Capítulo 7: Hechos incómodos

INT. SEGUROS FERRER/PISO PRINCIPAL – DÍA

Diego y Marcela se bajan del ascensor. Thiago y Ginevra aguardan allí, sentados en unas sillas. Esta última lee una revista mientras cruza las piernas. Laura se encuentra sentada en su puesto.

Diego: Thiago, dona Ginevra. Mas o que vocês estão fazendo aqui, hein?

Ginevra deja la revista a un lado y de inmediato se le iluminan los ojos al ver al joven.

Ginevra: ¡Niño Diego, querido!

Ginevra no le da tiempo de nada más y corre abrazarlo fuertemente como si fuera una garrapata. Marcela abre los ojos de par en par, sorprendida por el gesto. Laura, desde su puesto, igualmente se sorprende.

Ginevra: ¡Ay, mi corazón! ¡Qué gusto me da verte!

Diego: (sin respiración) Do… Dona Ginevra… 

Ginevra: ¡Oh santo cielo! Pensé que te había perdido ya de por vida. ¡Ay, qué felicidad! Mira lo guapo que estás con ese traje. ¡Te quiero comer a besos!

Ginevra continúa abrazándolo y lo llena de besos en la cara. Diego siente que pierde la respiración. Laura se acerca a Marcela.

Laura: (susurrando) Marce, no me digas que esa señora tiene algo con Diego.

Marcela: (susurrando) Lo que te diga es mentira, Laura. Diego no me había mencionado nada.

Laura: Para ese recibimiento tan efusivo, no crea que sea su mamá. Está muy vieja. 

Marcela: La mamá de él ya murió.

Laura: Entonces debe ser la abuela. Las abuelitas siempre son más cariñosas. 

Marcela: (incómoda) La verdad no sé…

Thiago se acerca e intenta despegar a Ginevra..

Thiago: Dona Ginevra! Dona Ginevra, se acalma! Deixa ele respirar.

Ginevra: ¡Ay, tú cállate! ¿No ves que estoy viviendo un momento romántico?

Diego logra apartarse finalmente, despeinado y sofocado.

Diego: Dona Ginevra, esse não é lugar para esse tipo de coisa, por favor.

Ginevra: Perdóname, mi corazón. Es que estoy tan emocionada. ¡Oh santo cielo! Hasta siento ganas de llorar. 

Ginevra se da viento en los ojos con los dedos, de forma dramática y exagerada.

Ginevra: Tú no sabes lo que sentí cuando la momia me dijo que te habías ido de Brasil. Casi me vuelvo loca. 

Diego: (confundido) ¿Qué momia?

Ginevra: Ay, pues la momia de la pizzería, tu jefe. 

Diego: Seu Francisco?

Ginevra: ¡Sí, ese! ¿Puedes creer que se atrevió a echarme de la pizzería con una escoba? Me humilló y se negó a decirme a dónde te habías ido. Gracias a Thiago estoy aquí.

Diego mira con reproche a su hermano, quien baja la cabeza, con burla. De repente, una voz autoritaria se oye por todo el pasillo.

Irene: ¿Qué está pasando? ¿Qué escándalo tan bochornoso es ese?

Todos voltean a ver. Ginevra mira de arriba a abajo a la mujer.

Diego: (apenado) Dona Irene, eu posso explicar…

Ginevra lo interrumpe y mira a Irene de arriba abajo con altivez.

Irene: Tú no tienes que darle explicaciones a nadie, mi corazón. Más bien esta mujer debería bajarse los humos y hablarte con respeto. 

Irene: (indignada) ¿Se puede saber quién es usted?

Ginevra se engancha de brazo con Diego.

Ginevra: Me llamo Ginevra Montiel, una actriz reconocida y retirada, una diva empoderada, deseada por muchos, envidiada por otros y soy la futura esposa de Diego Ferrer…

Irene: ¿Diego Ferrer?

Ginevra: Claro. Nada más y nada menos que el dueño de todo esto.

Ginevra hace un gesto amplio señalando las oficinas. Irene suelta una sonrisa llena de incredulidad.

Irene: No, bueno. Esto ya es el colmo. Era lo único que faltaba (a Diego). ¿No le da vergüenza andar divulgando cosas que ni siquiera se han confirmado y venir a montar semejante circo en una empresa seria?

Diego: (muy apenado) Es un malentendido, senhora…

Ginevra: ¡Tú te callas, niño Diego! Yo ya sé que eres medio tarado y bobo, pero aquí estoy yo para defenderte. Más bien, ¿quién eres tú para hablarle a mi futuro marido de esa forma? ¿Quién te has creído, mujercita?

Irene: (muy seria) Yo soy Irene Valenzuela, la directora de relaciones institucionales de Seguros Ferrer, esposa de Leoncio Ferrer y nuera de don Pascual Ferrer, el fundador. 

Ginevra hace un gesto despectivo con la mano.

Ginevra: Me importa un pepino quién seas o qué cargo tengas. Por lo visto, no eres más importante que mi prometido y lo mínimo es que lo respetes como tu jefe.

Irene: ¿Perdón?

Ginevra: Perdonada, mi corazón, pero no lo vuelvas a hacer.

Irene niega con la cabeza completamente indignada. Marcela, Laura y Thiago observan la escena con tensión. Diego se ve incómodo, sin saber cómo intervenir.

Marcela: Diego, si quieres te puedo prestar mi oficina para que hables con tu hermano y… con tu prometida (Dice con cierta decepción).

Diego: La señora no es mi prometida. 

Ginevra: (ofendida) ¿Cómo te atreves a negarme así, niño Diego?

Diego: Es la verdad, dona Ginevra. Pare de falar besteira, pelo amor de Deus! (Deje de hablar estupideces, por el amor de Dios) Usted no es nada de mí.

Irene: (con burla) ¿Ah, no? Entonces ¿qué se supone que es? Aunque mejor ni me conteste. Yo ya me hago a la idea.

Diego: ¿Qué está insinuando?

Irene: ¿Qué no es obvio? Toda este show lo único que me confirma es que usted, joven, no es más que un cazafortunas.

Ginevra: (ofendida) ¿Cómo dijiste, mujerzuela?

Diego: (molesto) Cale a boca, dona Ginevra!

Ginevra se sorprende por el tono fuerte del brasileño y guarda silencio.

Diego: (a Irene) Y usted, señora. De novo está se equivocando comigo.

Irene: Yo solo hablo basándome en lo que veo y lo que es evidente. Usted es un cazafortunas, un estafador. 

Marcela: Tía, ya, por favor.

Irene: Estoy diciendo la verdad, Marcela. Este muchacho solo quiere embaucar a mi marido con ese cuentico de que es hijo de él. ¡Es un aprovechado!

Diego: No pienso permitir que continúe me insultando.

Irene: ¿Duele que le diga sus verdades en la cara? Mírese, como no le basta con estafar a mi marido, busca mujeres mayores y vulgares que lo mantengan. 

Ginevra: ¡¿Vieja y vulgar yo?!

Irene: Pues sí y solo hace falta que se mire en un espejo, “señora”.

Ginevra da un paso amenazante hacia Irene.

Ginevra: Escúchame bien, lagartona…

Irene: (molesta) ¡Yo no pienso escuchar nada y menos viniendo de usted que se ve tan corriente! Es más, ahorita mismo se van largando de la empresa o voy a llamar a seguridad. 

Marcela: Tía, usted no puede hacer eso. Diego trabaja para mí.

Irene: ¡Me importa un bledo! Tu empleado está ocasionando escándalos que afectan la imagen de la aseguradora con su amante, así que los quiero a ambos fuera ya mismo.

Diego toma a Ginevra de un brazo.

Diego: Dona Ginevra, vamos falar afora. 

Ginevra: (soltándose) ¡Yo no voy a mover un pie! Y en cuanto a ti, desgraciada, no sabes con quién te estás metiendo. 

Irene: Esta es mi empresa y no tengo por qué tolerar estos numeritos. Ya no lo pienso repetir una vez más. ¡Fuera o llamo a seguridad!

Ginevra: ¡Llámalos! ¿Tú crees que le tengo miedo a una momia como tú, llena de botox y extensiones!

Laura intenta aguantar la risa. Thiago se cubre el rostro con la mano, avergonzado. Irene contiene su ira. Diego intenta conciliar.

Diego: Dona Ginevra. Já foi suficiente…

Ginevra: Ella empezó. Lo que pasa, mujercita, es que tú tienes envidia de que una diva como yo te esté opacando. Te mueven los celos. Yo, por lo menos, soy natural. Mi piel canela resalta y opaca tu piel paliducha. Tú hasta a Morticia te pareces.

Irene: Ay, por favor. ¿Envidia yo de usted? ¿De una mujer tan corriente? De diva usted no tiene un pelo. Mírese. Parece vestida para un carnaval.

Ginevra comienza a reírse a carcajadas de forma irónica.

Ginevra: ¿Ah, sí?

De repente, la diva le lanza una brutal bofetada a Irene. Todos se impactan.

Ginevra: ¡Te voy a enseñar cuál es tu lugar, vampira jubilada! 

Ginevra no da espera y agarra del cabello a la ejecutiva. 

Irene: (aterrada) ¿Qué le pasa, maldita loca? ¡Déjeme!

Diego y Thiago corren a separarlas de inmediato, pero es inútil. Ginevra la mantiene agarrada del cabello con una mano y con la otra le propina varias cachetadas e incluso la araña. 

Diego: Dona Ginevra, pare com isso! 

Ginevra: (histérica) ¡Déjame, niño Diego! ¡Déjame que le voy a arrancar esas extensiones de bruja a esta mujerzuela!

Varios empleados se han reunido alrededor y presencian el acto. 

Irene: ¡Auxilio! ¡Llamen a seguridad!

Ginevra: ¡Vas a ver, desgraciada, infeliz! ¡Te voy a enseñar a respetar!

Laura: (angustiada) Ay, Marce. ¿Qué hacemos?

Marcela: Llama a los de seguridad. No hay de otra.

Laura: ¡De una!

Laura agarra el teléfono. Leoncio y Guillermo salen en ese momento de sus oficinas, y ambos se ponen ojipláticos al ver el escándalo.

Guillermo: (desconcertado) Pero ¿qué está pasando aquí?

Irene: ¡Ayúdenme! ¡Ayúdenme o esta loca me va a matar!

Guillermo: ¡Leoncio, haz algo!

Diego, Thiago y Leoncio logran finalmente apartar a ambas mujeres. Irene queda despeinada y furiosa, abrazada a su marido. Ginevra pierde un zapato en el forcejeo y es retenida por los hermanos brasileños.

Ginevra: ¡Oh santo cielo! ¡Suéltenme, suéltenme que se me cayó mi tacón italiano y de última colección!

Irene: (llorando) Menos mal vinieron. Esta mujer estaba fuera de control. Me quería matar.

Ginevra: ¡Te lo merecías, lagartija! ¡Yo no iba a permitir que me pordebajearas! ¡Ginevra Montiel se respeta! ¿Escuchaste?

Guillermo alza la voz evidentemente molesto.

Guillermo: ¡Bueno, ya basta! ¿Será que alguien me puede explicar qué significa esto? ¿Qué escándalo es este ? 

Todos se miran entre sí, apenados e incómodos por la situación. Ginevra respira agitada. Irene, por su parte, llora asustada.


INT. SEGUROS FERRER/SALA DE JUNTAS – DÍA

Irene camina de un lado a otro completamente alterada. Tiene el cabello despeinado, la ropa arrugada y el maquillaje ligeramente corrido. Leoncio intenta acercarse, mientras Guillermo permanece serio. Marcela se encuentra de pie junto a la mesa.

Irene: ¡Esto es inaudito! ¡Esa vieja loca me atacó como una chimpancé salvaje! ¡Por poco y me mata la muy cavernícola! ¡Miren nada más lo que me hizo! 

Leoncio: Irene, tranquilízate, mujer. Estás muy nerviosa.

Irene: ¿Cómo quieres que me tranquilice? Todos los empleados lo vieron, pero esto no se va a quedar así. Voy a demandar a esa ridícula por lesiones personales y también al brasileño ese!

Marcela suspira, intentando mantener la calma.

Marcela: Tía Irene, con todo respeto, usted también provocó a esa señora.

Irene: ¡Ah, bueno! ¡Lo que me faltaba! ¡Ahora sales tú a defender al brasileñito ese y a la sugar mommy que se consiguió! 

Marcela: Yo no estoy defendiendo a nadie. Solo digo la verdad. 

Irene: ¿No será más bien que a ti te interesa demasiado ese muchacho? 

Marcela: ¿Cómo?

Irene: No te hagas la idiota, Marcela. Te brillan los ojos cuando sales a defender al brasileño. Es obvio. Te gusta y no lo puedes ni disimular.

Guillermo interviene con firmeza.

Guillermo: Irene, ya basta. No ofendas a mi hija. Te recuerdo que es una mujer comprometida.

Irene: Ay, por favor, Guillermo. Tu hija sola se pone en evidencia.

Marcela: Ese es precisamente su problema, tía. A usted le encanta humillar a los demás y tirar veneno cada vez que abre la boca, así como lo hizo con Diego y con esa señora hace rato cuando los insultó. 

Guillermo: ¿Es eso cierto, Irene? ¿Tú los insultaste primero?

Irene se ve descubierta y guarda silencio unos segundos.

Irene: Bueno, ¿y qué si es cierto? Iba de salida a almorzar cuando me encontré con ese espectáculo de quinta. La mujer esa estaba encima del brasileño como una garrapata, besuqueándolo. Yo lo único que hice fue ponerlos en su lugar para que respetaran.

Marcela: Para exigir respeto, hay que respetar primero y usted humilló a Diego delante de todo el mundo, llamándolo estafador, cazafortunas y un montón de cosas más. ¿Qué clase de forma de exigir respeto es esa?

Leoncio: Marcela tiene razón y no pienso permitir que sigas en esa tónica con ese muchacho, Irene. Él ya tuvo suficiente anoche con el recibimiento que le dieron como para que lo sigas atacando. ¡Es mi hijo te guste o no!

Irene: Deja de ser tan estúpido de creerle a un desconocido de buenas a primeras. ¡Te quiere embaucar, Leoncio! ¡Date cuenta de una vez!

Leoncio: Por más que lo intentes, no lo vas a desacreditar. Yo le creo y lo voy a proteger de ti y de quien sea. ¿Te quedó claro?

Irene: ¡Esto sí que es el colmo! ¡Ahora salgo yo a deberles a todos ustedes!

De repente, llaman suavemente a la puerta.

Diego: (off screen) Com licença…

Todos voltean. Diego entra con evidente incomodidad y baja la mirada antes de hablar.

Guillermo: Diego, todavía no hemos terminado. Yo ya te iba a mandar a llamar.

Leoncio: Déjalo hablar de una vez, Guillermo.

Diego: Eu só quería pedir disculpas a ustedes por lo que aconteceu com a dona Ginevra. Eu sinto muito. Ella no deviu se comportar así.

Irene se acerca amenazante.

Irene: Lo que usted y toda esa gente deberían hacer es largarse de mi empresa y de mi casa inmediatamente.

Leoncio: ¡Irene! 

Irene: ¡No, Leoncio! ¡No pienso soportar más esto! ¡Y le advierto, joven, que voy a demandarlos! ¡Esto les va a salir caro a usted y a su amante!

Diego asiente con resignación.

Diego: Pode hacer lo que queira. Voy a responder.

Leoncio: Diego no se va a ir de la casa, Irene.

Diego: Yo creo que lo mejor es ir embora, senhor. No quiero causar más problemas para ustedes. Disculpem de novo. 

Marcela lo mira con cierta tristeza.

Diego: Con permiso.

Diego se dispone a salir. Marcela inmediatamente va detrás de él. Leoncio observa a Irene con molestia.

Leoncio: Ya estoy harto de ti y de tu actitud. 

Irene: ¡La que está harta soy yo! ¡Harta de que no me valores y que me ataques en vez de defenderme como tu esposa que soy! ¡Yo sí que estoy cansada!

Leoncio: Pues bueno. Entonces si estás tan casada y no nos soportamos, tal vez no sería mala idea divorciarnos.

Irene queda helada.

Irene: ¿Qué?

Guillermo: Leoncio, tampoco exageres…

Leoncio: No estoy exagerando. Yo también ya estoy cansado de este infierno de matrimonio y desde hace unos días se me ha hecho más pesado que nunca.

Irene: Claro. Desde que apareció ese muchacho ya todo cambió, ¿no?

Leoncio: Esto de los dos se arruinó desde hace muchos años. Diego no tiene nada que ver, aunque me hizo abrir los ojos y ver la clase de mujer tan déspota con la que me casé, así que si no cambias tu comportamiento, voy a considerar seriamente el divorcio.

Irene queda completamente impactada. Leoncio sale de la sala dejando a Irene inmóvil y furiosa. Guillermo observa preocupado.


INT. SEGUROS FERRER/PISO PRINCIPAL – DÍA

Ginevra forcejea indignada con los guardas de seguridad, quienes intentan contenerla. Thiago está a su lado. Laura permanece en su puesto, atenta.

Ginevra: (forcejeando) ¡Ya suéltenme, orangutanes! ¡Me están maltratando mis esbeltos brazos justo a mí que soy una delicada flor!

Laura, imprudente, murmura desde atrás mientras se lima las uñas.

Laura: Pues muy delicada tampoco se veía porque parecía un travesti peleando en una cantina.

Ginevra alcanza a escuchar un poco y se suelta de los guardas.

Ginevra: ¿Qué dijiste, niña?

Laura: Yo, nada, señora. Estoy hablando sola. 

Ginevra: Sí, hazte la idiota. 

Thiago: Dona Ginevra, para com essa paranóia, mulher. Vinimos pra causar uma boa impressão, não pra armar esse circo todo.

Ginevra: ¡Ah, claro! ¡Y yo tengo la culpa de que esa lagartija paliducha en tacones me provocara!

Diego hace aparición en ese instante y se acerca a su hermano. Marcela se queda prudentemente detrás de él.

Diego: (muy serio) Thiago!

Thiago: Ô, meu irmão (Hey, mi hermano).

Thiago intenta abrazarlo con una falsa emoción. Diego se aparta con molestia.

Diego: Você vai me explicar o que significa isso. Como é que você aparece aqui com essa mulher?

Thiago: Relaxa. Yo solo vine a te visitar para te acompanhar en tu nueva vida. 

Diego: Thiago, eu não estou de vacaciones, mano. Eu vine pra este país buscando o dinheiro da cirurgia. Você não podia viajar enfermo e abandonar a universidade. O que você estava pensando?

Ginevra: Ay, niño Diego, tampoco dramatices, mi corazón. El niño Thiago estaba muy deprimido desde que te fuiste y yo no podía dejar que viajara solito en ese estado tan vulnerable.

Thiago: Es verdad. Relaxa. 

Diego: E por que você não me avisou, Thiago?

Thiago: Porque era uma surpresa.

Marcela interviene discretamente. Leoncio aparece también detrás.

Marcela: Diego, así como te ofrecí antes, si quieren pueden hablar más cómodamente en mi oficina. Yo no tengo problema.

Diego: Obrigado, Marcela, mas acho melhor ir de una vez con ellos.

Marcela: ¿Cómo que te vas?

Diego: Vamos a buscar dónde ficar e voy a irme de tu casa.

Thiago abre los ojos alarmado al escucharlo.

Thiago: Espera, espera. Como assim? Não vamos ficar na casa da tua família rica?

Diego: Después de lo que aconteceu, yo no voy a voltar pra essa casa. Vamos buscar um hotel.

Ginevra: ¿Cómo que un hotel? Yo no hice un viaje de siete horas en avión para quedarme en un hotel. Venía preparada para vivir en una mansión, rodeada de lujo, como toda una mujer de sociedad.

Diego: Dona Ginevra, usted ni debería haber venido.

Ginevra: ¡Ingrato! ¿Es así como me pagas? He cuidado a tu hermano como si fuera un hijo y eso que estoy muy joven para ser madre. 

Laura rueda los ojos y se burla en voz baja.

Laura: Sí. ¿Cómo no?

Ginevra voltea a ver a la secretaria con los ojos entrecerrados. Laura finge que sigue limándose las uñas.

Leoncio: Perdón que me meta. Diego, por favor no te vayas. Tú eres mi hijo y tienes derecho a quedarte el tiempo que quieras, al igual que tu hermano y tu prometida.

Diego: (apenado) Ella no es mi prometida, señor. Es una conhecida, cliente de la pizzería donde trabajaba.

Ginevra: Pero pronto seré más que eso. Recuerda que solo pedía pizzas para darte todas las propinas a ti e hice este viaje para verte. ¿Qué más prueba de amor necesitas?

Diego: Dona Ginevra, chega com isso (Doña Ginevra, basta con eso). Está creando vergüenza en la cara de todos.

Leoncio: Bueno, Diego, como sea. De cualquier forma, no quiero que tomes decisiones apresuradas por culpa de Irene. Ella te tiene que aceptar.

Diego: Es mejor así. No quiero causar más problemas en su familia.

Marcela. Diego, un hotel les va a salir muy costoso si te piensas quedar en el país varios días. Yo no creo que sea buena idea.

Laura alza la mano tímidamente.

Laura: Disculpen que meta mi cuchara, pero mi abuela tiene una pensión. Hay cuartos disponibles y cobra barato. De pronto les sirve mientras encuentran algo mejor.

Diego frunce ligeramente el ceño.

Diego: (confundido) ¿Pensión?

Laura: Sí. Es como una casa donde alquilan habitaciones. Parecido a una residencia o a una vecindad, solo que más pequeña obviamente.

Marcela: Pues ahora que Laura lo menciona, eso me parece mucho mejor que un hotel costoso. Deberían aceptar y doña Inés es un amor. De seguro los va a atender muy bien.

Leoncio: Opino lo mismo, no suena mal. Pueden ir y ver qué les parece.

Laura: Sí, claro y si quieren, podemos irnos en un taxi después del trabajo. ¿Qué dicen?

Diego considera la idea. Thiago y Ginevra se ven evidentemente insatisfechos y poco convencidos.


INT. CASA DE LAURA E INÉS – NOCHE

Laura abre la puerta. Diego carga varias maletas con evidente cansancio. Thiago y Ginevra vienen detrás de él viendo a su alrededor el barrio.

Laura: Bien puedan. Pasen. ¡Lita, ya llegamos! (Grita para su abuela)

La casa es humilde, cálida y sencilla. Hay adornos religiosos, flores artificiales y un televisor pequeño sonando de fondo. Inés aparece desde el comedor secándose las manos con un trapito.

Inés: ¡Buenas, buenas! 

Diego: Buenas noches, senhora. 

Inés: Ay, pero si usted es el bizcocho que estaba acompañando a Marcelita esta mañana. Diego, ¿no?

Diego: (sonriendo con timidez) Sí, senhora. Prazer ver usted de nuevo.

Inés: Laura me llamó para decirme que me traía unos inquilinos. Me imagino que entonces son ustedes.

Laura: Sí, abuelita. Diego y su hermano están necesitando un lugar para vivir mientras tanto.

Diego le da un codazo a Thiago para que se presente. Thiago reacciona con cierta pereza y fuerza una sonrisa amable.

Thiago: Muito prazer, senhora. Eu me chamo Thiago e gracias por recebernos.

Inés: Ay, pero si hablan precioso. Me encanta. Es como el español pero más cantadito.

Thiago sonríe forzado.

Laura: Y la señora, pues…

Ginevra se apresura a corregirla con petulancia.

Ginevra: ¡Señorita!

Laura: Sí, bueno, la señorita es una conocida de ellos y también necesita un cuarto. 

Inés: Ah, ya veo. ¡Pues bienvenidos! Están en su casa. Pasen con confianza.

Todos se adentran a la casa. Ginevra observa alrededor con expresión horrorizada. Luego olfatea discretamente el ambiente.

Ginevra: ¡Oh santo cielo! ¿Por qué huele a pobre?

Inés: (sorprendida) ¿Cómo?

Diego: (avergonzado) No haga caso a ella, dona Inés. Dona Ginevra, a parte de ser atriz, também es una grande comediante.

Ginevra: ¡¿Comediante yo?!

Diego sonríe forzadamente mientras intenta salvar la situación.

Diego: Claro, dona Ginevra. Esse sentido del humor que usted tiene es lo que la hace tan… tan atractiva.

Ginevra cambia inmediatamente de actitud y se acomoda el cabello con vanidad.

Ginevra: Bueno, eso sí. La comedia también es un arte y yo soy arte.

Inés: ¡Ay, entonces me va a caer muy bien usted! A mí me encanta la gente alegre.

Inés suelta una carcajada simpática y le da un pequeño empujón amistoso a Ginevra. 

Ginevra: (hipócrita) Sí, qué linda. 

Ginevra mira con desprecio absoluto la parte del brazo donde Inés la tocó y sin notar su gesto, Inés se vuelve hacia Laura.

Inés: Laurita, mi amor, muéstreles las habitaciones mientras termino la comida.

Laura: Claro, lita.

Inés: Les estoy preparando una bandeja paisa deliciosa que se van a chupar los dedos. Van a ver. 

Laura: Ay, qué delicia. Les va a encantar. Mi abuelita cocina delicioso.

Thiago: ¿Bandeja paisa?

Inés: Sí, mijo. Es un plato típico de Medellín. De allá vengo yo. 

Thiago: Isso parece bom. Estoy con mucha hambre.

Inés: ¡No se diga más! Voy a ir sirviendo.

Inés se devuelve a la cocina. 

Diego: Yo vuelvo mais tarde. Tengo que regresar a la casa de los Ferrer por mis cosas.

Ginevra se acerca inmediatamente a él.

Ginevra: Ay, pero no te tardes, niño Diego. Mira que ya me castigaste mucho con tu ausencia cuando te fuiste de Brasil. 

Ginevra intenta besarlo en la boca. Diego se mueve rápidamente para esquivar a la diva.

Diego: Dona Ginevra, depois conversamos e se comporte, por favor.

Diego se retira de la casa. Ginevra hace un puchero ofendido.

Laura: Bueno, vengan. Yo les muestro los cuartos.

Thiago toma las maletas.

Thiago: Vamos.

Laura sube las escaleras contiguas a la puerta. Thiago la sigue. Ginevra mira nuevamente el lugar con sufrimiento exagerado.

Ginevra: ¡Oh santo cielo! Espero sobrevivir a este cuchitril. Todo sea por amor.

Ginevra no ve más opción y también sube.


INT. CASA DE LOS FERRER/COMEDOR – NOCHE

Entretanto, la familia cena. Pascual, como de costumbre, preside la mesa. Irene es la única que no se encuentra presente.

Pascual: ¿Irene dónde anda que no ha bajado a comer?

Leoncio: No está de humor y prefirió quedarse en la habitación.

Pascual: ¿Y qué hay del brasileño que tampoco lo veo aquí? ¿Cómo es que se llama?

Leoncio: Diego y no te preocupes que ya no lo vas a ver más.

Pascual: ¿Por qué? ¿Reconoció que es un estafador? (Toma un poco de jugo)

Leoncio: (molesto) Para nada. Todo lo contrario. Decidió irse por su cuenta para evitar que lo sigan tratando mal y se va a quedar en una pensión durante su estancia en el país.

Marcela: Sí, así es. Desde que llegó, casi todos lo han tratado de lo peor y se cansó. Me parece que antes fue muy respetuoso y todo un caballero.

Ulises corta la carne con sutileza y habla mientras lo hace.

Ulises: Veo que te cayó muy bien, prima (Lleva el pedazo de carne a su boca).

Marcela: (con seriedad) Pues ¿sabes que sí, Ulises? Me cayó superbién. Diego es un caballero en todo el sentido de la palabra a diferencia de tantos otros por ahí.

Ulises tensa un poco el rostro, aunque mantiene una sonrisa hipócrita dibujada.

Pascual: Bueno, mejor así. Cuando salga la prueba de paternidad, ahí sí tendrá todo el derecho de quedarse en esta casa. Por ahora es preferible que no nos amargue la existencia sin tener la seguridad de que pertenece a esta familia.

Leoncio: Muy pronto vas a tener esa seguridad para que dejes de crucificar al muchacho. 

Pascual: Pues eso espero En fin… Marcela, ¿cómo salió la presentación con los inversionistas, mijita?

El silencio cae inmediatamente sobre la mesa. Marcela baja un poco la mirada. Ulises continúa comiendo con aparente tranquilidad, aunque una leve sonrisa maliciosa asoma en sus labios.

Marcela: No tan bien como esperaba, abuelo. 

Pascual: (desconcertado) ¿Por qué?

Marcela: Hubo unos errores técnicos y la presentación prácticamente se me echó a perder.

Leoncio interviene rápidamente.

Leoncio: Yo me voy a encargar personalmente de cerrar el negocio, papá. Voy a cuadrar otra reunión con ellos para convencerlos de la inversión.

Pascual: Por lo menos no está todo perdido. En Seguros Ferrer no puede haber lugar para errores.

Marcela asiente con cierta tristeza.

Marcela: Yo sé, abue y por eso mismo he estado pensando en renunciar.

Pascual: ¿Renunciar? 

Guillermo deja los cubiertos a un lado.

Guillermo: Marcela, sobre eso tú y yo todavía tenemos que hablar.

Marcela lo mira algo dolida.

Marcela: Creo que ya todo quedó bastante claro en la reunión, papito. Una “colegiala irresponsable” no puede ocupar la gerencia comercial. 

Ulises sonríe con discreción ante ese comentario. Guillermo se incomoda al escuchar sus propias palabras en boca de su hija.

Ulises: Quizás el problema fue empezar tan arriba, prima. Hay veces en que es mejor ir paso a paso y no ser tan ambiciosa.

Marcela se incomoda. Pascual interviene inmediatamente.

Pascual: Usted cállese, Ulises. Por lo menos Marcela ha mostrado interés en la aseguradora, cosa que usted jamás ha hecho.

Ulises: Pues ahí sí se equivoca, abuelo. He estado pensando mucho las cosas y quería proponerle a mi papá que me dé un puesto en la empresa, aunque sea como asistente administrativo.

Todos se sorprenden. Marcela mira al joven con recelo como si no le creyera.

Leoncio: ¿Estás hablando en serio o es una broma tuya?

Ulises: Muy en serio, papá. Hace años hice el curso y nunca lo ejercí, pero creo que ya es hora de que comience a involucrarme en el negocio familiar mientras estudio administración de empresas.

Guillermo: ¿Y tú carrera de diseño gráfico?

Leoncio: Lo mismo pregunto yo. Me dijiste hace tiempo que eso era lo que te gustaba.

Ulises: Las personas cambian y entre más rápido madure, mejor para mí.

Pascual: (a Ulises) Bueno, pues si así van a ser las cosas, espero que de verdad le meta la ficha y no cambie de opinión después.

Ulises: Tranquilo, abuelo. Puede estar seguro de que no.

Ulises dirige una mirada breve y recelosa hacia Marcela. Ella solo respira hondo e intenta ignorarlo.


INT. CASA DE LAURA E INÉS/HABITACIÓN DE THIAGO – NOCHE

El baño es sumamente pequeño. Thiago está debajo de la ducha, pero cuando la abre, salta al sentir el agua helada.

Thiago: Caramba! 

Tiembla de frío mientras intenta mover inútilmente la llave del agua.

Thiago: Vish, não tem água quente nessa casa? (Uf, ¿no hay agua caliente en esta casa?)

De repente, escucha que tocan la puerta. Thiago cierra la llave, resopla fastidiado y alcanza una toalla para amarrarla a la cintura. Luego abre y se encuentra en primer plano con Laura, quien sostiene unas cobijas y las deja caer, sorprendida al ver al joven semidesnudo.

Laura: Ay, disculpa.

Laura se apresura a recogerlas del piso, apenada. Thiago la mira con seriedad. Ella intenta sonreír y luego, nerviosa, improvisa un portugués torpe.

Laura: Você… eh… necesita cobertor… porque muito frio…

Thiago la mira confundido unos segundos.

Laura: ¿Lo dije bien?

Thiago: (suspirando) Mais ou menos.

Laura hace un gesto apenado.

Laura: Ay, qué pena contigo. Es que todavía estoy aprendiendo portugués. Te decía que vine a traerte unas cobijas lanudas para el frío porque como ya te habrás dado cuenta, en esta ciudad hiela por las noches. Thiago es que te llamas, ¿no?

Thiago: (asintiendo) Sí.

Laura: Bueno, aquí tienes.

Thiago toma las cobijas sin nada de simpatía.

Thiago: Obrigado.

Laura sonríe algo embobada al verlo tan cerca.

Laura: De nada. Me llamo Laura, así que ya sabes mi nombre por si necesitas algo más. 

Thiago: Tá bom.

Thiago va a cerrar la puerta. Laura se da la vuelta, aunque el primero parece recordar algo. 

Thiago: Ah, espera aí. 

Laura se voltea de inmediato.

Laura: Sí, dime.

Thiago: Tuve un problema con la agua caliente. 

Laura suelta una pequeña risa.

Laura: Ah, bueno. Es que aquí ninguna habitación tiene agua caliente. Nada más mi pieza y la de mi abuela.

Thiago se pasa una mano por el cabello mojado, fastidiado.

Thiago: Meu Deus. Eu vou morrer de frio.

Laura: Pero no te preocupes. Cuando necesites bañarte con agua caliente, puedes usar mi baño. 

Thiago arquea apenas una ceja.

Thiago: Sério?

Laura: Sí, claro (Comienza a hablar portugués lentamente). Eu… não… tenho… problema. 

Thiago: Tá bom. Tal vez mañana.

Laura tarda unos segundos en reaccionar porque continúa mirándolo discretamente.

Thiago: ¿Hay mais alguma coisa?

Laura: ¿Ah? No, no. Era solo eso. En un rato puedes bajar a comer.

Thiago: Obrigado então.

Thiago cierra la puerta. Laura permanece unos segundos quieta en el pasillo y se muerde la uña del dedo índice.

Laura: (muy emocionada) Ay, Dios mío. Este sí está como quiere. Con Diego mejor ni me ilusiono porque sería para Marcela, pero este papacito brasileño sí puede ser para mí. ¿Por qué no? Un hermano para cada una.

Laura sonríe ilusionada antes de irse por el pasillo.


INT. CASA DE LOS FERRER/HABITACIÓN DE MARCELA – NOCHE

Marcela permanece sentada sobre su cama con la laptop encendida frente a ella. Missy, su gatita, descansa cómodamente sobre sus piernas mientras ella revisa una y otra vez su correo electrónico.



Marcela: (frunciendo el ceño) No entiendo. ¿Cómo se cambió sola la contraseña de mi correo?

Intenta escribir nuevamente.

Marcela: Y todos los archivos del pendrive desaparecieron así de la nada.

Missy maúlla suavemente. Marcela acaricia distraídamente a la gata.

Marcela: Sí, Missy. A mí tampoco me cuadra nada.

De repente, tocan la puerta.

Marcela: Pase.

Ulises entra con aparente tranquilidad. Missy inmediatamente se baja de la cama al verlo.

Ulises: Hola, Marcela. ¿Puedo?

Marcela lo mira con recelo.

Marcela: ¿Qué quieres?

Ulises: ¿Podemos hablar? Vine en son de paz.

Marcela se pone seria de inmediato y se pone de pie mientras se cruza de brazos.

Marcela: Qué raro en ti.

Ulises: Quería darte las gracias.

Marcela: ¿Gracias de qué?

Ulises: Por no haberle contado a la familia lo de Federico y yo.

Marcela: Yo jamás sería como tú y tu mamá. Ustedes sí que disfrutan aprovecharse de lo malo que le pasa a los demás para lanzar veneno en cada oportunidad, pero yo no soy así. 

Ulises: Ya baja la guardia conmigo, Marcela. Aunque no me creas, yo siempre te he admirado mucho, prima.

Marcela: (incrédula) ¿Ah, sí?

Ulises: Hablo en serio. Tú siempre has sido la inteligente, la preparada, la perfecta y sí, quizá eso me generó cierto resentimiento, pero no porque seas mala persona. El problema soy yo y mi complejo de inferioridad.

Marcela: Pues qué bueno que por fin lo reconoces porque muy a pesar de lo que me hiciste, yo siempre he creído que tú eres capaz de muchas cosas, Ulises. Para mí también eres muy teso y solo falta que te lo creas tú mismo.

Ulises: Gracias. Te debo una disculpa y te pido perdón por haberme metido tan descaradamente en tu relación. Te juro que me arrepiento y me avergüenzo. Me porté como una perra y lo reconozco. 

Marcela no puede soltar una risa ante el comentario.

Marcela: Bueno, pues ya que tú lo dices, no tengo objeción. Me dolió mucho viniendo de los dos, pero especialmente de ti que eres mi primo y que se supone que somos familia.

Ulises: Sí, yo sé. Federico ni siquiera tiene la culpa. El que le cayó encima fui yo y por eso lo deberías perdonar.

Marcela: ¿Perdonarlo? Ni loca. Yo no voy a volver con él. Federico me engañó en mis narices de una manera muy descarada.

Ulises: Dale una oportunidad, Marcela. Federico te quiere. Yo fui el que comenzó a estar encima de él, seduciéndolo, metiéndole ideas en la cabeza para que experimentara y pues, cayó. Es hombre y los hombres a veces son, tú sabes, de pensar más con la de abajo que con la de arriba. 

Marcela: Tú no dijiste eso esa noche. Te veías bien indignado y por lo que entendí, él también te usó.

Ulises: Yo dije eso porque tenía rabia y porque quería que pensaras lo peor de él, pero la culpa es mía. Federico de verdad está dispuesto a todo por ti y no quisiera que dañes tu relación tan bonita con él por mí.

Marcela: Muy tarde, Ulises. Podré perdonarlo con el tiempo, pero eso no significa que vayamos a volver. Yo no estoy dispuesta a perder mi dignidad así.

Ulises: Por lo menos piénsalo.

Guillermo aparece en la puerta entreabierta en ese instante y toca un par de veces.

Guillermo: ¿Interrumpo

Ulises: Para nada, tío. Ya me iba. Que descanses, primita.

Ulises le dedica una pequeña sonrisa hipócrita antes de salir de la habitación. Guillermo entra lentamente.

Guillermo: ¿Todo bien?

Marcela suspira y vuelve a sentarse en la cama para abrir la laptop.

Marcela: Más o menos. Estaba intentando recuperar mi correo y por más que intento, no lo logro. Parece que me hackearon o algo. 

Guillermo se queda pensativo unos segundos y se sienta junto a ella.

Guillermo: Marcela, estuve pensando mucho en lo de hoy y reconozco que sí fui muy duro contigo, hija. Te pido perdón. 

Marcela resopla, mirando la pantalla de la laptop.

Marcela: ¿Qué te puedo decir? Me sentí fatal (Lo mira) Tú me conoces mejor que nadie y sabes lo responsable que soy, papá.

Guillermo: Yo sé (Le toma una mano). Y precisamente por eso no quiero que vayas a renunciar a la empresa, mi amor. 

Marcela suspira con tristeza.

Marcela: Yo creo que sí debo empezar desde abajo en otra parte. Todos tienen razón y sí fui muy ambiciosa queriendo ocupar un cargo tan alto.

Guillermo: No confundas ambición con capacidad. Tú estás preparada para ese puesto y para mucho más. 

Marcela: (indecisa) Ay, no sé…

Guillermo le acaricia el cabello, mirándola con ternura.

Guillermo: Ese cargo no se trata de querer acaparar, sino de trabajar en algo que esté a tu altura y a tu potencial. Tú eres brillante, hija. No tomes decisiones así a la ligera.

Marcela: Lo tengo que pensar. Esta vez quiero hacer las cosas bien.

Guillermo: Hagamos algo. Tómate mañana libre, no mandes la carta de renuncia todavía, despeja la cabeza y lo piensas bien. ¿Listo?

Marcela asiente lentamente.

Marcela: Listo. Está bien.

Guillermo sonríe con cariño.

Guillermo: Entonces ¿sí me perdonas?

Marcela lo mira unos segundos antes de sonreír.

Marcela: Sí, papito, claro. ¿Cómo no te voy a perdonar?

Guillermo sonríe aliviado y la abraza. Marcela le corresponde el abrazo con afecto mientras Missy vuelve a subir a la cama y se acomoda junto a ellos.


INT. CASA DE LOS FERRER/HABITACIÓN DE IRENE – NOCHE

Irene permanece sentada frente al tocador mientras se aplica hielo sobre uno de sus cachetes golpeados. La mujer se encuentra en bata y hace una mueca de dolor.

Irene: Vieja desgraciada. Mi cara está perfecta así tal cual como está. Todavía me acusó de usar botox la muy infeliz viendo que solo me hago un par de retoques.

Ulises entra a la habitación en ese instante.

Ulises: ¿Mamá?

Irene lo mira por el espejo. 

Irene: (en mal tono) ¿Qué?

Ulises se percata del cachete inflado de su madre.

Ulises: ¿Qué te pasó?

Irene: Hoy una travestona ridícula se infiltró no sé cómo en la aseguradora y se me fue encima cuando la puse en su sitio. Decía ser la dizque futura esposa del brasileño.

Ulises: Ay, no, qué oso. Entonces ¿el sambero está comprometido?

Irene: No sé y tampoco me importa. Me tiene sin cuidado lo que pase con ese tipejo.

Ulises: ¿Fue por eso que no bajaste a cenar para que no te vieran así?

Irene: Sí y también para no verle la cara al brasileño y a tu papá que siempre sale a defender a ese aparecido. 

Ulises: Por el sambero no te preocupes. Tal parece que ya no va a volver por acá.

Irene se gira con interés al escucharlo.

Irene: ¿Estás seguro?

Ulises: Fue lo que dijo mi papá. 

Irene: (aliviada) Menos mal porque no soporto saber que ese tipo vive en esta casa, aunque tampoco puedo bajar la guardia. Desde que apareció ese brasileño, Leoncio anda más sensible e insoportable que nunca. Hoy hasta me habló de divorcio.

Ulises: (sorprendido) ¿Qué? ¿Cómo que divorcio?

Irene: Así como lo oyes y no pienso arriesgarme a perder todo lo que nos corresponde por culpa de un aparecido.

Ulises: ¿Tú crees que sí haya posibilidad de que el sambero sea mi hermano?

Irene: (pensativa) Por desgracia sí, así que por eso debes andarte con cuidado y asegurarte un lugar en la aseguradora porque de confirmarse alguna cosa, ese tipo te puede robar tu lugar al ser el hijo mayor.

Ulises: Yo ya hice mi parte.

Irene: ¿De qué hablas?

Ulises: Les dije a todos en la cena que quiero trabajar en la aseguradora como asistente administrativo y también les conté que pensaba comenzar una carrera en administración de empresas.

Irene arquea una ceja con satisfacción.

Irene: Qué bueno. Veo que seguiste mis consejos.

Ulises: Pero espérate porque eso no es lo único. Ya me encargué de ponerle la primera zancadilla a Marcela.

Irene: (confundida) ¿Cómo así?

Ulises: Yo saboteé la presentación.

Irene abre los ojos con sorpresa genuina.

Irene: ¿Fuiste tú?

Ulises: Sí. Le cambié la contraseña del correo y borré los archivos del pendrive mientras desayunaba esta mañana.

Irene lo mira impresionada a la vez que contenta.

Irene: No me lo puedo creer. Debo admitir que no esperaba eso de ti, hijo.

Irene se acerca orgullosa y le da un beso en la frente para luego abrazarlo.

Irene: Esa es la actitud que yo quería ver. Ya era hora de que dejaras de comportarte como un niñito y sacaras las uñas.

Ulises: Tú me has enseñado, mamá. Todo lo que soy te lo debo a ti.

Irene: Y lo que más espero es que te superes todavía más. En esta familia nadie regala nada y el que no pelea por su lugar, termina aplastado. Así de simple.

Irene sigue abrazándolo durante varios segundos. Ulises se recuesta en el pecho de ella, sonriendo con malicia. 


INT. CASA DE LOS FERRER/HABITACIÓN DE HUÉSPEDES – NOCHE

Diego permanece sentado al borde de la cama mientras habla por videollamada desde su celular. Francisco aparece del otro lado de la pantalla.

Francisco: Entonces sí era verdad que ese necio de Thiago se fue para Colombia.

Diego: O senhor sabia?

Francisco: Fui a buscarlo esta mañana temprano a la casa de ustedes y no me abrió nadie. Luego me encontré casualmente con…

Diego: (extrañado) Com quem?

Francisco: Con Luana…

Diego baja la mirada un poco al oírlo, pensativo.

Francisco: Me dijo que vio unas fotos que Thiago subió a las redes sociales montándose al avión y con una bandera de Colombia. Me las mostró y se me hizo raro. 

Diego: ¿Usted contó algo a ella sobre mí?

Francisco: Jamás, mijo. Usted me conoce y sabe que yo soy muy serio. Además a mí esa muchacha nunca me cayó bien, pero en fin. Volviendo al tema, lo llamé todo el día para avisarle, pero usted ni me contestó.

Diego: Tuve un dia corrido, seu Francisco. Thiago e a Dona Ginevra apareceram lá na aseguradora y ella hizo un escándalo.

Francisco: (sorprendido) ¿Doña Ginevra? No me diga que esa mujer también está allá.

Diego: Vino sí. Thiago trajo ella.

Francisco niega con la cabeza.

Francisco: Yo no entiendo qué pretenden esos dos.

Diego suspira cansado.

Diego: Estou suspeitando que o Thiago concordó alguna coisa com ella para pagar los billetes de avión y los gastos del viaje.

Francisco: Ay, esa vieja calenturienta. Va a ser un problema tenerla allá encima suyo.

Diego: Fique tranquilo. No voy a caer en el juego de ellos. Apenas o senhor Leoncio me emprestar el dinero, vou voltar pro Brasil com Thiago, esperar ele se operar, se recuperar… y luego vou regressar pra Colombia pra pagar tudo.

Francisco: ¿Y no ha pensado en que Thiago mejor se opere allá mismo? Así usted se evitaría tantos viajes de ida y vuelta, y Thiago no estaría de aquí para allá.

Diego parece considerar seriamente la idea.

Diego: Tal vez sea mejor, sí.

Francisco: Claro y además, así su hermano no se va a desgastar tanto el corazón y pues allá también hay médicos. Hasta Leoncio Ferrer le puede recomendar un cirujano. 

Diego: Vou pensar, seu Francisco. Muito obrigado por se preocupar. Voy a colgar para que usted descanse porque ahí ya es más tarde. Sí aquí son las ocho, allá deben ser las diez.

Francisco: Sí, aquí ya son dos horas más.

Diego ríe apenas.

Diego: Verdade.

Francisco: Cuídese mucho, Diego.

Diego: O senhor também.

La videollamada termina. Diego mete el celular al bolsillo y agarra su ropa sucia para meterla al bolso sin percatarse del paquete de cocaína que se esconde más en el interior. Leoncio toca la puerta un par de veces, pues ya se encontraba entreabierta. 

Leoncio: Diego…

Diego alza la mirada y se pone de pie de inmediato.

Diego: Boa noite, senhor.

Leonio: Veo que entonces sí te vas. 

Diego asiente con cierta pena.

Diego: Creo que es lo más sensato. 

Cierra su bolso y se lo cuelga en la espalda.

Diego: Yo no quiero seguir ocasionando problemas aquí e solo vine por as mias coisas.

Leoncio: Está bien. Tampoco te puedo insistir u obligar, pero sea como sea, esta siempre va a ser tu casa.

Diego: Yo… (Hace una pausa) Quería falar uma coisa com usted antes de yo ir.

Leoncio: Sí, claro. Dime.

Diego: ¿Hay possibilidade de que hagamos la prueba de ADN mais rápido? De verdad preciso resolver lo de la operación do Thiago cuanto antes, más ahora que ele está aqui.

Leoncio: (asintiendo) Claro, claro. Es más. Mañana mismo te puedo pasar un cheque.

Diego: Yo preferiría que hagamos la prueba primeiro para usted tener certeza de que… (Hace una pausa, algo incómodo) De que somos padre e hijo.

Leoncio: Diego, a ver. Para mí la prueba es un puro formalismo para callarles la boca a mi papá y a mi esposa. Yo sé muy bien que tú sí eres hijo mío. Confío en ti. 

Diego se sorprende al oírlo. 

Leoncio: Y… de ser posible, nada me haría más feliz que hacer las cosas bien contigo y estar presente en tu vida.

Diego: Creo que va a ser difícil. Todavía sinto mucha raiva por lo que aconteceu com a minha mãe. 

Leoncio frunce los labios y asiente.

Leoncio: Te entiendo. Yo no pretendo que me llames “papá”, así de la noche a la mañana o que me veas como tal, pero ya sabes que aquí estoy y que conmigo puedes contar para lo que sea. 

Diego: Obrigado, senhor. 

Los dos permanecen unos segundos en un silencio algo incómodo.

Diego: Ya me voy.

Leoncio: Listo. 

Se acerca y le da una palmada en el hombro.

Leoncio: Pásate mañana o cuando puedas por la oficina para darte el cheque.

Diego: Certo. Boa noite. 

Diego sale de la habitación. Leoncio se queda viéndolo con cierta tristeza y nostalgia. 


EXT. CASA DE LOS FERRER/ALBERCA – NOCHE

Pascual camina despacio, mirando hacia el cielo, mientras sostiene un vaso de licor del cual bebe poco a poco. 

Pascual: Ay, Gertrudis. Hoy estaríamos cumpliendo cincuenta años de casados, mi amor y aquí me tienes, hablándote solo como un viejo ridículo.

Pascual sonríe con tristeza.

Pascual: Donde no te me hubieras ido tan ligero, a lo mejor yo no me hubiera convertido en este viejo amargado que soy.

Pascual bebe un poco de licor.

Pascual: Para mí no fue nada fácil sacar dos hijos varones yo solo y al mismo tiempo encargarme de la aseguradora. Te necesité mucho conmigo.

Pascual resopla y bebe otro poco de licor con los ojos puestos en el cielo nocturno, aunque, de repente, comienza a ver el cielo borroso y él procede a rascarse los ojos. 

Pascual: ¿Qué fue?

Pascual cierra los ojos varias veces, parpadeando y esperando que la vista se le aclare, pero en lugar de ello, todo a su alrededor empieza a distorsionarse y siente un terrible mareo.

Pascual: (adolorido) Argh…

Pascual camina tambaleándose y se pone la mano en la sien. El mareo aumenta y, sin darse cuenta, el anciano se aproxima al borde de la piscina.

Pascual: ¡¡Leoncio!! ¡¡Guillermo!!

Pascual da vueltas y gime adolorido hasta el punto en que da un paso en falso, cayendo en la piscina. El patriarca de la familia emerge desesperado, chapaleando torpemente.

Pascual: ¡Auxilio! ¡Auxilio!

Traga agua y vuelve a hundirse parcialmente.

Pascual: (desesperado) Auxi…

Pascual sigue luchando por mantenerse a flote. Chapalea, pero le es inútil y no consigue nadar.

CONTINUARÁ…

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