Capítulo 4: Cena familiar

INT. SEGUROS FERRER/OFICINA DE MARCELA – DÍA

Marcela se encuentra en su oficina platicando con Laura, ambas sentadas, pero separadas por el escritorio en medio.

Laura: (sorprendida) ¿Hijo? ¿Me estás diciendo que ese papacito brasileño que llegó es hijo de don Leoncio? 

Marcela: (asintiendo) Tal parece. 

Laura: Ay, no te lo puedo creer, pero ahí es donde una dice que lo guapo se hereda de la familia.

Marcela: ¿Le estás echando el ojo a mi tío?

Laura: Ay. Marce. ¿Para qué tenemos los ojos si no son para ver? Don Leoncio no está nada mal, eh. Es un señor madurito que se conserva bastante bien.

Marcela: (riéndose) Sí eres. 

Laura: Lástima que esté casado con esa bruja de doña Irene.

Marcela suelta una bocanada de aire.

Marcela: Hablando de ella, no sé ni cómo se va a poner cuándo se entere de que a mi tío le salió un hijo así de la nada. Es que si ya de por sí me tiene recelo a mí y me ve como la competencia de Ulises, no me imagino ahora que le salió otra “competencia” al bobazo ese.

Laura: Se ve que no te cae nada bien tu primo. 

Marcela: Más bien son él y la tía los que no me tragan. Yo siempre quise llevarme bien con Ulises, desde que éramos niños, y la tía siempre lo separaba de mí. Yo inclusive alcanzaba a escuchar cuando le decía que no jugara o se juntara conmigo.  

Laura: ¿Y por qué crees que sea eso?

Marcela: Porque ven como menos por ser adoptada. Ulises se atrevió a decírmelo anoche en la cara cuando…

Marcela se detiene al recordar y se pone seria. Laura la mira con curiosidad.

Laura: ¿Cuándo qué?

Marcela se queda en silencio, frunciendo los labios.

Laura: ¿Te pasó algo?

Marcela: (suspirando) Ay, Laura. ¡Nada! Mejor olvídalo. Voy a ponerme a revisar unas cosas aquí.

Laura: Ah, no. Nada de eso, señorita. Usted ya habló así que ahora desembuche. Usted sabe que aquí está este pechito para que le cuente todo. Para eso somos amigas, ¿no? Así que hable. 

Marcela toma un lapicero y empieza a jugar con él entre las manos.

Marcela: Es que terminé con Federico.

Laura: (sorprendida) ¡¿Qué?! ¡Pero si ustedes parecían la pareja perfecta de Instagram!

Marcela sonríe con amargura.

Marcela: Sí, perfecta para las fotos.

Laura: Ay, Marce. ¿Y ahora qué pasó? Si hasta hace unos meses estabas diciendo que Federico era “el indicado” y aceptaste casarte con él. Estaban a dos meses del matrimonio.

Marcela suspira y deja el lapicero sobre el escritorio.

Marcela: Pues eso pensé yo, pero lo encontré anoche en el apartamento con otra persona.

Laura: (negando con la cabeza) Ay, no. Ahí están pintados los hombres. No me digas que los agarraste en plena acción. ¿Quién era esa descarada? 

Marcela: Descarado querrás decir.

Laura: ¿Cómo así? ¿Era travesti?

Marcela: Era Ulises, mi “querido” primo.

Laura: ¿Ulises es travesti?

Marcela: Claro que no, boba. Me refiero a que descubrí que los dos tenían una relación hacía tiempo.

Laura: Ay, esto sí que está bien sacado de novela. Qué horror y no lo digo por lo de que tu primo sea gay, sino porque, pues, tú sabes…

Marcela: Yo lo sé, créeme. Ulises hizo una cosa horrible, pero Federico empató el doble. No solo me ocultó que también es gay, sino que me estaba usando, Lau. Me siento fatal con eso. Me engañó y yo como una estúpida me iba a dizque casar con él.

Laura: (indignada) Me imagino. ¿Qué ganan esos hombres con usarnos a nosotras así? ¿Por qué simplemente no asumen lo que son y ya? 

Marcela: Quizá Ulises tuvo razón.

Laura: ¿Por qué? ¿Qué te dijo?

Marcela: Que Federico solo me tenía de “tapadera”. Muchos hombres no se asumen y les da miedo el qué dirán. Por eso usan a mujeres de esa forma para ocultar su sexualidad y en parte lo entiendo. Todavía estamos en una sociedad muy machista, muy homofóbica. 

Laura: Sí, pero eso no les da derecho a ciertos hombres a engañar a ciertas mujeres de esa forma tan cochina. En todo caso… (Pone su mano sobre la de ella) Lo siento mucho, Marce. Tú no te merecías pasar por una cosa así. Yo estaría hecha un mar de lágrimas.

Marcela: No voy a llorar, Laura. ¿De qué me sirve? Con derramar lágrimas no voy a arreglar nada, además ahora prefiero centrarme en mi trabajo y dar lo mejor de mí. En parte, toda esta situación me convenía.

Laura: ¿Tú crees?

Marcela: Claro. Imagínate yo haber descubierto a Federico cuando estuviera ya casada con él. Hubiera sido mucho peor y ya tuve suficiente con mi mamá y mi papá que nunca se entendieron.

Laura se queda pensativa un momento y luego sonríe con picardía.

Laura: Bueno, pues si el universo te quitó a ese patán, es porque te va a mandar algo mejor venido directamente del extranjero.

Marcela: ¿De qué hablas?

Laura: Del brasileño.

Marcela: (riéndose) Estás loca. Apenas lo conocí en el aeropuerto esta tarde, además viene siendo mi primo de ser cierto que es hijo de mi tío.

Laura: Pero no es primo de sangre y además yo no creo en las casualidades. Mira que ese hombre llegó justo cuando mandaste al otro a freír espárragos. 

Marcela niega con la cabeza, sonriendo.

Marcela: Ahora no me interesan los hombres, Lau, de verdad. Me importa mi profesión, esforzarme, ser la mejor y demostrar que soy capaz, así que ayúdame a escanear estos contratos de venta que debo enviárselos a mi papá. Ya no quiero pensar en bobadas. 

Marcela le pasa unos documentos a su amiga.

Laura: Enseguida te los envío y piensa en lo que te dije. 

Laura se levanta y se retira de la oficina, cerrando la puerta tras sí. Marcela se queda pensativa.


INT. SEGUROS FERRER/OFICINA DE LEONCIO – DÍA

Leoncio acaba de ver, impactado, una foto antigua de Larissa. Diego permanece de pie frente a él, pues le ha confesado que es su hijo.

Leoncio: ¿Esto es verdad? ¿De verdad esta mujer es su mamá?

Diego: Era mi mamá, sí. Murió hace cinco años de cáncer. 

Leoncio siente que algo le golpea el pecho en ese instante y mira con tristeza la foto.

Leoncio: Larissa…

Diego lo mira con rabia contenida.

Diego: Entonces sí recuerda ella. 

Leoncio no sabe qué decir.

Leoncio: Yo no… (Pausa) Discúlpeme, joven, yo…

Leoncio empuña una mano y se la pone en los labios, sin asumir esa información.

Diego: Usted abandonó a mi mamá cuando ella más precisou de usted. 

Leoncio: (dolido) Yo no la abandoné.

Diego: (sollozando) Ah, não? 

Diego ahora saca de su mochila la carta y la pone con fuerza en el escritorio. 

Diego: Mi mamá esperou por usted. Esperou que usted volviese a Brasil y usted nunca apareceu. Ella explicou tudo nessa carta.

Leoncio: Mire, joven…

Diego: ¿Por qué dejó a mi mamá? ¿Por qué dejó ella enamorada de usted y pasando necesidades embarazada? 

Leoncio: Yo no sabía que estaba embarazada.

Diego: (exaltado) Entonces ¿por qué no volvió? Si usted hubiese vuelto, ella no habría tenido la vida que tuvo. Usted ni hace ideia de cuanto ella tuvo que pasar para criarme. 

Leoncio permite que el muchacho hable y saque su resentimiento.

Diego: Por su culpa, ella casou con un tipo que hizo la vida de ella miséravel; un tipo que bebía, que la golpeaba…

Diego no puede evitar que se le salten las lágrimas.

Diego: Yo crecí sin un padre y mi hermano… (Hace una pausa) Mi hermano se enfermó desde niño del corazón. Ella inclusive tuvo dos trabajos para no nos dejar morir de hambre. 

Diego se limpia las lágrimas con rabia.

Diego: Y al final morió sola, enferma y yo no pude hacer nada para salvarla. 

Leoncio suspira, escuchando cada reproche con dolor.

Diego: Usted no hace ideia de cuanto lo odié por años y cuanto lo continúo odiando. Todo hubiera sido muy diferente si usted hubiese voltado. 

Leoncio: Diego. Así te llamas, ¿no? Escucha. Yo sí busqué a Larissa. 

Diego: Mentira.

Leoncio: Te estoy diciendo la verdad, mi verdad. Yo tenía que volver aquí a Colombia por asuntos de negocios y le prometí que iba a regresar, y eso hice. Regresé a Brasil y no la encontré.

Diego: No creo nada.

Leoncio: Yo comprendo el resentimiento que tienes, pero te juro que yo amaba a tu mamá. Larissa fue el amor de mi vida…


FLASHBACK

1997

RÍO DE JANEIRO, BRASIL

EXT. PLAYA – DÍA

Larissa y Leoncio se encuentran sentados en la arena, en traje de baño, observando el atardecer. Ella recuesta su cabeza sobre el hombro de él. Larissa habla con un español fluido, aunque con acento. 

Larissa: Tengo miedo de que no vuelvas.

Leoncio toma el rostro de la mujer con ternura.

Leoncio: Voy a volver. Te lo prometo. Voy a arreglar todo en Colombia y vuelvo por ti.  Tengo también que hablar con mi papá para decirle que no voy a aceptar la presidencia de la aseguradora. 

Larissa: ¿Crees que te entienda? Me contaste que no es un hombre fácil. 

Leoncio: Pues va a tener que entender. 

Larissa baja la mirada insegura. Leoncio besa su frente.

Leoncio: No te voy a fallar. Te amo, mi morenita preciosa.

Larissa: (sonriéndole) Yo a ti.


CORTE A:

BOGOTÁ, COLOMBIA

INT. CASA DE LOS FERRER/ESTUDIO – NOCHE

Leoncio discute acaloradamente con su padre, el cual le propina una brutal bofetada.

Pascual: ¿Te volviste loco? 

Leoncio: (con firmeza) ¡Ya tomé una decisión, papá!

Pascual: ¡Tú no puedes romper ese compromiso! ¡Ese matrimonio con Irene es un acuerdo entre familias! Necesito la inversión de esa gente en la aseguradora. ¿Me quieres arruinar?

Leoncio: Es mi vida, es mi felicidad. Yo amo a Larissa y me voy a ir a vivir con ella a Brasil te guste o no.

Leoncio mira al hombre con rabia y se dirige a la salida.

Pascual: (furioso) ¡Leoncio! ¡Leoncio, no hemos terminado!

Pascual siente una dolorosa punzada en el pecho.

Pascual: Le… Leoncio…

Pascual se desvanece y cae al piso, haciendo un fuerte estruendo. Leoncio voltea a ver y se impacta.

Leoncio: (asustado) ¡Papá!


CORTE A:

INT. HOSPITAL/SALA DE ESPERA – NOCHE

Irene, más joven, llora frente a Leoncio. Este último tiene un mal semblante.

Irene: ¿Cómo me puedes hacer una cosa así? ¡A días de la boda! ¿Qué le voy a decir a mis papás?

Leoncio: Perdóname, Irene, pero yo no te amo. Trata de entender. 

Irene no lo deja terminar y lo cachetea con fuerza. Incluso algunas personas del hospital se dan cuenta de la discusión.

Irene: ¡Eres un miserable, un perro! ¿Para eso te fuiste a ese país, a enredarte con una cualquiera?

Leoncio: Larissa no es ninguna cualquiera.

Irene: Me importa un bledo cómo se llame la brasileña trepadora esa. Mira a tu papá, enfermo, al borde de la muerte por el disgusto que le causaste.

Leoncio: Mi papá va a estar bien. Ya está fuera de peligro y no voy a dejar de mi vivir mi vida por darles gusto a ustedes. Perdóname.

Leoncio se retira. Irene se queda sumamente furiosa y frunce el ceño.


CORTE A:

RÍO DE JANEIRO, BRASIL

EXT. CASA – DÍA

Leoncio habla con una señora a las afueras de una casa humilde ubicada en una favela, al parecer vecina de Larissa.

Vecina: Ah, sim! A Larissa. Ela se mudou faz tempo (Ella se mudó hace tiempo).

Leoncio se queda helado al escucharlo e intenta hablar en un portugués algo torpe. 

Leoncio: Você sabe onde ela foi?

Vecina: Ninguém sabe. Eu sinto muito (Nadie sabe. Lo siento mucho).

Leoncio se queda devastado. Pueden verse varias secuencias de escenas del hombre, buscando y preguntando a otras personas por Larissa en ese mismo barrio, pero todas le responden de forma negativa.

FIN DEL FLASHBACK


Leoncio: Inclusive me quedé un año viviendo allá, un año entero, buscándola, y nadie me supo dar razón.

Diego guarda silencio y baja la mirada al escuchar esa versión de la historia, con los ojos húmedos.

Leoncio: Pregunté en hospitales, en iglesias, en varias favelas, pero nadie sabía dónde estaba tu mamá y al final me rendí…

Leoncio habla muy dolido.

Leoncio: Me imaginé que ella era la que no me había querido esperar y me regresé.

Diego: Minha mãe sempre esperou você. 

Leoncio: Y no lo dudo, pero ella se fue de la casa en la que vivía y no dejó rastro. ¿Qué querías que hiciera? Me supuse que se cansó de esperar porque tuve que quedarme unos meses esperando que mi papá se recuperara.

Diego se limpia un poco la nariz, intentando contener el llanto. Leoncio lo mira con pena.

Leoncio: Yo te juro que de haber sabido que Larissa estaba embarazada, jamás me habría alejado de ustedes, pero la vida, el tiempo, los malentendidos, ¿yo qué sé? Todo se juntó y nos jugó en contra. Ella tampoco hizo el intento de buscarme.

Diego: Ella habló en la carta que no lo buscó porque usted ya tenía una vida.

Leoncio: Entonces la culpa no es solamente mía. Larissa sabía perfectamente dónde me podía encontrar, incluso años después cuando ya había internet. Pudo enviarme un mensaje, una carta…

Diego le da la espalda.

Diego: Mi mamá no quería destruir su vida. Por lo que entendí en la carta, ella estaba consciente de que usted iba a se casar e por isso ella desapareciu.

Leoncio: Lo siento mucho. Tal vez no te sirva de nada tantos años después, pero perdóname.

Diego: Não preciso que pida perdón para mí. 

Diego se vuelve a girar para encararlo.

Diego: Hubiera querido no venir y hacer que nunca leí nada nessa carta, pero vine porque preciso da sua ajuda.

Leoncio escucha con atención.

Diego: Mi hermano está enfermo del corazón y está precisando de una cirugía muy cara… Muy cara para alguien como yo.

Leoncio: Entiendo. Necesitas que te dé dinero.

Diego: No quero que me dé dinheiro. Preciso de um empréstimo. Juro que vou pagar se usted me der el tiempo. Puedo trabalhar aquí ou na sua casa. Hago qualquer trabalho, limpieza, mensajería, lo que sea. Yo pago cada centavo.

Leoncio se queda pensativo.

Diego: Y si cree que estoy mentindo, podemos hacer uma prova de sangre. Por favor, me ajude a salvar a mi hermano, senhor. Si está arrependido ou si amou a mi mamá de verdade, me preste esse dinheiro. 

Padre e hijo se miran con tristeza. 


INT. DESPACHO – DÍA

Guillermo se encuentra sentado, terminando de firmar un documento. Cristina está sentada a su lado y hay un abogado al frente de ambos.

Guillermo: Es tu turno. Firma.

Cristina: ¿De verdad esto es lo que quieres? ¿Tirar nuestro matrimonio por la borda?

Guillermo: Nuestro matrimonio se acabó hace mucho, Cristina. Firma y ya no le demos más larga a esto.

Cristina lo mira con rabia, le arrebata el lapicero y firma el documento. Minutos después, ambos caminan hacia la salida del despacho. Guillermo va más adelante.

Cristina: Estarás contento, ¿no? Por fin te libraste de mi presencia para hacer lo que quieras.

Guillermo se detiene. Cristina lo alcanza y se para frente a él.

Guillermo: ¿Vas a seguir con tus reproches? Te recuerdo que oficialmente ya no estamos casados.

Cristina: Para tu fortuna.

Guillermo: Cristina, esta fue la mejor decisión que pudimos tomar para la paz de los dos. Tú y yo ya no tenemos la edad para estar anclados a un matrimonio sin amor.

Cristina: Pues a mí no me engañas. Yo sé muy bien que me pediste el divorcio por alguien más. No soy estúpida.

Guillermo: Te equivocas. No hay nadie más.

Cristina: A otro perro con ese hueso. No te creo nada y voy a terminar descubriendo quién es esa tipa por la que me dejaste.

Guillermo: (molesto) ¿Ves por qué no te soporto? Tus celos, tus paranoias, tu alcoholismo. Todo eso me hizo darme cuenta de que estás mal.

Cristina: ¿Qué hay de ti? Tú tampoco ayudaste en nada. Es que ni en la cama supiste satisfacerme.

Guillermo sonríe con calma.  

Guillermo: Bueno, pues si eso piensas, búscate otro que sí te haga sentir bien en la cama o a ver si te casas otra vez. Al fin y al cabo, ya estás soltera. Cuídate.

Guillermo se va, caminando a paso rápido.

Cristina: Esto no se va a quedar así, Guillermo. Voy a descubrir qué te traes.

Cristina se queda viéndolo con rabia.


EXT. CASA FERRER – NOCHE

Leoncio llega en su auto. Diego lo acompaña, sentado en el asiento de copiloto.

Leoncio: Llegamos. Bienvenido. 

Diego se retira el cinturón y se baja. Leoncio también y le da las llaves a un mayordomo para que guarde el vehículo. Diego observa deslumbrado la opulencia de la casa.

Diego: Es una casa muy bonita. Nada a ver con la favela donde vivo con mi hermano.

Leoncio: No toda la ciudad es así. Bogotá es una ciudad muy desigual, igual que muchas otras en el mundo. Río también tiene zonas de mucho dinero. 

Diego: Sí, Ipanema o Leblon, por exemplo. 

Leoncio: Ipanema fue donde viví precisamente mientras buscaba a tu mamá. Recuerdo que alquilé un apartamento con vista a unas playas preciosas. 

Diego: Yo suelo entregar muchas pizzas por allá. Casi todos los clientes viven en bairros muito caros. 

Leoncio se queda pensativo unos segundos.

Leoncio: Has trabajo mucho, ¿no?

Diego: Es la vida que me tocó, señor. 

Leoncio: Espero que eso cambie. En fin, pasemos. Te voy a presentar con la familia.

Diego: ¿Qué hay de la prova de sangre? 

Leoncio: Luego vemos. Por ahora me interesa que te conozcan y que sepan que eres mi hijo.

Diego: ¿No piensa que es muy rápido? ¿Qué va a decir a su esposa?

Leoncio: No me importa lo que vayan a decir, Diego. Verte hoy me removió muchas cosas y tengo muchos sentimientos encontrados, eso no te lo voy a negar, pero una de las cosas que siento es mucha alegría por saber que eres mi hijo.

Diego: Todavía no tiene la certeza.

Leoncio: Pero yo te creo. Tienes unos ojos muy parecidos a los de tu mamá y algo me dice que todo lo que me dijiste es verdad. 

Diego: Gracias por la sua confianza.

Leoncio le sonríe y le pone la mano en el hombro.

Leoncio: Entremos. 

Es así cómo ambos se dirigen a la entrada de la casa.


INT. CASA DE LOS FERRER/COMEDOR – NOCHE

Toda la familia se encuentra reunida alrededor de la imponente mesa de cristal. Pascual es quien preside. Irene se inclina ligeramente hacia Ulises.

Irene: (susurrando) Espero que te comportes. 

Ulises: Ni que fuera un niño. No me lo tienes que advertir.

Irene: Pues a veces te comportas a veces como si lo fueras.

Pascual: (impaciente) Yo todavía no entiendo por qué Leoncio insistió tanto en hacer una cena especial si aquí no hay nada que celebrar. 

Ulises y Marcela cruzan miradas de recelo en ese instante, aunque ella intenta evadirlo y toma un poco de vino. 

Guillermo: Yo también me lo pregunto. Leoncio me llamó para pedirme que estuviera temprano.

Irene: Y a mí me llamó para que organizara la cena aprovechando que me quedé en la casa hoy. 

Pascual: (a Marcela) ¿Usted no sabe nada, mijita?

Marcela: Sí, abue. Me imagino de qué se trata, pero me parece que es mejor que esperemos a que el tío se los explique.

Pascual: Pues ojalá llegue rápido porque no sé ustedes, pero a mí ya me está dando hambre y me pongo de mal genio si no como.

Irene: (sarcástica) Ni qué lo diga, suegro.

Pascual: Yo no soy el único. Tú también deberías moderar ese mal genio que te cargas a veces. Tienes a Leoncio harto y miren que no quiero un divorcio más en esta familia. 

Guillermo y Marcela se incomodan con el comentario. 

Irene: Puede despreocuparse, don Pascual. Leoncio y yo podremos tener nuestras diferencias, pero eso no quiere decir que nos vayamos a divorciar. 

Guillermo: Así es, papá. Lo mío con Cristina fue diferente. No hace falta que lo traigas a colación.

Pascual: Yo nada más comento, aunque en eso sí te doy la razón. Cristina es bien diferente a Irene. Esa no hacía más que avergonzar esta casa cada vez que llegaba borracha a pelearse contigo. Hasta en casinos la veían apostando. Menos mal se separaron.

Marcela: Yo creo que es bueno que en vez de juzgarla, la ayudemos, abuelo. Mi mamá necesita atención psicológica.

Pascual: Pues ayúdale usted si es que la acepta. Le recuerdo que ella nunca fue buena madre y varias veces dejó entrever que no la veía como hija.

Marcela baja la cabeza, sintiéndose mal por tal comentario. Ulises sonríe con disimulada malicia. 

Guillermo: Papá, ya. Estamos aquí para cenar en familia, no para traer comentarios hirientes que no vienen al caso. 

Marcela: Ahí viene el tío. 

De repente, Leoncio hace aparición en el comedor. Diego permanece detrás de él, nervioso y con timidez.

Leoncio: Buenas noches.

Todos voltean a ver y se extrañan por la presencia del joven.

Pascual: Por fin llegaste. Te estábamos esperando para comer. 

Leoncio mira a los presentes con un semblante serio. Diego permanece un paso detrás, incómodo ante tantas miradas. 

Leoncio: Antes de empezar la cena, necesito decirles algo. Marcela ya está consciente y supongo que no les adelantaste nada.

Marcela: Claro que no, tío. De hecho, les decía que era mejor que usted les dijera en persona.

Irene: ¿Qué pasa? ¿Tan serio es el asunto?

Leoncio: Más que serio, considero que es importante.

Leoncio respira hondo, se hace a un lado y hace un gesto con la mano para presentarles al joven brasileño.

Leoncio: Quiero que conozcan a Diego. 

Ulises lo mira con un particular interés. Pascual frunce el ceño. Irene enarca una ceja, confundida. Guillermo, por su parte, escucha expectante.

Leoncio: Es hijo de Larissa Santos y… por ende, también es hijo mío. 

Un silencio sepulcral se forma en el comedor. Irene se pone rígida. Pascual se inclina hacia adelante, incrédulo. Ulises se ve desconcertado. Diego baja la cabeza.


EXT. CASA DE LAURA E INÉS – NOCHE

Laura recién va llegando a su casa. Nota una fila gigantesca afuera, además de un cierto bullicio de personas.

Laura: (extrañada) ¿Y esto qué contiene? ¿Qué hace toda esta gente aquí?

Laura se pasa toda la fila hasta llegar a la entrada de su casa y se queda sorprendida al ver que su abuela ha montado un puesto improvisado de empanadas, con una mesa, una olla y varias bandejas.

Inés: ¡Empanadas gourmet! ¡Empanadas milagrosas que ayudan a bajar de peso! ¡Vengan, vengan que para todos hay! ¡Ricas, sabrosas! ¡Están como para chuparse los dedos!

Inés aplaude para llamar la atención. Laura se acerca a la mujer, con los ojos bien abiertos de par en par.

Laura: ¿Usted qué se supone que está haciendo, lita?

Inés: Uy, mija. Menos mal que llegó para que me ayude con este voleo de trabajo que tengo. Vaya a la cocina y me trae más servilletas, hágame el favor.

Laura frunce el ceño, confundida. De repente, le llega el turno en la fila a una cliente algo obesa. 

Cliente: ¿De verdad ayudan a bajar de peso estas empanadas, doña Inés?

Inés: ¡Pero claro, mi reina! ¡Empanada fitness! ¡Empanada detox! ¡Alta cocina urbana! Las aprendí a hacer por allá en el extranjero. Vea, cómase una y si no le gusta, no me la paga.

Inés le pasa una empanada envuelta en una servilleta a la cliente. Laura se la arrebata y la cliente se sorprende. Luego, se la come y la mastica para examinarla. 

Laura: (a la cliente) Denos un momentico, señora.

Laura agarra a su abuela del brazo y le susurra en tono de regaño.

Laura: Lita, estas empanadas están muy grasientas. Deje de decirle mentiras a la gente. Esto no les va a ayudar a bajar de peso nada. Los va a engordar peor. 

Inés: Cómo se nota que usted no sabe de cocina. Estas empanadas son benditas.

Laura: (incrédula) ¿Ah, sí? ¿Y cómo se supone que con una empanada grasienta le va a ayudar a la gente a perder peso?

Inés: ¡Muy fácil! Entre más compren, más razones van a tener para ir a quemar calorías al gimnasio o en el nidito de amor (Guiña un ojo).

Laura se escandaliza.

Laura: ¡Ay, abuela! Usted sí no. ¿Sabe qué? Vamos a cerrar ya antes de que la linchen.

Inés: ¿Cómo así si todavía no he terminado de vender todo? 

Laura: Hágame caso. 

Laura suspira, se gira hacia los clientes y alza los brazos para llamar la atención de ellos.

Laura: Bueno, bueno, señores. Ya vamos a cerrar por hoy.

La fila empieza a protestar. 

Laura: Pueden volver otro día. Gracias por la comprensión. ¡Gracias, gracias!

Laura comienza a desmontar el puesto. Inés la mira con los ojos entrecerrados.


INT. CASA DE LAURA E INÉS – NOCHE

Más tarde, ambas se encuentran en la sala. Inés está sentada de forma muy cómoda en el mueble mientras cuenta el dinero que se ganó. Pasa los billetes uno por uno, mojando el dedo con saliva.

Inés: Estuvo bueno este negocio. Me hice más de lo que esperaba. 

Laura: ¿Y a usted le parece muy bonito embaucar a la gente así a punta de engaños?

Inés: Yo no le estoy robando a nadie, mija. Estoy trabajando honradamente. 

Laura: Pero un día de estos la van a linchar por vender cosas que no son y la van a acusar de estafadora.

Inés: Deje de ser exagerada. Yo lo que soy es una emprendedora. La plata está hecha. Hay que saber buscarla y eso estoy haciendo (Sigue contando los billetes). Debería de aprenderme.

Laura: Eso mismo me dijo cuando se puso a vender esas tales pastillas…


FLASHBACK

INT. FARMACIA – DÍA

Inés está vestida con una bata médica e intenta vender un frasco a un grupo de señoras.

Inés: Vea, con una sola píldora de estas se pueden quitar hasta veinte años de encima. Pone la piel como de bebé. Yo las he usado y míreme a mí. Estoy como una quinceañera. 

Una de las señoras toma una de las pastillas, pero al rato, se pone roja y tiene dificultad para respirar. Un alboroto se forma cuando la mujer se desmaya. Inés se queda aterrada.

FIN DEL FLASHBACK


Inés: Ay, eso se me salió de las manos y al final nada grave le pasó a la señora esa. Era una pura alergia que le dio y además las pastillas sí funcionaban.

Laura: Pero de una alergia una persona se puede morir. ¿Y qué me dice cuando le dio por ponerse de guía turística sin saber inglés?


FLASHBACK

EXT. PLAZA DE BOLÍVAR – DÍA

Inés gesticula exageradamente frente a un grupo de turistas confundidos. Usa unos lentes de sol y un sombrero.

Inés: This… iglesia… very antigua… mucho history.

Los turistas se miran entre ellos, completamente perdidos.

FIN DEL FLASHBACK


Inés: Bueno, es que ahí me puse nerviosa y se me olvidaron unas palabritas. Nada del otro mundo. 

Laura: Sí, ¿cómo no? Yo digo lo mismo con el portugués para no quedar mal y justo hoy que llegó un brasileño guapísimo allá a la aseguradora (Se emociona al recordar). Es que si usted lo hubiera visto, lita. Estaba hermoso. Qué suerte la de Marcela.

Inés: ¿Por qué? ¿No que ella estaba comprometida ya? No me diga que se consiguió otro novio (Pregunta con curiosidad).

Laura: Terminaron porque el tipo le puso los cachos con su primo.

Inés: (dándose la bendición) Ay, Virgen Santa. ¡Qué cosas! Pobrecita y tan buena muchacha que es. 

Laura: Sí, pobre de mi amiga, aunque yo le vi mucha química con el brasileño. Para mí que ya se echaron el ojo. Ojalá yo me consiguiera un brasileño así. Es que esos hombres lo tienen todo. 

Inés: Con tal de que tenga platica y nos saque de aquí…

Laura: Ay, abuelita. Usted siempre tan interesada.

Inés: Hay que tener visión, Laurita. Y a todas estas, ¿a qué vino el muchacho ese por aquí? 

Laura: Vino buscando a su papá y a que no adivina quién es.

Inés: ¿Quién? 

Laura: ¡Don Leoncio, mi jefe!

Inés se sorprende.


INT. CASA DE LOS FERRER/COMEDOR – NOCHE

Entretanto, todos los presentes en la mesa se han quedado estupefactos precisamente con esta noticia. 

Pascual: ¿Qué dijiste?

Leoncio: Que este muchacho que ven aquí es mi hijo, papá.

Irene: Dime por favor que estás bromeando, Leoncio.

Leoncio: No es ninguna broma.

Irene: ¿Te volviste loco? ¿Traes a un completo desconocido así de la nada a decirnos que es tu hijo?

Ulises: Mi mamá tiene razón, papá. ¿Ahora resulta que cualquier aparecido puede venir a esta casa a decir que es parte de la familia? ¿Tan ingenuo eres?

Ulises mira a Diego de arriba a abajo con desprecio. Diego se siente mal y se incomoda todavía más.

Ulises: Es que míralo. Es un desharrapado de los pies a la cabeza

Diego: (confundido) ¿Un qué?

Marcela: Deberías callarte, Ulises. Está visto que no tienes la más mínima noción de respeto por nada ni por nadie y solo sirves para despotricar veneno. 

Irene se levanta molesta y le apunta con el dedo a la joven. 

Irene: Tú no le hables a mi hijo así, muchachita.

Marcela también se pone de pie. 

Marcela: Entonces que respete, tía. Usted tampoco se queda atrás. Conmigo usted no hace más que criticarme en cada mínima oportunidad y ya me tienen cansada.

Irene: ¡Já! ¡Lo que faltaba! Sacaste las uñas. 

Guillermo: Marcela, hija. Cálmate.

Marcela: Pues no, papá. Esta vez no me voy a quedar callada. ¿Cómo se les ocurre tratar a una persona recién llegada de esa forma tan despectiva? Ustedes ni lo conocen.

Ulises: ¿Y es que acaso tú sí? 

Marcela: Con verlo me basta para ver que no es ningún mentiroso a diferencia de otros que engañan y traicionan. 

Diego se sorprende al ver cómo la joven lo defiende. Ulises se pone nervioso ante lo que su prima pueda hablar de más. 

Leoncio: Marcela, déjamelo a mí y por favor, les pido a todos que se calmen. 

Diego: Desculpem, mas yo no vine para causar problemas.

Ulises: Pues eso fue lo que hizo. Mire lo que provocó. ¿Por qué no se larga de una vez y se devuelve a su país? 

Leoncio: ¡Basta, Ulises! ¡Te callas! 

Ulises: ¿De verdad vas a creer que este tipo es tu hijo, papá?

Pascual permanece en silencio, frunciendo el ceño y recostando el mentón sobre las manos entrelazadas, con los codos puestos sobre la mesa. 

Irene: Yo opino lo mismo. Esto es inaudito, Leoncio. Cualquier ciego vería que este “joven” vio la oportunidad de aparecerse por aquí con ese cuento barato, típico de tantos estafadores, nada más para sacarte dinero.

Diego: Yo no soy estafador, señora.

Irene: Pues a nosotros no nos consta. ¿Tiene pruebas al menos de lo que está diciendo? ¿Quién nos asegura que esa mujercita no lo mandó a embaucarnos?

Diego: (molesto) Mi madre era una santa e não vou permitir nadie hablar mal de ella.

Pascual interviene, gritando con fuerza y azotando la mesa.

Pascual: ¡Ya fue suficiente! A partir de este momento, no quiero escuchar a nadie más hablando. ¿Entendido? ¡A nadie más! (Dice de forma muy imponente) 

Leoncio: Papá…

Pascual: ¡Tú eres el menos indicado para hablar, Leoncio!

Leoncio: Me tienes que escuchar. Todos me tienen que escuchar. Diego me trajo la foto de Larissa cuando era joven, inclusive una carta escrita por ella. No hay dudas. Este muchacho es hijo mío.

Pascual: Este muchacho puede estar inventando todo. Nada de eso es prueba suficiente.

Diego: Yo no preciso inventar nada. 

Pascual: ¡Usted cállese!

Diego: Desculpe, senhor, pero no es nada mío para me callar. Mi mamá sufrió mucho por culpa del abandono de este señor que apenas ayer descubrí que es mi papá y vine a este país para salvar a mi hermano que está enfermo. Si no, yo nunca habría venido pra cá. 

Irene: (sarcástica) Ahí lo tienen. Quiere plata.

Leoncio: Sí, pero no es lo que están pensando. Diego me pidió prestado para la cirugía de su hermano y yo le voy a prestar. Es lo justo después de lo que pasó entre Larissa y yo.

Guillermo: Leoncio, yo no me quiero meter en tus cosas porque te respeto, pero no podemos negar que esto está muy raro. No le puedes prestar dinero así a un desconocido, hombre.

Leoncio: Gracias, Guillermo, pero no necesito la aprobación de ustedes y solo les quise informar porque él va a vivir en esta casa.

Irene: (indignada) Esto es el colmo. Me niego a una cosa así.

Leoncio: Es una decisión tomada, Irene. 

Pascual: Yo también me opongo. 

Diego: Yo también no me quiero quedar aquí. No debí venir. 

Leoncio: Diego, ya hablamos de esto. Te hice una promesa y vas a trabajar para mí ya que insististe tanto en que te preste lo de la cirugía.

Marcela: ¿Ven? De ser un estafador, no estaría pidiendo trabajo para pagarle al tío el dinero que necesita. Están juzgándolo mal. ¿Por qué simplemente no le dan el beneficio de la duda?

Diego sonríe muy levemente al escucharla.

Guillermo: Bueno, para que estemos más tranquilos, ¿por qué no se hacen una prueba de ADN? Es lo más lógico en un caso así. 

Leoncio: En efecto, la vamos a hacer y ni siquiera porque yo la necesite, sino para confirmar una verdad que a tantos de ustedes les incomoda. De confirmarse que es mi hijo, lo voy a reconocer.

Pascual se pone de pie, toma su bastón y mira fulminante a su hijo mayor.

Pascual: Espero que no te estés equivocando. Haz lo que quieras, pero algo te voy a advertir…

Leoncio mira con seriedad a su imponente padre.

Pascual: Si la tal prueba esa sale negativa, te puedes ir largando no solo de esta casa con tu esposa y con tu hijo, sino de la aseguradora.

Irene: (sorprendida) ¡Suegro!

Leoncio: Que así sea, papá.

Irene: ¿Se volvieron locos? ¡Leoncio, no puedes permitir una cosa así!

Pascual no dice nada más y se retira del comedor sin cenar. Irene se ve indignada.

Irene: (a Leoncio) ¿Ves lo que lograste?

Leoncio: Perdóname, Irene. Tú me conoces y sabes muy bien que cuando tomo una decisión, no hay marcha atrás.

Irene: ¡Es que en buena hora me vine a casar contigo! Debí tener más dignidad cuando te acepté después de que estuviste un año por fuera del país buscando a la brasileña esa y míranos ahora, años después, con un supuesto hijo de ella. ¡Maldita la hora en que la conociste!

Irene también se retira, furiosa, del comedor. Ulises se acerca a Diego, mirándolo con sumo desprecio y una sonrisa burlona mientras se cruza de brazos de forma afeminada.

Ulises: Bien hecho, “sambero”. Te apareciste a poner toda una familia patas arriba. 

Diego lo mira con algo de molestia.

Leoncio: (regañándolo) ¡Ulises!

Ulises: No te preocupes, papá. Yo también me retiro porque a cualquiera se le quita el apetito después de este show con un tipo tan vulgar.

Ulises sale del comedor. Diego cierra los ojos y suspira, impotente, después del momento tan tenso.

Diego: Yo no quería isso. Yo somente precisava do dinheiro pra cirurgía. Não queria pelea.

Leoncio: Tranquilo, Diego. Yo me supuse que esto iba a pasar.

Diego: Entonces ¿para qué me trajo? Yo tengo dinero para pagar un hotel, no preciso de su caridade.

Leoncio: No es ninguna caridad. Esta es tu casa. Tienes todo el derecho de estar aquí.

Diego: Mesmo assim, es mejor que me vaya.

Guillermo se le acerca al joven para darle la mano. 

Guillermo: Diego, ¿no? (Diego asiente) Me llamo Guillermo. Leoncio es mi hermano y a pesar de que esto nos tomó a todos por sorpresa, yo apoyo a mi hermano en todo, así que no te sientas mal. Como te dijo él, siéntete como en casa. No te tienes que ir. 

Marcela: (acercándose) Mi papá tiene razón, Diego. No te sientas mal. Es más, yo propongo que seas mi chofer y mi intérprete para los inversionistas brasileños, ya que estás interesado en trabajar. 

Leoncio: No sería mala idea.

Diego: Muchas gracias por el acogimiento, pero insisto que es mejor yo ir. No quiero hacer un incómodo aquí. 

Marcela: Hagamos algo. ¿Por qué no te sientas, comes algo con nosotros, te tomas un baño y descansas? Luego mañana decides si te quedas. Está muy tarde para que busques un hotel. 

Leoncio: Estoy de acuerdo. No te sientas presionado a quedarte si no quieres, pero al menos quédate esta noche. 

Diego considera la propuesta.

Guillermo: Yo que tú haría caso, muchacho. Conociendo a mi hija, no te va a dejar en paz hasta que aceptes quedarte por hoy. Ella tiene un poder de persuasión increíble. 

Marcela: (riendo) Ay, papá. Tú siempre haciéndome quedar mal. 

Diego: (poco convencido) Está bien. 

Marcela: ¿De verdad te quedas entonces? 

Diego: Nada más por esta noche. Voy me sentir muy incómodo si me quedo más tiempo.

Leoncio: Por lo menos piénsalo. Mañana ya tomas una decisión.

Guillermo: ¿Por qué mejor no nos sentamos a comer? Yo sé que después de la discusión se les va a muchos el apetito, pero al menos es para que no se pierda la comida y es grosero no recibir bien a un invitado. 

Marcela: Sí, papito. Diego debe tener muchísima hambre. Me ayudó bastante con los inversionistas brasileños y ni siquiera lo invité a nada.

Diego: (sonriéndole) Fique tranquila, señorita. Yo lo hice con mucho gusto.

Leoncio: Siendo así, comamos. Tomen asiento. 

Diego duda por un instante. Marcela le pone la mano en el brazo.

Marcela: Ven, Diego. Con confianza. 

Diego le sonríe y accede a sentarse. 


INT. CASA DE LOS FERRER/ESTUDIO – NOCHE

Irene entra al estudio y cierra la puerta con rabia. Pascual aguarda allí, sirviéndose un trago.

Irene: Don Pascual, con todo el respeto, me parece sumamente injusto que mi hijo y yo tengamos que pagar los platos rotos por las estupideces de Leoncio. ¡Es inaceptable!

Pascual: ¿Tú lo sabías?

Irene se desconcierta ante esa pregunta. Ulises se encuentra escuchando detrás de la puerta.

Irene: ¿Perdón?

Pascual se gira para encarar a su nuera. 

Pascual: Cuando tuve ese infarto hace ya casi treinta años, me tomó varios meses recuperarme. Leoncio se quedó un tiempo nada más para no causarme otro disgusto, aunque el muy necio se negó a retomar los planes de la boda contigo y ahí fue cuando te pedí aquello. ¿Sí te acuerdas?

Ulises escucha intrigado.

Pascual: Te pedí que fueras a buscar esa mujer para alejarla de mi hijo y para decirle que ya estaba comprometido, ya que yo no podía por mí mismo, así que dime. ¿Tú sabías que ella estaba embarazada?

Irene guarda silencio, incómoda ante tan contundente pregunta, y evade la mirada seria de su suegro.

Pascual: Respóndeme, Irene. ¿Tú sabías? 

CONTINUARÁ…


Comentarios

  1. Empecé a leer este capítulo. Me ha gustado. Tendría que ver los anteriores para enterarme mejor de la trama. Por lo que he leído Marcela tiene una desilusión con su novio porque lo vio con otro hombre. La amiga (que por cierto me recuerda a la “peliteñida” de Betty la fea cuando dijo Marce) quiere empatar con su primo. Y Diego que necesita dinero para salvar a su hermano. Está bueno lo que he leído. Continuo después. Felicitaciones.

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    1. Acá vimos un poco más del personaje de Laura y de su abuela que van a tener alguna que otra escena cómica también. Me inspiré mucho en esta historia de telenovelas de tragicomedia colombiana, tipo Betty La Fea, En Los Tacones de Eva, El Secretario, Vecinos. Tienen melodrama, pero momentos de risa también.

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