, temblando y se sostiene de la puerta.
Ulises: Mierda, ¿qué hice?
Retrocede, con la cabeza nublada, aterrado.
INT. CASA DE LOS FERRER/HABITACIÓN DE IRENE Y LEONCIO – NOCHE
Irene se encuentra en bata de dormir, desmaquillándose con un algodón frente al espejo. De fondo, se escucha alguien duchándose en el baño. De pronto, su celular puesto en el tocador vibra y ella se apresura a contestar.
Irene: ¿Ulises? (Hay silencio) ¿Aló? (Extrañada) ¿Qué pasa? ¿Por qué no hablas?
Ulises: (off screen) Mamá…
Irene: ¿Qué te ocurre? ¿Dónde estás metido?
EXT. CARRETERA – NOCHE
Ulises observa de lejos al anciano inconsciente y no se atreve a acercarse.
Ulises: (quebrado) Mamá, creo que maté a alguien.
INTERCUT IRENE/ULISES
Irene: (impactada) ¿Cómo así? ¿De qué estás hablando?
Ulises: Venía manejando y se me cruzó un tipo en la carretera. Lo choqué y creo que lo maté. ¡Creo que lo maté, mamá! (Rompe a llorar muy asustado)
Irene, al otro lado de la línea, mira hacia atrás cuidando no ser oída y habla en voz baja.
Irene: ¿Estás seguro de que está muerto?
Ulises: No sé. Está sangrando y no se mueve.
Irene: Dime dónde estás.
Ulises: (mirando a su alrededor) Tampoco sé. Estoy en medio de la nada y no hay nadie por aquí. ¿Qué hago? ¿Qué hago, mamá? (Llorando)
Irene: Por ahora nada. Mándame la ubicación. Voy a ir para allá y no se te ocurra llamar a nadie.
Ulises: Tengo que llamar una ambulancia por lo menos, a ver si lo pueden reanimar o salvar, no sé…
Irene: Ni se te ocurra, Ulises. Escúchame bien. Quédate ahí, dentro del carro y estaciónalo a un lado de la carretera. No hagas nada mientras llego. ¿Entendido?
Ulises: Pero…
Irene: (con firmeza) ¡Pero nada! Hazme caso. Voy a salir de inmediato antes de que tu papá salga del baño. Espérame allá.
Irene cuelga el celular y manda rápidamente un mensaje.
“Prepara el carro. Tenemos que salir de urgencia”.
INT. CASA DE LOS FERRER/HABITACIÓN DE MARCELA – NOCHE
Marcela, por su parte, se encierra en su habitación, sollozando. Tira el bolso a la cama y se sienta, pasándose la mano por la cabellera. Luego se quita los zapatos y los deja caer con cuidado, sin ánimos. Nota que su celular vibra insistentemente dentro de su bolso, por lo que lo saca. Federico es quien la llama, pero ella ignora la llamada.
Marcela: ¿Cómo me fuiste a hacer una cosa así, Fede? Con mi primo, justo con él…
Marcela no puede evitar que se le forme un nudo en la garganta.
Marcela: No voy a llorar por esto. No vale la pena.
Ella se inclina hacia adelante, pone los codos sobre las rodillas y respira hondo, intentando recomponerse, aunque al final derrama un par de lágrimas.
Marcela: Federico no se lo merece. Él no se merece que derrame una sola lágrima por él (Limpia sus ojos con rabia). Fue mejor así. Lo único por lo que debo preocuparme ahora es por mi trabajo, que se sientan orgullosa de mí. No les puedo dar el gusto a la tía Irene y a Ulises de verme fracasada.
Marcela endurece un poco la mirada y contiene su llanto. Luego, toma su celular y bloquea a Federico de todas sus redes sociales, además de borrar las fotos que se tomó con él. Pese a que duda, elimina todo.
RÍO DE JANEIRO, BRASIL
INT. HOSPITAL/CAPILLA – NOCHE
Es más de medianoche. Diego se encuentra arrodillado, a solas en la oscuridad de la capilla, apenas iluminada con velas. Posa los ojos en un cuadro con la imagen de Nossa Senhora Aparecida, una querida advocación mariana de origen brasileño.
Diego reza, sollozando, con las manos entrelazadas.
Diego: Minha Nossa Senhora, cuida do Thiago. Roga a Deus por meu irmão, por favor e me ajuda a tomar a decisão certa. Eu não sei o que fazer… (Señora nuestra, cuida de Thiago. Ruega a Dios por mi hermano, por favor y ayúdame a tomar la decisión correcta. No sé qué hacer)
Diego siente que se le quiebra la voz.
Diego: Se eu tiver que sacrificar alguma coisa, que seja comigo (Si tengo que sacrificar alguna cosa, que sea conmigo).
Francisco aparece con discreción, sosteniendo un papel y le pone la mano en el hombro.
Francisco: Diego, mijo…
Diego se limpia los ojos y se santigua con devoción para luego ponerse de pie.
Diego: Pensei que se había ido, seu Francisco.
Francisco: Fui rápido a mi casa a buscar la carta que le dije. Me parece mejor que la lea cuanto antes.
Francisco le da el papel envejecido. Diego lo desdobla.
Diego: Es la letra da minha mãe.
Francisco: Ella la escribió unos días antes de fallecer. Léala de una vez.
Francisco le da un par de palmadas suaves en el hombro.
Francisco: Voy a estar en la sala de espera por si algo.
Francisco lo deja y sale de la capilla. Diego se sienta de nuevo en una de las bancas y comienza a leer.
Larissa: (voz en off) Diego, meu filho… De seguro si estás leyendo esta carta es porque ya no estoy contigo. Te la escribo en español que es un idioma al que le tengo tanto cariño; un idioma que siempre te enseñé con mucho esmero y nunca te conté el porqué. No fue solo porque trabajé como profesora de español, sino porque detrás había una historia; una historia que me causaba mucho dolor y que nunca fui capaz de contarte; una historia que empezó contigo, meu filho. Cuando me dijeron que estaba embarazada de ti, me llené de amor y de felicidad…
Diego se conmueve y no puede evitar que le escurran lágrimas de los ojos.
Larissa: (voz en off) Tú siempre fuiste mi regalo del cielo, mi primer hijo, mi luz en los días más difíciles y el recuerdo de que sí se puede amar mucho a una persona, a tu papá en mi caso. Lo amé como nunca amé a nadie, aunque se fue a su país y nunca volvió, yo siempre lo tuve muy presente, eso a pesar de que luego me casé con tu padrastro y tuvimos a Thiago…
Diego frunce un poco el ceño al leer dicha parte.
Larissa: (voz en off) Es por eso que te pido que no le guardes rencor. Tal vez la vida no nos permitió estar juntos, pero lo que sentí por él fue real y aunque sabía dónde buscarlo, preferí no hacerlo…
CORTE A:
INT. CASA DE LOS FERRER/ESTUDIO – NOCHE
Leoncio mira pensativo a través del ventanal mientras sostiene una copa de vino.
Larissa: (voz en off) Él ya tenía una vida y yo llegué tarde a esa vida. No tenía derecho, pero tú eres su hijo. Cuando no esté, cuando más lo necesites, búscalo. Es colombiano y se llama Leoncio Ferrer. La familia de él es dueña de una aseguradora con el mismo apellido.
Leoncio bebe un sorbo y traga despacio.
Larissa: (voz en off) Leoncio no sabe de ti. Mucho tiempo me pregunté si fui egoísta por no haberte dado la oportunidad de crecer con un padre y aunque para cuando leas esto ya no esté, te pido de corazón que me perdones; que lo perdones a él.
CORTE A:
INT. HOSPITAL/CAPILLA – NOCHE
Larissa: (voz en off) Nunca olvides que te amo, Diego. Te amo mucho, meu filho…
Diego: (terminando de leer) Dios te bendiga siempre.
Diego se pone la carta en el pecho, con un nudo en la garganta y varios sentimientos encontrados. Mira de nuevo la imagen de la Virgen como buscando respuestas y se queda pensativo.
BOGOTÁ, COLOMBIA
INT. CASA DE LOS FERRER/ESTUDIO – NOCHE
Pascual entra, en bata de dormir.
Pascual: ¿Todavía despierto?
Leoncio se gira para ver a su padre, aunque después continúa viendo a través del ventanal.
Leoncio: No podía dormir. Irene salió y me sentí solo, así que vine a relajarme un rato.
Pascual: (sorprendido) ¿Como que salió? ¿A esta hora?
Leoncio: Me imagino que le surgió algo importante mientras me estaba bañando.
Pascual: Y tú aquí, tan tranquilo, dejas salir a tu mujer a la medianoche, así como si nada.
Leoncio: Me da igual, papá. Irene y yo dejamos de ser un matrimonio desde hace mucho.
Pascual: Déjate de babosadas.
Leoncio deja la copa a un lado y se gira para mirarlo a la cara.
Leoncio: (serio) Es la verdad. Lo de Irene y yo nunca fue un matrimonio, sino un acuerdo.
Pascual: Fue la mejor decisión.
Leoncio: ¿La mejor para quién? El más interesado en ese matrimonio siempre fuiste tú para hacer crecer el capital de la aseguradora gracias a la familia de ella.
Pascual guarda silencio, aunque mirando de forma implacable a su hijo.
Leoncio: Y en cuanto a mí, me casé, sí, pero bien sabes que yo ya estaba enamorado de otra persona.
Pascual: No vuelvas con eso, Leoncio. Esa mujer, la brasileña esa, no era para ti y lo que haya pasado con ella fue un error.
Leoncio: (con firmeza) No fue un error.
Pascual: Ella no tenía nada que ofrecer a diferencia de Irene. Tu futuro era aquí y ahora, gracias a eso, es que tienes una familia, un apellido. No lo ensucies recordando estupideces que no valen la pena y a ver si mejor te ocupes de tu esposa y de tu hijo que no sirve para nada.
Leoncio: No hables así de mi hijo.
Pascual: Es la verdad. No tuviste el temple de criar a ese muchacho bien. Hasta maricón salió y se maquilla como una mujer. No hace más que avergonzar mi apellido por ahí.
Pascual se acerca con un tono imponente.
Pascual: Y óyeme bien. No voy a aceptar otro divorcio más en esta familia. Guillermo, por lo menos, tuvo más pantalones que tú y se esforzó por la aseguradora. No por nada lo nombré presidente cuando me retiré y respeté su decisión de divorciarse de Cristina, que al fin y al cabo es una buena para nada. Tú, en cambio, evítame otra decepción.
Pascual se retira, apoyándose de su bastón. Leoncio se queda viéndolo con recelo y termina de beberse el vino de su copa.
INT. AUTO – NOCHE
Ha comenzado a llover. Irene va sentada en el asiento de copiloto. Rómulo es quien conduce y lo hace lentamente. Irene mira para todos lados.
Irene: ¿Dónde está? No lo veo por ninguna parte y con esta lluvia, peor. ¿Estás seguro de que esta es la ubicación?
Rómulo: Sí, señora. Creo que ya lo vi. Por allá está el carro.
Irene: (aliviada) Menos mal. Dile que venga y tú encárgate del resto como te indiqué.
Ulises, en efecto, se encuentra a unos metros dentro de su auto, muy nervioso. Rómulo se baja en medio de la lluvia y observa la escena del accidente. El anciano todavía yace inconsciente en la vía. Rómulo se acerca al auto y le toca la ventanilla. Ulises se asusta, pero reconoce al hombre y abre la puerta del vehículo.
Ulises: (confundido) Rómulo. ¿Dónde está mi mamá?
Rómulo: Vine con ella en el carro y lo está esperando.
Ulises ve el auto de su madre más atrás.
Ulises: ¿Y el tipo que atropellé?
Rómulo: Yo me encargo de arreglar aquí, no se preocupe. Usted váyase y súbase al carro, joven.
Ulises no dice nada, aunque expresa confusión. Sale de su auto y luego entra empapado al de Irene, quien ahora se encuentra sentada en el asiento de piloto.
Ulises: Mamá…
Irene: (muy seria) No me digas nada. Luego hablamos.
Irene arranca el vehículo y se van. Rómulo, por su parte, se acerca al anciano y le toma el pulso. Luego, se incorpora, saca su celular y marca rápidamente un número.
Rómulo: Buenas noches. Llamo por una emergencia. Hay un hombre herido en la obra de la 72 (Pausa). Sí, repito. Parece que lo atropellaron y está sangrando. Vengan rápido. Lo veo mal.
Rómulo se queda viendo al anciano. Revisa con cuidado que a los lados no haya nadie y que tampoco haya cámaras.
RÍO DE JANEIRO, BRASIL
INT. CASA DE DIEGO Y THIAGO – DÍA
Ha amanecido. Diego se encuentra terminando de empacar. Mete un par de camisas dobladas en una mochila y la cierra. Francisco llega en ese instante con un sobre en las manos.
Francisco: ¿Todo listo?
Diego se gira a verlo y asiente.
Diego: Tudo listo, seu Francisco. No voy a llevar muita coisa. Voy a buscar a esse cara, Leoncio Ferrer, só para pedirle um empréstimo para la cirugía do Thiago e volto pra cá.
Francisco: Yo pasé por mi casa antes de venir a despedirme y le traje esto.
Francisco le entrega el sobre. Diego se sorprende al ver que contiene un grueso fajo de billetes.
Diego: Pero usted ya me prestó el dinero del tiquete de avión.
Francisco: Se lo regalé, muchacho. Nada de préstamos. No me lo tiene que pagar y esto que le estoy dando aquí tampoco.
Diego: É muito dinheiro…
Francisco: Lo va a necesitar para cuando aterrice en Bogotá. No puede llegar con las manos vacías, mijo. Va a necesitar plata como le decimos al dinero allá, ya sea para comerse algo o para pagar un hotel mientras.
Diego asiente de nuevo, conmovido y abraza al anciano. Francisco le corresponde el gesto con una sonrisa.
Diego: Muito obrigado. Usted sí que es como un padre pra mim.
Thiago llega en ese instante y los interrumpe.
Thiago: Já chegou o taxi.
Diego se aparta y toma la mochila, aunque antes de salir se queda viendo a su hermano, al que le pone una mano en el hombro.
Diego: Já tô indo. Não vou demorar (Ya me voy. No me voy a demorar).
Thiago: E se não encontrar esse cara, seu suposto pai? (¿Y si no encuentras a ese tipo, a tu supuesto padre?)
Diego: Eu vou encontrar ele e vou voltar. Eu prometo (Voy a encontrarlo y voy a volver. Te lo prometo).
Diego lo abraza. Thiago duda en corresponderle, pero termina haciéndolo de mala gana. Francisco mira con seriedad. Luego de unos segundos, ambos se desprenden del abrazo.
Diego: Se cuida.
Diego sale de la casa y sube al taxi que esperaba en la calle, con dirección al aeropuerto. Desde la puerta, Thiago y Francisco lo ven irse.
Francisco: Su hermano está cruzando un país por usted, un país que ni conoce.
Thiago: Yo no le pedí que se fuera.
Francisco: Pero lo hizo por el amor que le tiene y eso es algo que hay que valorar.
Thiago: Não preciso que usted me diga qué hacer.
Francisco: Tal vez no, pero sí necesita aprender a ser más agradecido y ver todo lo que su hermano hace para que usted esté bien. Ahí se lo dejo para que reflexione, muchacho.
Diego, desde el taxi, sentado en los asientos traseros le sonríe a Thiago, quien solo lo mira con seriedad. Pronto, el taxi arranca. Francisco se despide de Diego, voleando la mano. Thiago entra a la casa, sin dar mucha importancia.
INT. AEROPUERTO INTERNACIONAL DE GALEÃO – DÍA
Más tarde, Diego llega al aeropuerto internacional más grande de Río de Janeiro. Hay centenas de pasajeros que vienen y van, bullicio por doquier. El joven solo mira perdido y se acerca a un guarda.
Diego: Desculpe. É a primeira vez que viajo. Onde compro um bilhete?
El guarda le señala, indicándole al fondo.
Diego: (sonriendo) Obrigado, viu.
Diego se dirige a las taquillas y compra el tiquete. Luego, se le ve pasando por los protocolos de seguridad, pone la mochila en una cinta transportadora, se quita el cinturón, imitando a otros pasajeros, y pasa por el sensor con algo de torpeza. Después, se para frente a la puerta de embarque. Hay un ventanal a través del cual se observan los aviones.
Voz femenina de los altavoces: Atenção, passageiros com destino a Bogotá, favor dirigir-se ao portão de embarque.
Diego respira hondo y presiona el tiquete. Está nervioso.
Diego: Eu vou voltar assim que encontrar o meu pai. Eu vou salvar o Thiago.
Diego respira hondo, se da la bendición, entrega el boleto a la persona encargada y cruza el túnel que conecta con el avión, dispuesto a emprender un viaje inesperado.
BOGOTÁ, COLOMBIA
INT. CASA DE LOS FERRER/COMEDOR – DÍA
Casi toda la familia desayuna en el comedor, iluminado por la luz clara de la mañana. Marcela pasa, vistiendo de forma sofisticada, con elegancia moderna y juvenil.
Marcela: Buenos días, familia.
Guillermo: Buenos días, hija.
Marcela besa en la mejilla a su papá y luego a su abuelo.
Pascual: Buenos días, mijita. Está preciosa, hecha toda una princesa.
Marcela sonríe sin muchos ánimos.
Marcela: Gracias, abue.
Leoncio: ¿No vas a desayunar, Marcela?
Marcela: No, tío. Nada más pasé a saludarlos. Tengo que ir al aeropuerto a recibir los inversionistas brasileños.
Leoncio: Cierto, aunque yo te dije que me hacía cargo e insististe en ir tú sola.
Marcela: Prefiero que me conozcan ahora que soy la gerente comercial de la aseguradora y de paso les doy la bienvenida al país de primera mano.
Guillermo: Por eso mismo deberías comerte algo. Las negociaciones no se hacen con el estómago vacío.
Irene interviene, removiendo su café con lentitud calculada.
Irene: Trabajar a veces implica sacrificios. Dicen por ahí que hay que saber ponerse la camiseta por la empresa y quien no esté dispuesto, es porque simple y sencillamente no da la talla.
Marcela se incomoda un poco con el comentario y sonríe de forma forzada.
Marcela: La tía tiene razón. Luego me como algo. ¿Y Ulises? ¿No baja? (Pregunta con cierto interés).
Irene: No se siente bien. Está en su habitación.
Pascual suelta una risa seca.
Pascual: Pues a ese muchacho no le vendría mal salir de su burbuja. Así nunca se va a ganar un lugar en la empresa siendo un inútil. Debería de aprenderle a Marcela.
Irene: Ulises no es ningún inútil, don Pascual. Por favor, no se refiera así a mi hijo y evite comparaciones tan odiosas. Es un muchacho muy inteligente y muy capaz.
Pascual: Entonces que lo demuestre (Despliega un periódico y empieza a leer).
Leoncio observa, pero no interviene. Guillermo toma un sorbo de café, incómodo, en silencio.
Irene: (muy seria) No se preocupe. Tenga paciencia. Ulises va a cerrar muchas bocas muy pronto. Eso se lo aseguro.
Pascual: Amanecerá y veremos.
Marcela rompe la tensión.
Marcela: Bueno, si me disculpan, me voy que no quiero llegar tarde al aeropuerto y quedé de recibirlos a eso de las dos.
Guillermo: Cuídate mucho, hija. Nos vemos más tarde.
Marcela: Dale, papi. Chao.
Marcela se retira del comedor, dejando sumida a su familia en un silencio incómodo mientras siguen desayunando.
RÍO DE JANEIRO, BRASIL
INT. PIZZERÍA – DÍA
Francisco atiende unos clientes, usando su delantal.
Francisco: A pizza de vocês vão estar pronta em quinze minutos. Obrigado pelo aguardo (La pizza de ustedes va a estar lista en quince minutos. Gracias por la espera).
Ginevra llega en ese instante a la pizzería, vestida llamativamente, usando lentes de sol oscuros y bolso de marca. Camina como si pisara una alfombra roja.
Ginevra: Buenas tardes, mis niños (Se quita los lentes de sol con pedancia). ¿Dónde está el repartidor ladrón estrella de esta pizzería? Llámenlo que necesito verlo ahora mismo.
Francisco se incomoda al verla y los clientes se desconciertan.
Ginevra: (gritando) ¡Diego! ¡Diego!
Francisco se le acerca y le habla en voz baja.
Francisco: Doña Ginevra, déjeme que sea yo quien la atienda. ¿Qué se le ofrece?
Ginevra: ¿Que qué se me ofrece? Vengo por el dinero que ese culisucio de su repartidor me robó. ¡Él y su hermano!
Francisco: Diego no es ningún ladrón. Cuide lo que dice.
Ginevra: A mí no me diga que hacer o le arranco ese bigote (Francisco se asusta). Llame a Diego. Dígale que salga de donde esté escondido y que venga a dar la cara.
Francisco: Doña Ginevra… (Suelta un suspiro, resignado) Diego ya no está trabajando aquí.
Ginevra: (aterrada) ¿Cómo? ¿Huyó?
Francisco: Claro que no. Tuve que irse a hacer una cosa importante, pero va a volver y le va a pagar.
Ginevra: (sarcástica) Sí, claro. ¿Qué me va a decir ahora? ¿Que usted nació ayer con esa cara de vela derretida que tiene? (Francisco se sorprende) ¡Quiero mi dinero!
Francisco: Va a estar complicado. Diego ni siquiera está en el país. Entienda.
Ginevra: ¡Oh santo cielo! ¿Fuera del país?
Francisco: Sí, señora.
Ginevra: ¡Ay, me dio! ¡Tengo que llamar a interpol entonces! Fui víctima de un ladrón de cuello blanco. ¡Me dio, me dio!
Francisco: ¿Doña Ginevra, se siente bien?
Ginevra termina desmayándose de forma cómica ante la mirada atónita de los clientes.
Francisco: (asustado) ¡Doña Ginevra!
BOGOTÁ, COLOMBIA
INT. AEROPUERTO EL DORADO/LLEGADAS INTERNACIONALES – DÍA
Es más de la una de la tarde. Diego llega luego de un vuelo sin escala de varias horas. Tiene la mochila colgada en la espalda y se ve perdido, mirando a su alrededor.
Diego: Eita, seite horas de voo e não sabia que fazia tanto frio aqui. Esse aeroporto é enorme (Caramba, siete horas de vuelo y no sabía que hacía tanto frío aquí. Este aeropuerto es enorme).
Marcela está a unos metros. Viene distraída revisando su celular. Diego se gira de pronto y ambos chocan.
Diego: (aturdido y apenado) Desculpa, não vi você.
Justo cuando él ve a la joven, se queda impresionado por ella. Marcela tampoco es indiferente y lo ve sorprendida.
Marcela: No se preocupe. La culpa fue mía.
Ambos no dejan de mirarse con una sonrisa simpática y algo tímida.
CONTINUARÁ…



















Por lo que entiendo, Ulises le dice a su prima que Federico es gay y tiene una relación. Marce es adoptada.
ResponderBorrarSí, aunque según Federico él sí ama a Marcela, aunque estuvo engañándola con Ulises que es su primo. A Ulises no le cae nada bien Marcela, no dudó en meterse con el prometido de ella.
BorrarGracias por tu comentario.