Capítulo 6: Una llegada inesperada
INT. APARTAMENTO DE FEDERICO/HABITACIÓN – DÍA
Ulises termina de vestirse frente al espejo y se abotona una camiseta. Federico yace en la cama, semidesnudo, y alcanza un vapeador para fumar.
Federico: ¿Quieres?
Ulises: Claro que no. Tú sabes que ese olor a nicotina me provoca asco.
Federico suelta una risa al tiempo que expulsa el humo.
Federico: Bobo, este no huele a nada. Tiene sabor frutal. Deberías probar.
Ulises voltea a verlo con seriedad.
Ulises: Y tú deberías dejar ese vicio.
Federico: ¿Por qué? (Lo toma de la mano) Esto y que estemos juntos son lo único que me desestresa. Delante de Marcela no lo puedo hacer porque a ella tampoco le gusta.
Ulises: De ella no me extraña porque es una mojigata, morronga. Yo en cambio te lo digo por tu salud. Dicen que la marihuana es más saludable que esa porquería de cigarrillos electrónicos.
Federico: Déjame a mí con mis vicios. ¿O es que no me quieres así?
Federico lo jala hacia él para robarle un beso.
Ulises: Ay, no. Fede, déjame. Me tengo que ir.
Federico: (abrazándolo) ¿Por qué no te quedas? Podemos pedir algo a domicilio para almorzar o para cenar, vemos una película y te quito esa ropa otra vez.
Ulises se aleja y vuelve a ponerse de pie.
Ulises: Que no puedo. Mi mamá me tiene en la mira y si se entera que estoy acá, me mata.
Federico: (extrañado) ¿Por qué? ¿Le contaste lo de nosotros?
Ulises: (asintiendo) Sí.
Federico cambia la expresión y se pone notablemente molesto.
Ulises: No te pongas así, Fede. Yo estaba asustado después de que la mustia de mi prima nos descubriera y pensé que iba a correr a contarle todo a mi abuelo para que me echara de la casa. Mi mamá siempre sabe qué hacer y por eso le dije lo nuestro.
Federico: Igual me parece que estuvo mal. La cagaste, Ulises. No debiste decirle nada. Desde el principio, tú y yo hemos tenido clarito que esto de nosotros es full discreción. ¿Qué parte de eso no has entendido?
Ulises: No te enojes. Además, yo tampoco pensé que las cosas entre nosotros se iban a arreglar. Perdóname.
Federico: Bueno, pues ya qué. Conociendo a tu mamá, me debe estar detestando y no me imagino cómo me va a mirar la próxima vez que vaya a tu casa.
Ulises: ¿Por qué irías? Tú ya no tienes nada qué hacer por allá.
Federico se queda en silencio unos segundos y resopla.
Federico: Sobre eso, tengo que pedirte un favor.
Ulises: (extrañado) ¿Qué favor?
Federico: Necesito que hables con Marcela.
Ulises: ¿Como que hable con ella? ¿Para qué?
Federico: Para que la convenzas de volver conmigo.
Ulises desencaja el rostro al oírlo.
INT. SEGUROS FERRER/PISO PRINCIPAL – DÍA
Las puertas del ascensor se abren. Marcela sale apurada junto con Diego e Inés, los cuales la siguen.
Marcela: (preocupada) Ay, Dios mío. Vamos tarde, vamos tarde…
Diego: Respira. Todavía estamos con tiempo.
Laura los ve llegar y se extraña al ver a su abuela, por lo que se levanta de su puesto.
Laura: Lita, ¿usted qué está haciendo por aquí?
Marcela: Larga historia, Lau. ¿Ya llegaron los inversionistas?
Laura: Sí, hace como cinco minutos. Ya entraron a la sala de juntas. Tu papá y tu tío estuvieron preguntando por ti.
Marcela se lleva una mano a la frente.
Marcela: Ay, no puede ser…
Laura: Tranquila. Don Leoncio está ahí tratando de entretenerlos mientras llegas.
Marcela suspira aliviada.
Marcela: Bueno, menos mal. Voy a ir rapidito. Diego, ven conmigo por aquí.
Diego asiente y la sigue a la sala de juntas. Laura mira con los ojos entrecerrados a su abuela.
Laura: Bueno, ahora sí. Dígame usted qué anda haciendo por esta oficina.
Inés: Pues transportando puro VIP, mija. ¿Qué más? Me encontré a Marcelita toda desesperada porque el tránsito se le llevó el carro y la traje en mi taxi
Laura: Espérese, espérese. ¿Su qué?
Inés: Mi taxi.
Laura abre los ojos de par en par, desconcertada.
Laura: Lita, ¿cuál taxi?
Inés: Ay, mija, pues el que estoy manejando. Hoy fue mi primer día.
Laura: Sigo sin entender. ¿De dónde sacó usted un taxi?
Inés: Eso fue porque vi una oferta en internet para trabajar como taxista, apliqué y me recibieron en una compañía de transporte. Les encantó mi hoja de vida y me contrataron de una. Imagínese.
Laura: Ay, abuelita. Yo creo ahora sí se le terminó de zafar el último tornillo que le quedaba.
Inés: ¿Por qué? Una tiene que salir a producir, mija. A nosotras la plata no nos cae del cielo. Hay que salir a generar ingresos.
Laura: Sí, pero usted ya no tiene la edad para andar manejando por toda Bogotá. ¿Y si le pasa algo? ¿Qué tal si se estrella?
Inés: Ay, despreocúpese. Tengo todo al día, la licencia, los papeles, todo todito y manejo mejor que muchas bestias por ahí.
Laura suspira resignada.
Laura: Ay, usted sí no. Cuando se le mete una idea en la cabeza, no hay quién se la saque.
Inés: Ya, mija. Tranquila. No se estrese porque se arruga. Relájese. Con esta platica extra que me voy a ganar manejando, ahora sí voy a terminar de juntar para abrir mi restaurante.
Laura: (poco convencida) Ojalá.
Inés revisa la hora en su reloj de muñeca.
Inés: Bueno, me voy porque tengo trabajo. El deber llama y esta empresaria no se mantiene sola.
Laura: ¿Ya desayunó por lo menos?
Inés: Claro. Me comí una empanadita de las que vendí la otra vez y un tinto.
Laura niega con la cabeza.
Laura: Dios mío, lita. Eso no es un desayuno.
Inés: Con eso es más que suficiente para mí.
Laura sonríe con resignación.
Laura: Deme la bendición entonces, antes de que se vaya.
Inés le da la bendición a su nieta al tiempo que habla.
Inés: Dios me la bendiga, me la cuide y me le quite ese genio tan bravo. Chaíto.
Laura: Chao, abuelita. Se me cuida.
Inés le manda un beso al aire y entra al ascensor mientras Laura la observa divertida y preocupada al mismo tiempo.
INT. APARTAMENTO DE FEDERICO/HABITACIÓN – DÍA
Federico acaba de pedirle un contundente favor a Ulises. Este último se ve incrédulo y molesto ante la petición.
Ulises: Espero que sea en chiste porque déjame decirte que es de muy mal gusto.
Federico: Para nada, Ulises. No es chiste. Va muy en serio. Necesito que hables con Marcela y la convenzas de que me perdone.
Ulises: ¿Tú te volviste loco o qué? Te acabas de acostar conmigo, Federico. ¿Cómo me pides una cosa así? ¿Para eso fue que me pediste que viniera?
Federico se incorpora un poco en la cama.
Federico: Claro que no. Te llamé porque te quería ver y porque necesitaba hablar contigo.
Ulises: Ah, bueno. Qué detalle. Primero me usas y después me pides que te ayude a recuperar a mi prima. ¡Qué bonito de tu parte!
Federico: No te usé.
Ulises: ¿Ah, no? Entonces explícame qué es esto porque sinceramente no entiendo a qué estás jugando.
Federico: Ulises, trata de entenderme. Yo necesito arreglar las cosas con Marcela. La única forma en la que me puedo asegurar un futuro es casándome con ella. Entiende.
Ulises: Lo único que entiendo es que eres un interesado.
Federico: ¿Y qué quieres que haga? ¿Salir a decirle al mundo que me gustan los hombres y las mujeres? ¿Que me acuesto contigo? ¿Te imaginas el jodido escándalo?
Ulises guarda silencio.
Federico: La gente habla. Todo el mundo juzga y tu familia, que es una de las más ricas del país, deben guardar las apariencias. Tú los conoces.
Ulises: (dolido) A mí me importa un bledo lo que diga mi familia. Yo por ti estaría dispuesto a enfrentarlo todo, Federico. ¡Todo!
Federico: Yo sé, mi amor, yo sé…
Federico intenta darle un beso. Ulises se aparta con evidente enojo.
Federico: Pero te pido que me ayudes. Marcela me da estabilidad, estatus, tranquilidad. El matrimonio con ella es mi oportunidad de ser alguien. Hazlo por mí, ¿sí?
Ulises desvía la mirada, tensando el rostro.
Federico: Además, si me caso con Marcela, voy a terminar viviendo en la casa de ustedes. ¿No te gustaría? ¿No te gustaría tenerme cerca?
Federico lo toma de la cintura, buscando cómo darle un beso.
Federico: Imagínate, siendo parientes, cerquita los dos. Yo te podría visitar en la madrugada cuando los demás estén durmiendo. La pasaríamos muy bien.
Ulises: (soltándose) Yo no quiero tener una relación a escondidas contigo toda la vida.
Federico: ¿Acaso no me quieres?
Ulises: ¡Claro que te quiero!
Federico: ¿Y entonces? ¿Por qué no me echas una mano con esto? Es por mi futuro.
Ulises: ¿Y qué hay de mí? ¿Qué hay de mi futuro? Yo no estoy dispuesto a aguantar esto más tiempo. Tú siempre me prometes que las cosas van a cambiar, pero al final termina siendo la misma cosa. ¿Hasta cuándo?
Federico toma el rostro del joven entre sus manos.
Federico: Yo te quiero, Ulises. Te quiero a mi manera, solo que yo no nací en una familia tan poderosa como la tuya. A mí nadie me va a regalar nada y yo necesito asegurarme económicamente. Hazme este favor si de verdad me quieres. Ayúdame con Marcela.
Ulises permanece en silencio, pensativo. Parece considerar la petición.
INT. SEGUROS FERRER/SALA DE JUNTAS – DÍA
Diego y Marcela entran notablemente apurados, especialmente ella. Irene, Leoncio y Guillermo están presentes, sentados, al igual que tres inversionistas brasileños.
Marcela: Buenos días.
Diego: Bom dia.
Todos responden al saludo en sus respectivos idiomas, excepto Irene, quien mira su reloj de muñeca con seriedad.
Irene: Creíamos que ya no ibas a venir, Marcela. La reunión debió empezar hacer cinco minutos y los inversionistas han estado esperando. La puntualidad es clave en esta empresa.
Marcela: Yo sé, tía.
Irene: ¿Perdón? ¿Que hemos dicho de las relaciones familiares aquí dentro?
Marcela: (apenada) Disculpe, doctora. Lo que pasó es que tuvimos un pequeño percance en el camino y eso nos retrasó, pero ya tengo todo listo para que empecemos.
Diego traduce al portugués.
Diego: Tivemos um pequeno problema no caminho e isso nos atrasou, mas já tenho tudo pronto para começarmos.
Inversionista: Não se preocupem com isso. Estamos ansiosos para conhecer a proposta.
Diego sonríe y traduce.
Diego: Dice que no nos preocupemos. Que están ansiosos por conocer la propuesta.
Leoncio: Sí, no es para tanto. Además estuve hablando con nuestros inversionistas antes de que llegaras, preguntándoles qué les ha parecido el país y ahí puse en práctica un poco mi portugués. La verdad es que ni siquiera nos habíamos dado cuenta de la demora.
Leoncio dice aquello mirando con reproche a su esposa, la cual le devuelve una mirada fulminante al sentir que la ha desacreditado..
Guillermo: Yo no sé nada, pero por ahí entendí una que otra cosita de lo que estaban conversando y ya hasta me dieron ganas de aprender.
Todos ríen con simpatía. Irene es la única que permanece seria.
Guillermo: En fin, adelante. Te escuchamos, hija.
Marcela: Gracias, papito. Empecemos entonces.
Diego se inclina apenas hacia ella y le susurra con una sonrisa tranquilizadora.
Diego: Tudo vai dar certo.
Diego le guiña un ojo simpático. Marcela le sonríe más tranquila, por lo que conecta un pendrive a la laptop, la cual, a su vez, proyecta todo en una pantalla gigante para que todos los presentes vean. La joven mueve el cursor para abrir el pendrive y comienza a buscar la presentación, pero frunce el ceño al ver que la carpeta está vacía.
Marcela: Disculpen un segundo.
Extrañada, cierra todo, desconecta el pendrive, vuelve a conectarlo y lo abre de nuevo, pero la carpeta está vacía.
Marcela: (susurrando) Juraba que la había guardado aquí.
Leoncio la observa con discreción.
Leoncio: ¿Pasa algo, Marcela?
Marcela intenta conservar la compostura.
Marcela: Eh, no, nada. Estoy buscando la presentación con todos los detalles de la propuesta de negocio. Un momento, por favor.
Marcela comienza a buscar en otras carpetas del pendrive, aunque inútilmente. Todas se ven vacías, sin archivos. Diego se da cuenta que algo anda mal y se le acerca para hablarle en voz baja.
Diego: Precisa ajuda?
Marcela lo mira angustiada y le susurra muy bajo.
Marcela: La presentación no está. La guardé esta mañana en esta memoria y parece que se formateó, no sé.
Diego: Busca en el e-mail. Tal vez ficou guardada una copia
Marcela: Sí, tienes razón. Puede que haya quedado algo guardado en la nube.
Marcela se apresura a entrar al navegador para ingresar a su correo electrónico. Teclea con rapidez y la primera vez que pone la contraseña le arroja un error.
Diego: Calma, mais despacio.
Marcela asiente, evidentemente nerviosa, y escribe de nuevo su contraseña con más cuidado, aunque de nuevo le dice que es incorrecta. Todos los presentes de la sala de juntas se miran entre sí, extrañados. Ella sigue intentando varias veces e inclusive le tiemblan las manos. Diego lo nota y la mira con impotencia al querer ayudarla.
Irene: (exasperada) ¿Se puede saber qué está pasando? Estamos perdiendo demasiado tiempo y los señores necesitan ver la propuesta de inversión.
Marcela deja de intentar, se endereza y resopla.
Marcela: Creo que… Creo que no va a ser posible.
Guillermo: ¿Cómo que no va a ser posible? ¿De qué estás hablando?
Marcela traga saliva con dificultad y la voz le tiembla ligeramente.
Marcela: Hubo… Hubo un error técnico. La presentación que preparé se me borró.
Irene: ¿Cómo que se te borró?
Marcela baja un poco la mirada, completamente avergonzada.
Marcela: Sí, se me borró y no la encuentro por ninguna parte.
Los inversionistas intercambian miradas confundidas. Marcela respira hondo y los mira apenada.
Marcela: De verdad les ofrezco una disculpa. Tuve un inconveniente y no voy a poder presentarles la propuesta de negocio.
Diego traduce lentamente al portugués, incómodo por la situación.
Diego: Ela pede desculpas. Houve um problema técnico e infelizmente ela não vai conseguir apresentar a proposta hoje.
Irene se recuesta en su silla, indignada y negando con la cabeza. Guillermo se pone sumamente serio y el ambiente en la sala se vuelve tenso.
INT. SEGUROS FERRER/SALA DE JUNTAS – DÍA
Más tarde, se ve que los inversionistas ya se han ido. Guillermo, de pie, regaña con severidad a Marcela. Leoncio e Irene están presentes, estos dos últimos se encuentran sentados. Diego permanece en silencio, de pie, al fondo de la oficina.
Guillermo: (muy molesto) ¡Esto es el colmo, Marcela! ¿Te das cuenta de lo que acabaste de hacer? Estábamos a punto de cerrar un negocio millonario que nos iba a abrir puertas en el exterior. ¡Era un contrato muy serio! ¿Cómo fuiste tan descuidada?
Marcela: (apenada) La verdad no sé qué decir, papito. Te juro que preparé la presentación, pero de verdad no sé qué pasó.
Guillermo: Esa no es excusa. Este tipo de cosas no son propias de una profesional, sino de una colegiala, de una muchachita que apenas está terminando el bachillerato y se le olvidó hacer la tarea. ¿Qué te pasó? Esto no era un jueguito de muñecas.
Marcela: Te estoy diciendo que sí la preparé. Me esforcé toda la noche y casi ni dormí preparando todo para que quedara perfecto. Yo te dije esta mañana. Hice mi trabajo tan impecable como siempre lo he hecho, pero se me borró y no entiendo por qué.
Leoncio: Ya, Guillermo. Los inversionistas comprendieron la situación. Deja que yo me encargo de presentarles la propuesta de negocio. No seas tan duro con la muchacha, hombre.
Irene: Ay, por favor, Leoncio. No minimices las cosas. Estamos hablando de un negocio multimillonario, no de una exposición del colegio como bien dice tu hermano.
Marcela solo cierra los ojos, conteniéndose.
Irene: Para mí, esto solo demuestra que fue un error contratar a Marcela como gerente comercial, un cargo importantísimo que exige muchísima responsabilidad.
Marcela baja la mirada, sintiéndose cada vez peor.
Guillermo: Irene tiene razón. Esto no fue cualquier error, Marcela. Una empresa como esta no puede darse el lujo de improvisar.
Marcela: (con la voz quebrada) Yo no improvisé…
Diego da un paso al frente.
Diego: Disculpen, mas acho que están siendo injustos con ella.
Todos voltean a verlo.
Diego: Marcela trabajó mucho pra essa reunión. Yo mismo vi ella preocupada desde temprano. Essas coisas pueden acontecer com qualquer persona.
Irene: Mire, joven. Este es un asunto interno de la empresa y de la familia. Usted apenas acaba de llegar y no tiene velas en este entierro. ¿Me entiende? Retírese.
Leoncio: Irene…
Irene: ¿Qué? Estoy diciendo la verdad.
Guillermo suspira pesadamente y se masajea el puente de la nariz.
Guillermo: Diego, agradezco la intención, pero yo prefiero manejar esto personalmente. Es mejor que te retires.
Diego asiente con dignidad, aunque apenado.
Diego: Está bien. Desculpem.
Marcela: Espérate, Diego. Yo también me voy a retirar. Creo que ya se dijo suficiente, así que yo tampoco tengo nada más qué agregar. La tía Irene tiene razón y este fue un error gravísimo de parte mía.
Irene: Por fin lo entendiste.
Leoncio: ¡Irene, ya basta!
Irene: Tú mismo la estás escuchando. Reconoció que se equivocó.
Marcela: Sí, así es y honestamente, a mí me parece que después de esto lo mejor es que renuncie.
Leoncio: Tampoco hace falta que llegues a ese extremo, Marcela.
Marcela: Es lo mejor, tío. Yo sé muy bien lo que significa esta empresa para la familia y si tú, papá, consideras que no estoy calificada para el puesto, mejor me voy.
Guillermo solo resopla sin decir nada.
Marcela: Hoy mismo le mando mi carta de renuncia a recursos humanos. Con permiso.
Marcela se retira de la oficina. Diego mira con pena la situación y sale después. Leoncio mira con molestia a su hermano.
Leoncio: Te pasaste, Guillermo.
Guillermo: Es mi hija, Leoncio. ¿Estamos? Y no le puedo dejar pasar un error así como si nada. La tengo que corregir cuando se equivoca.
Leoncio: Y en eso estoy de acuerdo contigo, pero hasta yo reconozco la clase de profesional que es esa muchacha. Marcela jamás habría dejado botada una reunión así porque sí. Algo pasó.
Irene: Guillermo ya te dijo que es hija de él, no tuya. Deja de meterte y de defenderla.
Leoncio: Y tú ya deja ese vicio de estar atacándola y buscando cada mínima oportunidad para criticarla. ¿Hasta cuando le vas a tener tanta manía y envidia?
Irene: ¿Envidia yo? ¿Qué te pasa?
Guillermo: Basta, por favor. No vamos a hacer de esto una pelea o un campo de batalla. Leoncio, lo mejor es que por ahora te encargues tú de los brasileños. Diseña la propuesta de negocio e intenta convencerlos de que inviertan. Necesitamos ese contrato sí o sí.
Leoncio: (levantándose) Tranquilo. Yo me hago cargo y a ver si luego te disculpas con Marcela. No vayas a aceptar esa renuncia. Hazme caso y dale otra oportunidad.
Leoncio se retira de la sala de juntas. Guillermo se queda pensativo en silencio. Irene, por su parte, comienza a jugar con un bolígrafo.
Irene: Leoncio siempre tan blando y tan bonachón. Precisamente por eso es que nunca pudo ocupar tu lugar como presidente. Una empresa no se maneja con sentimentalismos.
Guillermo: Estoy pensando que tal vez sí me porté duro con ella. La conozco y sí es muy raro que descuidara el trabajo así.
Irene deja el bolígrafo a un lado y habla de forma mordaz.
Irene: Un error lo comete cualquiera, pero hay situaciones en la vida en las que fallamos para darnos cuenta de que ese no es el lugar y ese fue el caso de esta muchacha. Mira, Guillermo…
Irene se inclina ligeramente hacia adelante, colocando los codos en la mesa al tiempo que entrelaza las manos.
Irene: Marcela es tu hija y yo sé que la quieres muchísimo, pero tienes que ser objetivo. Tal vez el cargo de gerente comercial le quedó grande. Yo que tú mejor le acepto la renuncia o le propongo moverla a otro cargo menor que no le exija tanta responsabilidad. Considéralo.
Guillermo queda pensativo mientras Irene esboza una sutil sonrisa satisfecha.
INT. SEGUROS FERRER/TERRAZA – DÍA
Marcela permanece sola en la terraza de la aseguradora, observando el panorama bogotano desde las alturas. El viento mueve ligeramente su cabello. Diego aparece caminando despacio.
Diego: ¿Te incomoda si hablamos?
Marcela se limpia discretamente una lágrima y niega con la cabeza.
Marcela: Para nada.
Diego se aproxima y se queda a su lado, mirando también la ciudad con una sonrisa.
Diego: Bogotá é muito grande e fria. Voy a tener que comprar un casaco.
Marcela: (confundida) ¿Casaco?
Diego: Es algo que usas acima da roupa para no estar con frío.
Marcela: Ah, un abrigo, una chaqueta.
Diego: Sí, parecido.
Marcela: Pues no sería mala idea, aunque con el tiempo te vas a acostumbrar al clima.
Ambos se quedan en silencio durante algunos segundos.
Diego: No quero que você fique assim por lo que aconteceu allá abajo.
Marcela suspira.
Marcela: ¿Y cómo quieres que me ponga? Hice el ridículo frente a todo el mundo.
Diego: No fue ridículo. Foi um acidente.
Marcela: Accidente o no, lo eché todo a perder. La embarré.
Diego: ¿Embarré?
Marcela: Sí, o sea, fue un error. Yo quería cerrar ese negocio. Quería demostrarle a mi papá que sí soy capaz y callarle la boca a mi tía Irene, que siempre me hace sentir menos, pero al final terminó teniendo razón. Fracasé.
Su voz se quiebra un poco. Diego frunce el ceño con empatía.
Diego: Ei, não fala assim.
Marcela intenta mantenerse fuerte, pero termina soltando un par de lágrimas.
Marcela: Es que odio sentirme derrotada, Diego. No me gusta. Me da miedo fracasar, que me vean débil. Y para completar, hasta mi relación era un desastre.
Diego la escucha con curiosidad.
Marcela: Ni siquiera le he contado a mi familia que terminé con el que era mi prometido. No quiero que me empiecen a hacer preguntas y vean que ni para casarme tuve éxito.
Diego: Tu tienes mucho miedo del qué dirán y eso no es bueno, viu? No podemos vivir pra agradar os outros.
Marcela: Mi mamá siempre decía eso, que las apariencias eran importantes y a ella se lo aprendí. Es más, cuando era niña, Ulises empezó a decir en el colegio que yo era adoptada.
Diego se sorprende levemente al escucharla y enterarse de esa información.
FLASHBACK
INT. COLEGIO/PATIO – DÍA
Marcela de unos diez años permanece sentada sola en una banca, abrazando sus cuadernos. Lleva uniforme escolar y se ve mucho más tímida. Ulises, de la misma edad, se acerca con un grupo de niñas.
Ulises: Mírenla, ahí está.
Ulises se cruza de brazos, mirándola con burla.
Niña 1: ¿Es verdad que tu mamá y tu papá no son tus papás de verdad?
Marcela: Sí son mis papás.
Ulises: Ellos no la tuvieron. A ella la recogieron porque los verdaderos papás no la quisieron. Eso me contó mi mamá.
Niña 2: ¿Y cuánto pagaron por ti?
Ulises: Por ella creo que ni mil pesos. Mi mamá también me contó que fue por caridad que la recogieron. ¡Es una recogida!
Todas las niñas se burlan. Marcela solo se levanta, con los ojos vidriosos y se choca de hombro a propósito con su primo para retirarse en medio de las burlas, aunque una de las niñas le hace zancadilla para que se caiga. Pronto las burlas se incrementan y ella se fija que se raspó la rodilla, pero nadie se preocupa por levantarla del piso.
FIN DEL FLASHBACK
FLASHBACK
INT. CASA DE LOS FERRER/HABITACIÓN DE MARCELA – DÍA
Cristina limpia con un algodón y yodo la herida en la rodilla de Marcela, la cual llora.
Marcela: Me arde, mamita.
Cristina: (con dureza) Pues te aguantas y ya párale a esa lloradera que me tienes cansada.
Cristina termina de limpiar la herida y se pone de pie.
Cristina: Listo, ya está. ¿Viste que no era gran cosa?
Marcela continúa llorando.
Cristina: (exasperada) ¿Y ahora qué te pasó? ¿Por qué sigues llorando?
Marcela: Es que no quiero volver al colegio.
Cristina: ¿Cómo así? Explícame.
Marcela: (gimoteando) Ulises les dijo a todos los demás que soy adoptada y se están burlando de mí. Me dicen que no tengo papás, que soy una recogida.
Cristina: A ver, Marcela. Nosotros no te estamos pagando el mejor colegio privado del país para que tú te quieras salir por una estupidez. No les hagas caso. Tú eres nuestra hija, independientemente de que seas adoptada o no.
Marcela: Por favor, mamita. No quiero ir.
Cristina le levanta el rostro con firmeza.
Cristina: Escúchame muy bien. En esta familia nadie se puede dar el lujo de verse débil, mucho menos tú.
Marcela la escucha atentamente.
Cristina: La gente siempre va a hablar, siempre te van a señalar por algo, así que aprende desde ya a sonreír aunque te estés muriendo por dentro. ¿Oíste?
Marcela asiente apenas.
Cristina: Jamás le agaches la cabeza a nadie. Lucha por ser la mejor porque sino te van a comer viva. ¿Entendiste? Debes andar siempre regia.
Marcela asiente de nuevo.
Cristina: Y ya ve al baño a limpiarte esos mocos. Rapidito.
Marcela se levanta y cojea un poco para ir al baño.
FIN DEL FLASHBACK
Marcela deja de recordar, mirando al horizonte. Diego la mira apenado.
Marcela: Y ahí mi mamá me enseñó que jamás debía agachar la cabeza para que no me vieran débil, pero a veces me cuesta o si no mírame aquí llorando delante de ti.
Marcela suelta una risa forzada y se limpia las lágrimas.
Diego: Llora si tá precisando de llorar.
Marcela lo mira.
Diego: Pero no des tanta importancia para lo que las personas piensan. Você deve ser feliz como es. Yo aprendi que cuando caes, tienes que te levantar de nuevo y seguir en frente. Não liga pra eles.
Marcela: (riendo levemente) Aquí ligar es otra cosa.
Diego: (riendo) Creio que sé lo que significa aquí, mas para nosotros tiene un significado de no se preocupar por lo que otros hablen.
Marcela intenta recomponerse.
Diego: Además… Você é muito bonita para viver amargada o va a terminar como la bruja da sua tia Irene.
Marcela no puede evitar reírse entre lágrimas.
Marcela: ¡Qué malo eres!
Diego sonríe satisfecho.
Diego: Bueno, por lo menos menos ya hice você sonreír um poquinho.
Marcela asiente, limpiándose el rostro y le sonríe de forma angelical.
Marcela: Gracias, Diego. Para apenas conocernos, te has portado muy lindo conmigo.
Diego: Você também.
Los dos se quedan viéndose con una chispa innegable en los ojos. Marcela se avergüenza un poco y le rehúye la mirada.
Diego: ¿Qué tal si vamos por un sorvete?
Marcela frunce el ceño.
Marcela: ¿Un qué?
Diego intenta explicarse con señas.
Diego: Sorvete, así frío, dulce…
Marcela sigue confundida.
Diego: Você lame. Viene en cono a veces…
Marcela termina entendiendo y ríe.
Marcela: ¿Un helado?
Diego: ¡Eso! Helado.
Marcela niega divertida.
Marcela: Ay, no sé. No creo que sea correcto salir ahorita. Además, después de lo que pasó, seguro mi papá me quiere matar y debo preparar mi renuncia.
Diego: Justamente por eso. Necesitas despejar la cabeza antes de tomar decisiones y no renunciar por impulso.
Marcela lo piensa unos segundos.
Diego: Prometo que volvemos rapidinho.
Marcela termina soltando una pequeña risa.
Marcela: Está bien, pero solo un ratico. Tampoco me quiero pasar de descarada y que me terminen despidiendo por abandono de puesto.
Diego: Vamos entonces por el helado.
Marcela: ¡Vamos!
Marcela sonríe ya más tranquila y los dos se van caminando mientras siguen platicando.
RÍO DE JANEIRO, BRASIL
EXT. CASA DE DIEGO Y THIAGO – DÍA
Francisco toca la puerta de la humilde casa varias veces, pero nadie responde. El hombre frunce el ceño, extrañado.
Francisco: ¿Thiago? (Vuelve a tocar) ¡Mijo, deme una señal de vida o voy a tener que entrar por la fuerza!
De repente, una voz femenina se escucha detrás de él.
Luana: Pode parar de bater porque não tem ninguém aí (Puede parar de tocar porque no hay nadie ahí).
Francisco voltea y se sorprende al ver a Luana acercándose con una sonrisa coqueta. Lleva ropa ajustada y lentes de sol sobre la cabeza.
Francisco: Luana…
Luana: Quanto tempo, seu Francisco.
Francisco la mira con cierta seriedad, quien habla en portugués con ella.
Francisco: Sim, faz muito tempo.
Luana sonríe divertida al notar la incomodidad del hombre.
Luana: Thiago não vai abrir.
Luana saca su celular. Francisco se extraña.
Luana: Ele tá viajando.
Francisco frunce el ceño.
Francisco: Viajando?
Ella desbloquea el teléfono y le muestra unas fotos.
Luana: Olha. Postou isso hoje cedo (Mire. Subió eso hoy temprano).
Francisco observa sorprendido una selfie de Thiago en el aeropuerto.
Luana: E ainda colocou hashtag com bandeira da Colômbia (E inclusive colocó un hashtag con la bandera de Colombia).
Francisco: Mas o que esse menino tá fazendo viajando? E com que dinheiro? Ele nem deveria estar se esforçando desse jeito por causa da doença (Pero ¿qué está haciendo ese muchacho viajando? ¿Y con qué dinero? Él ni debería estar esforzándose de esa manera por causa de la enfermedad).
Luana se encoge de hombros.
Luana: Também achei estranho (También me pareció raro).
Francisco mira nuevamente la foto, pensativo.
Francisco: Será que o Diego pediu pra ele ir…? (¿Será que Diego le pidió que fuera?)
Luana: (muy curiosa) O Diego também saiu do país? (¿Diego también salió del país?)
Francisco guarda silencio un instante y luego le devuelve el celular.
Francisco: Foi bom te ver, Luana (Fue bueno verte, Luana).
Intenta retirarse, pero ella lo detiene sujetándolo suavemente del brazo.
Luana: Espere, seu Francisco. Me fala a verdade. O Diego tá na Colômbia mesmo? (Dígame la verdad. ¿Diego está en Colombia en serio?)
Francisco: Pra que você quer saber? (¿Para qué quieres saber?)
Luana baja un poco la mirada, aunque mantiene ese aire seductor.
Luana: Porque eu pensei muito nele ultimamente (Porque he pensado en él mucho últimamente).
Francisco parece no creerle del todo.
Luana: Eu sei que fui injusta com ele. Queria pedir desculpas (Sé que fui injusta con él. Quería pedirle disculpas).
Francisco resopla con escepticismo.
Francisco: Desculpas?
Luana: Sim. Eu errei com o Diego (Me equivoqué con Diego).
Francisco: Tá difícil falar com ele por enquanto porque sim, ele tá na Colômbia resolvendo uma coisa importante (Está difícil hablar con él por el momento porque sí, está en Colombia resolviendo una cosa importante).
Luana se sorprende.
Luana: E o que ele foi fazer lá? (¿Y él que fue a hacer por allá?)
Francisco: Isso já não é da sua conta (Eso ya no es de tu incumbencia).
Dicho eso, Francisco se aleja. Luana permanece inmóvil, intrigada.
Luana: Então eu vou ter que investigar (Entonces voy a tener que investigar).
De nuevo observa nuevamente la foto de Thiago en su celular y se queda pensativa.
INT. SEGUROS FERRER/RECEPCIÓN – DÍA
Ginevra aparece junto a Thiago. Ella lleva enormes lentes de sol, ropa extravagante y un bolso llamativo que atrae varias miradas dentro de la elegante aseguradora. Thiago carga las maletas y luce agotado. Ginevra observa la imponente fachada de vidrio y mármol con aparente fascinación.
Ginevra: ¡Oh santo cielo! Entonces toda esta empresa le pertenece al niño Diego. Es increíble lo que hace un golpe de suerte para con un pobre repartidor miserable.
Thiago: Todavía no hay certeza de que él sea hijo desse tal Leoncio Ferrer.
Ginevra se quita lentamente las gafas y se las cuelga en la blusa.
Ginevra: Pues espero que lo sea porque así no solo voy a recuperar mi inversión y lo que pagué por él, sino que también voy a ser la esposa del hijo de un magnate. ¿Te imaginas, niño Thiago? ¡Yo, la ama y señora de una empresa así!
Thiago: Recuerde que pra isso, usted debe hacer um esforço pra conquistar ele.
Ginevra: ¡Por supuesto que lo voy a conquistar, mi corazón! Yo tengo mis encantos y voy a marcar territorio porque no faltarán las suripantas que desean robármelo ahora que es rico.
Thiago: (poco convencido) Tomara que sim… (Ojalá)
Ginevra: Y no lo digas con ese tonito ni mucho menos lo pongas en duda. ¡Diego va a ser mío, cueste lo que cueste! Yo no pienso terminar casada con un vejete millonario que ya no levante ni una aguja. ¡Claro que no! ¡Prefiero volverme hombre!
Thiago: Eu pensei que você já era…
Ginevra se gira, ofendida.
Ginevra: ¿Qué dijiste?
Thiago: (retractándose) ¡Ah! Eu pensei que você já era rica. Rica! Que já era rica y no precisava de un hombre rico.
Ginevra: Por supuesto que no lo soy. Tengo un capital, pero no es eterno y se me está acabando en cirugías para mantenerme así de regia. La belleza cuesta, mi cielo.
Ginevra se adelante hacia la recepción. Thiago susurra mientras la sigue.
Thiago: Velha idiota (Vieja idiota).
Ginevra llega hasta la recepción en donde hay una secretaria joven.
Ginevra: Buenas tardes, niña.
Recepcionista: Buenas tardes.
Ginevra: Mira, necesito que me hagas el favor de llamar a Diego Santos, el hijo todavía no confirmado y casi seguro del señor Leoncio Ferrer, mi futuro suegro.
Recepcionista: (confundida) ¿Perdón?
Thiago interviene y habla en español con su marcado acento.
Thiago: Vinimos a procurar a mi hermano. Se chama Diego… Diego Santos. Él debió chegar ayer.
Recepcionista: ¿Diego Santos? (Pensando) Ah, sí. Yo creo que es el nuevo intérprete de portugués de la señorita Marcela. Un momento, por favor. Voy a verificar con la secretaria de presidencia.
Thiago: Obrigado.
La secretaria toma el teléfono. Ginevra aprovecha para acomodarse el cabello frente al reflejo del vidrio.
Ginevra: Ay, Thiago, espero haberme maquillado bien porque si voy a conocer a mi familia millonaria, mínimo tengo que verme divina.
Thiago niega lentamente con la cabeza, exasperado.
INT. CENTRO HISTÓRICO DE BOGOTÁ – DÍA
Diego y Marcela caminan tranquilamente entre las calles coloniales de La Candelaria, uno de los barrios más antiguos de Bogotá. Los dos comen sus helados en cono y observan el movimiento de la gente, los vendedores ambulantes y las fachadas antiguas. Marcela va guiándolo y él toma fotos con su celular muy emocionado al igual que fascinado por los colores vivos de las casas. En cierto punto, ella se queda viendo al joven de lejos mientras este toma varias fotos, algo de lo cual él no se percata, como si con solo verlo le transmitiera algo especial que a ella le llama la atención. Minutos después, el recorrido termina.
Marcela: Y esta es la Plaza Bolívar. Es uno de los sitios más emblemáticos de la ciudad y la de allí es la catedral primada, pero no me preguntes datos históricos porque ahí no te voy a saber responder.
Diego se ríe y admira toda la plaza, aunque luego esboza su sonrisa.
Diego: Tudo é bonito demais, aunque já estou ficando com saudades do meu país. Río es mais colorido, las praias, el calor e también sinto muitas saudades de mi hermano.
Marcela: (curiosa) ¿Y qué significa eso de “saudades”?
Diego: (asintiendo) Saudades es como extrañar mucho una cosa o una persona.
Marcela: Ah. Es como… A ver, déjame pienso… Es como la nostalgia según entiendo.
Diego: Más o menos. Mi mamá me ensiñó que não existe uma palavra pra traduzir “saudades” para el español.
Marcela: Ya veo. Ha de ser muy inteligente tu mamá para haber aprendido español en una época donde no había internet y seguro también debe estar extrañándote un montón.
Diego: Ella ya murió hace cinco años.
Diego baja la cabeza, con cierta tristeza. Marcela se sorprende.
Diego: Murió de cáncer.
Marcela: (apenada) Lo siento. No sabía.
Diego: Tá tudo bem. Yo también no te contei e ahora solos somos mi hermano y yo, e por isso es que quiero hacer todo lo posible para salvarlo.
Marcela: Espero de corazón que todo salga bien con la cirugía.
Diego: Gracias. Espero que sí.
Diego observa alrededor y luego saca su celular para tomar algunas fotografías de la plaza.
Marcela: Veo que te gusta tomar fotos.
Diego: Quiero mostrar para mi hermano cuando ele mejorar.
Toma una fotografía de la catedral y luego apunta el celular hacia Marcela. Ella se sorprende.
Marcela: ¿Me tomaste una foto?
Diego: Sim e ficou ótima.
Marcela: Ay, no. Mejor bórrala.
Diego: ¿Por qué? Te ves muy bien.
Marcela: (en tono jocoso) ¡Mentiroso! Debo verme fatal después de lo que me pasó esta mañana.
Diego: Claro que no. Hasta pareces con una modelo.
Diego se acerca para mostrarle la fotografía en la que ella sale sosteniendo el cono de helado con la catedral de fondo.
Marcela: ¿Modelo? Mírame la cara que tengo y esas ojeras de no haber dormido.
Diego: Estás exagerando. Yo te veo preciosa.
Marcela sonríe tímidamente por el comentario.
Diego: Y además quero ficar com un recuerdo quando volver a mi país. Hasta ahora eres la persona que me hizo sentir mejor aquí.
Marcela sonríe ante la sinceridad de esas palabras y está a punto de decir algo, pero ambos son súbitamente interrumpidos por una llamada al celular de ella.
Marcela: Es Laura. ¿Será que me necesitan en la oficina? (Contesta) ¿Sí, aló?
CORTE A:
INT. SEGUROS FERRER/PISO PRINCIPAL – DÍA
Laura sostiene el teléfono mientras observa a lo lejos a Ginevra y Thiago. Ginevra se lima las uñas con toda tranquilidad. Thiago observa a su alrededor las oficinas.
Laura: Ay, Marce. Menos mal me contestaste.
INTERCUT MARCELA/LAURA
Marcela: ¿Qué pasó, Laura?
Laura: Llegaron preguntando por Diego.
Marcela: (confundida) ¿Cómo así?
Laura: Sí. Una señora toda raronga (Baja la voz). Como medio masculina y un papasito brasileño que al parecer es hermano de Diego.
Marcela: Ok, está bien. Ya vamos para allá.
Marcela cuelga la llamada. Diego la mira extrañado.
Diego: O que aconteceu?
Marcela: Al parecer tu hermano está en la aseguradora.
Diego abre los ojos con total sorpresa.
Diego: Thiago? Aqui em Bogotá?
Marcela asiente, confundida.
Marcela: Y no vino solo. Hay una mujer con él, según Laura.
Diego se queda pensativo ante esa noticia.
INT. CASA DE LOS FERRER/HABITACIÓN DE HUÉSPEDES – DÍA
La puerta se abre lentamente. Rómulo entra con cautela, asegurándose de que nadie lo vea. Lleva puestos unos guantes negros. Mira alrededor y luego cierra la puerta con suavidad. Con prontitud, se acerca al equipaje de Diego y comienza a revisar entre sus pertenencias. Finalmente, saca de dentro de su chaqueta un pequeño bloque envuelto cuidadosamente. El contenido es blanco, por lo que evidentemente se trata de cocaína.
Rómulo: (sonriendo con malicia) El guevón ese se va a arrepentir de haberle venido a joder la vida a mi hijo.
Rómulo sonríe con malicia y esconde el bloque de cocaína entre la ropa del joven brasileño. Termina de acomodar las cosas para no levantar sospechas y sale de la habitación con el mismo sigilo para luego desaparecer por el pasillo. Ulises, quien al parecer estaba escondido, lo vio salir.
Ulises: (extrañado) ¿Y este qué hacía ahí en el cuarto del brasileño?
Movido por la curiosidad, entra también a la habitación. Mira alrededor lentamente.
Ulises: Qué raro. Rómulo no tenía nada qué hacer aquí.
De repente, fija la vista en una fotografía puesta sobre la mesita de noche, por lo que se acerca y la toma. Diego y Thiago aparecen abrazados de lado en la foto, la cual tiene de fondo una playa. Diego sonríe. Thiago se ve más serio.
Ulises: Este otro ha de ser el dizque hermano enfermo. Tengo que reconocer que hasta tiene bonita sonrisa el sambero ese y la barba no le queda nada mal.
Ulises sonríe con picardía, deja la foto y sigue curioseando. De pronto, ve puesta sobre una silla la ropa que Diego usaba el día anterior. Casi que por un impulso, toma la camiseta entre sus manos y la huele despacio al tiempo que le llega un recuerdo a la cabeza.
Ulises: Para ser un perfume barato de pachulí, no huele tan mal.
FLASHBACK
Diego: Vou tentar, seu Francisco. Obrigado. Hablando de eso, voy a colgar. Preciso me organizar aqui. Vou começar a trabalhar en lo que sea e assim vuelvo mais rápido pro Brasil.
Francisco: Así se habla. Cuídese mucho. Más tarde le escribo.
Diego cuelga la llamada y deja el celular a un lado sin percibir la presencia de Ulises. Este lo observa unos segundos más, con una mezcla de curiosidad y algo más difícil de definir. Casi que sus ojos salen cuando el primero se retira la toalla que lo cubre y se exalta un poco. De pronto, escucha unas voces por el pasillo y se retira rápidamente antes de ser visto.
FIN DEL FLASHBACK
Ulises reacciona por un instante y deja la camiseta en su lugar.
Ulises: ¿Qué me pasa? Debo estar volviéndome loco pensando en ese tipo tan vulgar y tan ordinario. No sé ni qué hago metido aquí.
Ulises sale rápidamente de la habitación. La cámara permanece unos segundos sobre el equipaje de Diego, donde el bloque de cocaína quedó perfectamente escondido.
CONTINUARÁ…























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