Capítulo 9: Frenesí de emociones
INT. SEGUROS FERRER/SALA DE JUNTAS – DÍA
Irene se encuentra encabezando una reunión con varios ejecutivos. Una presentación se proyecta en una pantalla.
Irene: Con el paso de los años, se ha observado que nuestras relaciones institucionales han disminuído debido al innegable surgimiento de la competencia en el sector comercial. Es por este motivo que es indispensable fortalecer la relación de Seguros Ferrer con la Superintendencia y los organismos reguladores.
Los asistentes asienten y toman apuntes. Irene camina por la sala de juntas con soltura.
Irene: La reputación institucional no se construye sola, señores y, por ende, debemos comenzar a trabajar en una serie de estrategias que nos van a ayudar al fortalecimiento de dichas relaciones. Nos urge un cambio y…
De repente, tocan la puerta y se abre ligeramente.
Laura: (apenada) Disculpen. Doña Irene…
Irene: (fastidiada) ¿Qué pasa, niña?
Laura: Perdón por interrumpir, pero…
Irene: Estoy en una reunión.
Laura: Yo sé y me disculpo, pero es que…
Laura se adentra en la oficina para susurrarle a la mujer y ambas hablan en voz baja para no ser oídas por los ejecutivos.
Laura: Doña Ginevra volvió y está abajo en recepción.
Irene: Yo no conozco a ninguna persona con ese nombre.
Laura: Es la de ayer, la misma con la que usted se peleó.
Irene: ¿La verdulera esa se atrevió a volver?
Laura: (asintiendo) Sí y pide hablar con Diego.
Irene: ¿Y acaso usted no le dijo que ese tipo no está aquí?
Laura: Mandé a decirle con la secretaria de recepción, pero no nos cree e insiste en verlo porque si no va a formar otro escándalo.
Irene resopla frustrada.
Irene: Voy a terminar aquí y enseguida salgo.
Laura: Está bien.
Laura sale de la oficina. Irene continúa su presentación.
INT. CASA DE LAURA E INÉS/COCINA – DÍA
Thiago observa con evidente desagrado una montaña de masa y varios recipientes con ingredientes sobre la mesa. Inés termina de amarrarle un delantal floreado.
Inés: ¡Listo! ¡Le quedó perfecto!
Thiago: Isto es inacreditável, senhora.
Inés: (confundida) ¿Ina qué?
Thiago resopla, fastidiado.
Thiago: Inacreditável, incrível…
Inés: ¿Increíble?
Thiago: Isso. Yo nunca coziñé en mi casa.
Inés: Más bien lo increíble es que usted me diga eso. ¿Quién le preparaba su comida entonces?
Thiago: O Diego sempre cozinhava pra mim.
Inés: Pues le tengo noticias, mijo. En este país usted sí va a cocinar porque a su hermano no lo va a tener al lado siempre. ¡Ni más faltaba!
Thiago rueda los ojos.
Thiago: Dona Inés, yo estoy estudando pra ser empresário, no cozinheiro. Este tipo de coisa no son de mi nivel.
Inés: ¿Y a usted quién le dijo que cocinar es deshonra? ¡No, señor! Hasta los ricos se saben al menos fritar un huevo. Míreme a mí que cocino, vendo empanadas, manejo taxi, vendo productos de belleza, soy masajista, paseadora de perros, peluquera…
Inés va contando sus múltiples trabajos con los dedos.
Inés: Es que donde le cuente todo lo que hago, nos quedamos hasta la noche y aun así véame. Me mantengo regia y me da tiempo de hacer las comidas.
Thiago: (fastidiado) Sí, pero esto es un abuso. Voy a pagar por vivir aquí, no por cocinar.
Inés: Bueno, ya, ya. Deje de quejarse y póngase mejor a trabajar. Laurita ya me contó esta mañana antes de salir que a usted le gusta el agua caliente, ¿no?
Thiago: Para el frio de esta cidade, sí. Es una tortura tomar banho sin agua caliente.
Inés: Bueno, pues entonces le tengo un trato. Usted me ayuda hacer las empanadas y yo le mando instalar un calentador allá en el cuarto en menos de lo que canta un gallo.
Thiago: (dudoso) ¿Sério?
Inés: ¡Claro, mijo! Yo ante todo soy una mujer de palabra y también sé ser agradecida.
Thiago se queda pensando unos segundos.
Thiago: (resignado) Está bien.
Inés: (sonriendo victoriosa) Así me gusta.
Le señala todos los ingredientes.
Inés: Cuando vuelva del turno con el taxi quiero ver todo eso convertido en empanadas. ¿Oyó?
Thiago observa la enorme cantidad de masa, desanimado.
Inés: Y cuidadito me deja la cocina hecha un desastre o me olvido del trato. Ahí lo dejo, eh.
Inés sale de la cocina. Thiago espera unos segundos.
Thiago: Meu Deus do céu...
Toma un pedazo de masa y lo lanza frustrado.
Thiago: Não era isso que eu queria fazer quando cheguei neste país, caralho (Esto no era lo que quería hacer cuando llegué a este país, carajo).
Justo en ese instante, el joven siente una leve punzada en el pecho.
Thiago: (adolorido) Argh…
Thiago se lleva una mano al pecho y respira profundo. De repente, su celular comienza a sonar. Ignora la dolencia y duda en contestar, pero al final saca el teléfono del bolsillo de su jean y se sorprende al ver en la pantalla quién lo llama.
Thiago: (contestando) Oi… Luana?
RÍO DE JANEIRO
EXT. PLAYA – DÍA
Luana descansa bajo una sombrilla, en ropa interior y usa lentes de sol.
Luana: Hola, Thiago. ¿Cómo estás?
INTERCUT THIAGO/LUANA
Thiago frunce el ceño.
Thiago: Desde quando você fala espanhol? (¿Desde cuándo hablas español).
Luana: Eu falo não, mas queria praticar com você que fala muito melhor do que eu (No lo hablo, pero quería practicar contigo que lo hablas mejor que yo).
Thiago: (con seriedad) O que você quer? (¿Qué quieres?)
Luana se acomoda las gafas de sol.
Luana: Já sei que você e o Diego estão na Colômbia (Ya sé que tú y Diego están en Colombia).
Thiago: E daí? (¿Y qué?)
Luana: Tem mais oportunidades por aí? (¿Hay más oportunidades por allá?)
Thiago: Isso não é da sua conta (Eso no es de tu incumbencia).
Luana: Claro que é.
Luana se retira las gafas y enarca una ceja con seriedad.
Luana: Você foi embora sem me dizer nada (Te fuiste sin decirme nada).
Thiago: Porque não tinha que te dizer (Porque no tenía que decirte).
Luana: Tinha sim. Você já esqueceu quantas vezes a gente se encontrou pra ir pra cama? (Sí tenías. ¿Olvidaste cuántas veces nos encontramos para irnos a la cama?)
Thiago se pone tenso al oírla.
Luana: O Diego nem imagina. Você gostaria que eu ligasse pra ele pra perguntar ou pra contar sobre os encontros da gente? (Diego ni se lo imagina. ¿Te gustaría que lo llamara para preguntarle o para contarle sobre nuestros encuentros?)
Thiago: Não se atreve, Luana. Deixa meu irmão em paz. Pela primeira vez na vida a gente tem uma oportunidade de verdade e não quero que você estrague, tá? (No te atrevas, Luana. Deja a mi hermano en paz. Por primera vez en la vida tenemos una oportunidad de verdad y no quiero que lo arruines. ¿Entendido?).
Luana entrecierra los ojos.
Luana: Que oportunidade?
Thiago no responde.
Luana: Tá vendo? É isso que eu não gosto (¿Estás viendo? Eso es lo que no me gusta).
Luana se pone bocabajo en la manta puesta sobre la arena y sonríe con picardía.
Luana: Tem alguma coisa acontecendo aí e eu odeio quando as pessoas escondem coisas de mim (Hay alguna cosa pasando allá y detesto cuando las personas me esconden cosas).
Thiago: Você nunca amou o Diego. Por que tem interesse em saber dele? (Tú no quisiste a Diego. ¿Para qué tienes interés en saber de él?).
Luana: É verdade que nunca amei ele, mas não suporto que algo escape do meu controle. Então fala (Es verdad que nunca lo amé, pero no soporto que algo se escape de mi control, así que habla).
Thiago baja la mirada, impotente. Piensa durante varios segundos y resopla sin saber qué decir.
INT. SEGUROS FERRER/PRIMER PISO – DÍA
Entretanto, en la recepción del edificio, dos guardas de seguridad contienen a Ginevra, quien gesticula indignada.
Ginevra: ¡Ya les dije que no me voy de aquí! ¡Quiero ver a Diego! ¡Díganle que salga!
Guarda 1: Señora, por favor, cálmese y retírese.
Ginevra: (furiosa) ¡No me digas señora! ¡Mira que apenas paso de los treinta!
Guarda 2: Como sea, tiene prohibida la entrada al edificio.
Ginevra: (reacia) ¡Pues no me voy! De acá solo me sacan muerta. ¿Oyeron, culisucios? ¡Muerta!
Irene aparece en ese instante acompañada por Laura.
Irene: Veo que hoy decidió madrugar para hacer escándalos.
Ginevra gira inmediatamente.
Ginevra: ¡Ay, pero si es la lagartija entaconada!
Laura no puede evitar soltar una leve risa. Irene se voltea a fulminarla con la mirada y deja de reírse de inmediato.
Laura: (apenada) Perdón.
Irene: (a Ginevra) En cuanto a usted, “señora”, me parece que ya le informaron que el brasileño no se encuentra aquí, así que no insista y lárguese por las buenas.
Ginevra: No te creo. De seguro tú lo mandaste a esconder.
Irene: (cruzándose de brazos) ¿Y para qué haría yo semejante cosa?
Ginevra: Pues porque me tienes envidia y me lo demostraste ayer cuando quisiste humillarme, solo que te equivocaste, mi corazón. ¡Yo no me dejo humillar de nadie y menos de una vampira jubilada como tú!
Irene intenta contener su enojo y le sonríe con hipocresía.
Irene: Qué concepto tan alto tiene de usted misma.
Ginevra: ¡Por supuesto! Yo soy una actriz retirada de mucho renombre y no me voy hasta hablar con mi hombre.
Irene arquea una ceja.
Irene: ¿Su hombre?
Ginevra: Sí. Diego, mi brasileño, mi novio, mi prometido, mi futuro marido. ¡Mi todo!
Irene: (con burla) Y si es tan suyo, ¿por qué él la niega?
Ginevra se queda congelada un segundo.
Ginevra: (balbuceando) Pues… pues porque todavía no tenemos nada oficial.
Irene: (poco convencida) ¿Todavía?
Ginevra: Sí, pero lo tendremos y vine a asegurar mi terreno antes de que alguna suripanta colombiana quiera quitármelo.
Irene la mira con aparente compasión.
Irene: Pues me temo que llegó un poco tarde, señora. Parece que ya va perdiendo terreno.
Ginevra: ¿Qué quieres decir? ¡Explícate!
Irene hace una seña a los guardas.
Irene: Suéltenla.
Los guardas obedecen. Ginevra se acomoda la ropa rápidamente.
Ginevra: Más te vale explicarme ahora mismo a qué te refieres.
Irene sonríe con tranquilidad.
Irene: Sígame y con mucho gusto se lo explicaré.
Ginevra la observa con desconfianza.
Ginevra: ¿Para dónde?
Irene: A mi oficina.
Irene comienza a caminar. Ginevra duda apenas un instante, pero decide seguirla. Laura las observa alejarse.
Laura: ¡Ay, Virgen del Carmen! Dios las hace y ellas se juntas. ¿Qué se traerá entre manos la doña Irene?
Laura se queda pensativa.
INT. CASA DE LOS FERRER/HABITACIÓN DE MARCELA – DÍA
Marcela y Federico entran. Ella cierra la puerta y lo mira con molestia al tiempo que se cruza de brazos.
Federico: (con cautela) ¿Ulises está?
Marcela: (con indiferencia) La verdad no sé. Por lo general a esta hora tiene clase en la universidad.
Federico: Bueno, mejor. De verdad significa mucho para mí que me escuches.
Marcela: Entonces empieza. Tienes cinco minutos para hablar, Federico. ¡Ni uno más! Y te advierto de antemano que sea lo que sea, no va a cambiar en nada la cosas.
Federico: No te predispongas.
Marcela: No me estoy predisponiendo. Estoy siendo radical, así que sin importar lo que digas, mi opinión sobre lo que pasó no va a cambiar y tampoco pretendas que te voy a perdonar.
Federico: Pues por lo que veo, si no le has dicho nada a tu familia, es porque todavía tienes alguna esperanza de que arreglemos las cosas.
Marcela: No te confundas. Si no he dicho nada es por Ulises que sigue siendo mi primo a pesar de la porquería que me hizo.
Federico suspira y tarda en hablar como si buscara las palabras.
Federico: Yo sé que me equivoqué, Marcela. Fui un guevón, un imbécil y sí, la cagué.
Marcela lo mira sin conmoverse.
Federico: Tal vez sí sea bisexual. Me gustan tanto hombres como mujeres, no sé, pero también es verdad que Ulises me la puso fácil.
Detrás de la puerta, Ulises escucha con cautela y su expresión se endurece.
Federico: Él me buscó. Estaba encima de mí a cada rato y se me metió por los ojos.
Marcela suelta una risa amarga.
Marcela: ¡Ah, no, bueno! ¡Qué casualidad! Ulises vino anoche a decirme exactamente lo mismo. Hasta abogó por ti y se echó la culpa. Parece que se hubieran puesto de acuerdo. ¿Es otro jueguito más que se inventaron los dos para verme la cara de tonta o qué?
Federico: Claro que no, pero si él te lo reconoció, ahí tienes. Yo no tengo la culpa. Ulises siempre te ha envidiado, amor.
Ulises tensa el rostro y empuña las manos.
Marcela: No me digas así.
Federico: Bueno, a lo que voy es que él es un peligro para ti. Te envidia en todo y no quiere que seas feliz. ¿Por qué crees que se metió en nuestra relación?
Marcela resopla y se acomoda el cabello con evidente exasperación.
Marcela: A ver, Federico. Para que alguien se meta a una relación, uno de los dos tiene que ceder y ese fuiste tú. Ulises hizo una cosa horrible, sí, pero tú no te salvas. Me engañaste. ¿Sí te das cuenta? Y no solo me fuiste infiel, sino que nunca fuiste sincero con lo de tu sexualidad. ¿Hasta cuándo me lo pensabas esconder?
Federico: Marce, lo que pasó con tu primo fue un error y lo reconozco. Tú no te imaginas el asco que me da de solo acordarme de las veces que me acosté con él, pero estaba borracho.
Ulises respira de forma pesada y se llena de rabia al oírlo.
Federico: (off screen) Ulises se aprovechaba de mí y confundió las cosas.
Ulises: (susurrando) Esto no fue en lo que quedamos. El muy desgraciado está intentando hacerme quedar mal otra vez…
Dentro de la habitación, Marcela y Federico siguen conversando.
Federico: Mi sexualidad da igual porque yo te amo a ti y te deseo solo a ti, mi amor.
Federico intenta acercarse para besar a la joven, pero ella se aparta.Marcela: ¡Ni se te ocurra!
Federico: Marcela, te lo suplico. Volvamos, por favor.
Marcela: Yo no voy a volver contigo, Federico. ¿Está claro? Por más que me pidas perdón, yo ya tomé una decisión y no me voy a echar para atrás.
Federico: (desesperado) Piénsalo. Estamos a dos meses de la boda. Yo me quiero casar contigo.
Marcela: Yo ya no.
Federico queda paralizado y derrotado al oírla.
Marcela: Y si te soy sincera, hasta te agradezco que todo esto haya pasado para abrir los ojos porque ni siquiera estaba segura de nuestra relación y mucho menos de casarme.
Las palabras le caen como una bofetada al hombre.
Federico: No digas eso.
Marcela: Es la verdad. Yo no te amo. Me gustabas, sí y solo acepté ser tu novia porque muy en el fondo pensé que debía darme una oportunidad contigo. Inclusive acepté el matrimonio por pura presión de mi familia, pero ya me cansé de las apariencias y eso te incluye a ti.
Federico: Yo sé que me estás diciendo todo eso porque estás despechada y sí, ya sé que te herí tu orgullo de mujer por meterme con otro hombre, pero…
Marcela: (lo interrumpe) ¡Pero nada! Esto no se trata de si eres gay, bisexual o lo que sea. Entiende que se trata del engaño, de la mentira…
Federico: Perdóname. Te lo suplico.
Marcela: Lo siento. Ya la decisión está tomada y creo que ya dijiste suficiente. Vete.
Federico: No seas así conmigo. Dame una oportunidad. Si Ulises es lo que te preocupa, cuando nos casemos, podemos irnos a vivir a otro lado o a otro país.
Ulises continúa escuchando detrás de la puerta, lleno de rabia.
Federico: Yo no lo voy a volver a ver porque no significa nada para mí. Te lo juro.
Ulises: (susurrando) Maldito…
Ulises siente el impulso de entrar y colocar la mano en el picaporte, pero se abstiene y termina por marcharse de así.
Federico: Dame una sola oportunidad. ¡Una sola! Y te juro que nunca te vuelvo a engañar así, mi vida. ¡Por favor!
Marcela: Ya basta. Vete.
Federico: ¿Cómo más quieres que te demuestre que estoy arrepentido?
Marcela: No necesito que demuestres nada y tampoco voy a seguir escuchando tus babosadas.
Federico: Marcela...
Marcela: ¡Que te vayas!
De pronto, el hombre dibuja una sonrisa cínica en el rostro.
Federico: Tú no quieres que me vaya. Me quieres castigar, yo sé. Te quieres hacer la difícil.
Marcela: Para que veas que no, esta es la última vez que te pido que te retires.
Federico comienza a acorralarla.
Federico: (incrédulo) ¿Ah, sí?
Marcela: ¡Federico, te lo estoy pidiendo! ¡Vete!
Federico: (continúa acercándose) Yo ya me conozco ese jueguito. Ustedes las mujeres son así. Me quieres hacer sentir mal para vengarte, pero muy en el fondo te mueres de ganas de que te haga el amor.
Marcela: ¡Eres un asqueroso!
Federico: ¿Me lo vas a negar?
Marcela: ¡Lárgate o voy a gritar!
Federico la sujeta por la fuerza e intenta besarla.
Marcela: ¡¿Qué te pasa?! ¡Suéltame!
Federico: Esto querías, ¿no? Te gusta que sea así, brusco, rudo.
Marcela: (forcejeando) ¡Que me sueltes o no respondo de mí, Federico! ¡No te metas en problemas!
Federico comienza a toquetearla y a besarla.
Federico: (callándose) Sh, ya, ya. ¿Por qué te estás poniendo tan difícil si esto es lo que quieres?
Marcela: (gritando) ¡Estás loco! ¡Suéltame!
Federico: Déjate querer, mi amor, así como siempre.
Marcela: ¡Que me sueltes!
Marcela voltea el rostro, completamente asqueada. Diego viene justo caminando por el pasillo después de haber salido del estudio y al pasar por la habitación, alcanza a escuchar.
Marcela: ¡Déjame ya!
Diego reconoce la voz alterada de la joven y sin dudarlo entra a la habitación de golpe.
Diego: Ei!
Federico se gira sobresaltado.
Marcela: ¡Diego!
Marcela aprovecha la distracción para soltarse de inmediato y apartarse varios pasos. Federico aún está agitado. Diego lo agarra de la camisa.
Diego: Deixa ela em paz, seu desgraçado!
Federico frunce el ceño y mira al brasileño de arriba a abajo con desprecio.
Federico: (soltándose) ¿Y usted quién carajos es? ¿Un empleado?
Diego: Yo soy primo de la señorita y no voy a permitir que faltes a ella el respeito.
Federico sonríe con incredulidad.
Federico: ¿Primo? Yo no sabía que Marcela tenía primos tan corrientes.
Marcela: (furiosa) ¡Eso a ti no te importa, Federico! ¡Ya lárgate!
Federico: Tú y yo no hemos terminado, Marcela y usted (a Diego) lárguese. Esto no es asunto suyo, guevón. No se meta en lo que no le importa.
Diego: En el momento em que você coloca las manos en ella, sí es meu assunto.
Federico da un paso hacia él y le sonríe con burla.
Federico: Veo que, a parte de igualado y de tener pinta de bodeguero, es como medio retrasado usted, ¿no?
Diego lo mira con ganas de lanzarle un puño.
Federico: Habla rarito. ¿Tuvo problemas de lenguaje o qué?
Diego: Eu sou brasileiro.
Federico: ¿Brasileño?
Federico voltea a ver a su exprometida con una sonrisa llena de burla y enarca una ceja.
Federico: ¿Quién es este tipo de verdad, Marcela? Porque tu primo no creo. Nunca me hablaste de que tuvieras más familia. ¿Tan rápido me cambiaste y por tan poca cosa?
Marcela: No tengo por qué darte explicaciones. Vete de una buena vez.
Diego le pone una mano en el hombro a Federico con brusquedad.
Diego: Você já escuchou..
Federico empuja a Diego.
Federico: (furioso) ¡A mí no me toque, idiota!
Diego: Entonces se vaya para evitarmos problemas.
Federico se ríe con desprecio.
Federico: ¿Me está amenazando?
Federico y Diego quedan frente a frente, tensos. Marcela observa preocupada.
Diego: Pode tomar como quiera. Marcela es mi prima y no vou permitir a nadie se aprovechar de ella.
Federico: Es mi prometida y usted por lo que veo un recién aparecido. ¿Si capta?
Diego: Incluso así, vou defender ella de quién sea.
Federico: ¿Ah, sí? ¿Y qué va a hacer?
Federico se acerca, retándolo. Diego no se mueve ni un centímetro.
Marcela: ¡Federico, lárgate!
Federico: (a Diego) Hable. ¿No que tan hombre?
Diego no se deja intimidar.
Diego: Se volver a tocar ella, eu parto sua cara. ¿Está claro?
Federico: Hágalo. Lo quiero ver.
Marcela decide interponerse entre ambos.
Marcela: Diego, no le hagas caso ni caigas en sus provocaciones, por favor. Y tú (a Federico), lárgate si no quieres que llame a la policía para denunciarte por acoso sexual.
Federico: No serías capaz.
Marcela saca el celular del bolsillo de su jean y se lo muestra en tono amenazante.
Marcela: No me retes.
Federico se ve derrotado. Mira a ambos con rabia.
Federico: Estás cometiendo un error bien grave, Marcela.
Marcela: El error lo cometí desde un principio cuando te acepté en mi vida sin conocerte y ya me cansaste. Es mi última advertencia o te voy a denunciar.
Federico guarda silencio durante unos segundos y asiente con una sonrisa amarga para suavizar su derrota.
Federico: Listo, está bien. Me voy, pero no me voy a quedar con las ganas de decirte lo estúpida y desagradecida que estás siendo.
Marcela no le responde y lo mira con decepción.
Federico: Deberías agradecerme que por lo menos un tipo como yo, bien parecido, de buena familia, me fijé en ti después de lo aburrida y lo adicta al trabajo que eres, y si terminé buscando a otra persona, en parte fue por tu culpa. Eres mala, malísima con ganas en la cama.
Marcela se queda herida por el comentario, aunque intenta ocultarlo.
Diego: (furioso) Vete o a la próxima palabra, juro que vou partir tua cara.
Federico: Te vas a arrepentir, Marcela.
Marcela: ¡Fuera!
Federico la observa unos segundos más y finalmente sale de la habitación, chocando de hombro a propósito con Diego. Marcela siente que los ojos se le llenan de lágrimas y el silencio se apodera del lugar.
Diego: Que filho de… (Qué hijo de…)
Diego se calla abruptamente al ver el estado de la joven.
Diego: Você está bem?
Marcela se limpia rápidamente las lágrimas.
Marcela: Sí. Estoy bien. Nada más que estoy muy nerviosa y con mucha rabia por lo que pasó.
Diego: ¿Segura?
Marcela: (asintiendo) Sí, Diego. Gracias. Por ahora, preferiría estar sola, por favor.
Diego se queda callado unos segundos, mirando con pena a la joven y asiente.
Diego: Está certo.
El hombre da media vuelta dispuesto a retirarse. Marcela intenta mantenerse firme unos segundos, pero finalmente se le quiebra el rostro y rompe a llorar.
Marcela: Diego, espera…
El brasileño se detiene y gira. Marcela lo observa con los ojos vidriosos y se siente incapaz de hablar. Diego entiende y se acerca para abrazarla. Marcela no duda en corresponderle y él la rodea con sus brazos. Ella llora en el pecho de él al tiempo que el brasileño la conforta, frotándole la espalda. Los dos se quedan así varios segundos.
INT. CASA DE LOS FERRER/COBERTIZO – DÍA
Ulises, entretanto, entra al cobertizo y cierra la puerta de un portazo. Respira agitadamente mientras que las palabras de Federico resuenan una y otra vez en su cabeza.
Federico: (eco) Ulises confundió las cosas… Me da asco acordarme de las veces que me acosté con él.
Ulises se lleva ambas manos a los oídos.
Ulises: ¡Cállate!
Federico: (eco) Yo no lo voy a volver a ver porque no vale nada para mí.
Ulises: (furioso) ¡Cállate! ¡Cállate, infeliz!
El joven toma una caja de herramientas y la lanza contra la pared. La caja se estrella violentamente y varias herramientas caen al suelo. Ulises, fuera de sí, comienza a tirar todo lo que encuentra a su paso.
Ulises: ¡Mentiroso! ¡Mentiroso!
Rompe a llorar. Patea una silla y rueda por el suelo.
Ulises: ¡Eres un maldito mentiroso, Federico!
Golpea una mesa con el puño y su respiración se vuelve cada vez más irregular. Pronto, termina dejándose caer de rodillas. Llora desconsoladamente, como un niño abandonado.
Ulises: ¿Por qué me hiciste esto? ¿Por qué me tratas como una basura si te quiero?
Ulises no logra parar de llorar y hasta comienza a temblar. Es evidente que ha entrado en una severa crisis emocional.
Ulises: Te quiero, Fede.
Ulises sigue ahogándose en su propio llanto. Las lágrimas no dejan de correr y permanece así varios segundos mientras recuerda las palabras de su madre.
FLASHBACK
Ulises: No me parece justo. Tengo veinticuatro años y soy lo suficientemente adulto para decidir lo que quiero.
Irene: A mí no me importa si es justo o no. Tampoco te estoy preguntando. Es una orden. Yo no te tuve para ser un perdedor y si no vas a hacer lo que te digo, te largas y vas a la policía a contar lo que hiciste anoche para que te encierren a ver cuánto aguantas sin mí.
Irene no dice más y de forma contundente, sale de la habitación, cerrando la puerta con fuerza.
FIN DEL FLASHBACK
Ulises deja de recordar. Poco a poco el llanto comienza a transformarse en rabia y levanta la cabeza, dejando ver que sus ojos están rojos.
Ulises: Mi mamá tiene razón…
Limpia sus lágrimas con fuerza y aprieta los puños.
Ulises: Yo no puedo ser un perdedor. ¿De qué me sirve llorar y tirar todo al piso?
Ulises sigue temblando, aunque ya no llora.
Ulises: ¡Federico no va a seguir burlándose de mí! ¡Claro que no! ¡Es él el que se tiene que arrastrar, no yo y me las va a pagar!
El joven aquello con firmeza, seguridad y con los ojos llenos de rabia.
INT. SEGUROS FERRER/OFICINA DE IRENE – DÍA
Irene entra. Ginevra la sigue y observa con curiosidad la oficina, la cual se ve moderna y bien arreglada.
Irene: Cierre la puerta y tome asiento.
Ginevra obedece, aunque mira con suspicacia a la ejecutiva y se sienta al frente de ella. El escritorio en medio las separa.
Irene: ¿Quiere tomar algo? ¿Un café, una aromática?
Ginevra: (con petulancia) Gracias, pero yo solo tomo jugos dietéticos. El café mancha los dientes, querida y las aromáticas me dan sueño, y no quiero ponerme tan arrugada como tú.
Irene contiene su molestia al oírla y resopla.
Irene: Haré de cuenta que no oí nada porque el asunto que nos concierne y por el que le pedí que habláramos va más allá de las diferencias que tuvimos el día de ayer.
Ginevra: Entonces habla de una vez y explícame qué fue lo que quisiste decir allá abajo. Mira que me pongo de muy mal humor cuando me quieren quitar lo que es mío.
Irene: ¿Lo suyo?
Ginevra: Claro. Mi colágeno. Digo, mi hombre. Diego es mi hombre y de nadie más.
Irene no puede evitar reírse.
Irene: Tranquila, no tiene por qué darle pena llamar al brasileño colágeno. Después de todo eso es él para usted. Diego no pasa de los treinta, creo y para la edad que usted tiene, pues…
Ginevra: (ofendida) ¡Respétame, lagartija! Te advierto que hoy no ando con mucha paciencia, así que no empieces.
Irene: Está bien. Yo no quiero pelear y discúlpeme si lo tomó a mal. Mire, Ginevra…
Irene pone las manos sobre el escritorio y las entrelaza.
Irene: Es cierto que nuestro primer encuentro ayer no fue el más… ¿Cómo decirlo? ¿Civilizado?
Ginevra: Quizás. Debo reconocer que me excedí un poco y bajé de categoría peleándome contigo.
Irene: Yo también reconozco que la impresión que le di no fue la mejor, pero trate de entender. Desde que este muchacho llegó diciendo ser hijo de mi marido, no he tenido paz.
Ginevra continúa mirando con suspicacia a la mujer y sin fiarse totalmente de ella.
Irene: Dígame usted cómo reaccionaría si a su “hombre” le aparece un hijo de otra mujer de la cual fue amante. ¿Qué haría?
Ginevra: ¡La destriparía con mis uñas!
Ginevra agarra unos documentos que había sobre el escritorio y los arruga con rabia con tan solo contemplar esa posibilidad. Irene se sorprende.
Irene: Esos documentos eran muy importantes. Estaban sin firmar.
Ginevra: (apenada) ¡Ups!
Ginevra intenta desarrugar los papeles. Irene intenta sonreírle con hipocresía, aunque quisiera matarla con la mirada.
Irene: Tranquila. Déjelos ahí. Yo luego los mando a imprimir otra vez. En fin, volviendo al tema, le estoy contando esto para que se ponga en mi lugar, nos llevemos bien y tengamos un poco de solidaridad de mujer, usted conmigo y yo con usted, ¿no le parece?
Ginevra: Bueno, puede ser, pero ya deja de darme vueltas y dime entonces qué necesito saber.
Irene sonríe con picardía y se recuesta en su silla.
Irene: Verá… He observado algo que me ha puesto muy pensativa. Marcela, mi sobrina, la que usted vio ayer al lado de su brasileño, ha estado últimamente muy pegada a él.
Ginevra: (sorprendida) ¡Oh santo cielo! ¿Pegada en qué sentido?
Irene: Van juntos a todas partes, hablan todo el tiempo, lo defiende por encima de cualquiera y honestamente, yo creo que a la muchachita esa le gusta.
Ginevra: ¿Estás segura?
Irene: Es muy evidente. Marcela prácticamente se come a Diego con la mirada y usted como mujer sabe que nosotras somos expertas en percibir ese tipo de cosas.
Ginevra: Pero no comprendo cómo si se supone que son primos. ¡Entonces es una pecadora! ¡Una incestuosa!
Irene: Técnicamente no. Marcela es adoptada, así que no existe ningún impedimento real.
Ginevra: Esa muchachita sí tiene descaro. ¡Es una suripanta de lo peor! ¡Una lagartona!
Ginevra se levanta furiosa.
Ginevra: ¿Dónde vive? Dime dónde vive para enseñarle quién manda aquí.
Irene: Cálmese, Ginevra. Yo considero que así no se hacen las cosas.
Ginevra: ¿Cómo que así no?
Irene: Usted es una mujer inteligente. ¿Para qué rebajarse a una pelea cuando puede hacer algo mucho más efectivo?
Ginevra la observa con interés.
Ginevra: ¿Qué estás proponiendo?
Irene: ¿Qué le parece un escándalo? Un pequeño, claro, pero lo suficientemente ruidoso para que mi sobrina recapacite y no se meta con hombres ajenos.
Ginevra: ¿Y por qué ayudarías a una desconocida en contra de tu propia sobrina?
Irene: Tómelo como un favor de mujer a mujer. Marcela es mi sobrina, es cierto, pero me parece una desfachatez lo que está haciendo sabiendo que está comprometida y en dos meses se casa. Hay que darle un escarmiento.
Ginevra termina sonriendo también.
Ginevra: Me agrada cómo piensas, lagartija.
Irene: (forzando una sonrisa) Déjemoslo en Irene, ¿quiere?
Ginevra: Está bien.
Ginevra le extiende la mano a Irene.
Ginevra: Que sea entonces un trato, niña Irene.
Irene estrecha la mano de la diva.
Ginevra: ¡Me voy a encargar de darle un buen escarmiento a esa tipita! ¡Cuenta con ello!
Las dos mujeres dibujan sonrisas maliciosas en sus rostros.
INT. CASA DE LOS FERRER/TERRAZA – DÍA
Está atardeciendo. Marcela observa el cielo bogotano cubrirse de un anaranjado suave mientras el viento sopla su cabello y se recuesta en el balcón. Diego aparece con dos botellas de cerveza. Marcela sonríe.
Marcela: ¿Una cerveza?
Diego: Foi a única coisa que encontrei allá en la cozinha e creio que después de lo que aconteceu, hace falta, por lo menos para se dispersar.
Marcela: Bueno, sí. Tienes razón.
Marcela le recibe la botella y ambos las chocan para hacer un brindis.
Marcela: Salud.
Diego: Saúde.
Los dos toman un sorbo. Diego hace una mueca.
Marcela: (riendo) ¿Qué pasó? ¿Sabe mal?
Diego: (negando) Está bien.
Marcela: ¿Y esa cara?
Diego vuelve a tomar un sorbo y sonríe analizando el sabor.
Diego: Es diferente. En Brasil, la cerveja es mais forte. Esta está con un sabor mais, no sé, mais leve.
Marcela: ¿Y eso es bueno o malo?
Diego: Depende. El sabor allá es de playa, calor, casi no se siente que es cerveza, aunque no importa el país. Cuando minha mãe murió y después cuando las cosas se pusieron difíceis con Thiago, seu Francisco foi la única persona que sempre esteve aí.
Marcela: ¿Seu Francisco?
Diego: Sí, meu jefe de la pizzería. También es colombiano.
Marcela: ¿De verdad? ¿Y su primer nombre es “seu”? Nunca lo había escuchado.
Diego: Ah, es que “seu” es como decir “señor” o “don”. Tengo mucho respeito por él.
Marcela: Ah, con razón. Veo que lo aprecias mucho.
Diego: Para mí es como un padre. Él me convidava a uma cerveja quando eu estava triste e precisava conversar. De ahí aprendí que no importa el lugar o el momento para tomar cerveza sempre que haver una buena conversa.
Marcela: Me gusta esa forma de ver las cosas y ya me dio curiosidad probar una cerveza con sabor brasileño. Es más, ¿sabes qué? Debería planear en mis próximas vacaciones un viaje a Brasil. Hasta tú podrías ser mi guía como lo fui yo contigo. ¿Por qué no?
Diego: (sonriéndole) Pode contar com isso. Você será bem-vinda.
Marcela: Bueno, ya no te puedes echar para atrás, aunque me debes unas clasesitas para al menos comunicarme.
Diego: (dudoso) Hum, aí vai ser difícil.
Marcela: Ay, sí eres. ¿Por qué? El otro día me dijiste que podías ser mi profesor.
Diego: Es que creo que no voy a tener mucho tempo disponível. Don Pascual me dio trabajo.
Marcela: ¡Claro! Es verdad que esta mañana pidió hablar contigo y con lo que me pasó en la tarde se me olvidó. Entonces ¿sí te contrató?
Diego: (asintiendo) Sí. Me dijo voy a ser como un todero o un auxiliar. Debo carregar coisas, levar paquetes, hazer diligências…
Marcela: Ay, qué bueno. Me alegra que mi abuelo por fin bajara la guardia contigo y te diera un empleo.
Diego: Es cierto. Es un tipo duro, pero suponho que no es una persona ruín.
Marcela: Creo que quieres decir que no es mala persona.
Diego: (riendo apenado) Certo. Todavía me cuesta me acordar de algunas palabras y siempre termino hablando portuñol.
Marcela: ¡Claro que no! Hablas superbién. Yo ya quisiera poder hablar portugués así como tú hablas español. Qué lástima que vayas a estar ocupado para que me lo enseñes.
Diego: Pensando bien, talvez pueda apartar un espaço pra você.
Marcela: (ilusionada) ¿De verdad?
Diego: Sí, aunque no sei si sea un bon professor, hein. No soy muy experiente.
Marcela: No te preocupes. Con que me enseñes lo básico, me conformo. Laura me puede acompañar en las clases. Ella encantada.
Diego: Pode ser. Laura é muito simpática.
Marcela: Sí, aunque habla hasta por los codos, pero así la quiero. Ha sido mi mejor amiga desde que empecé las prácticas de la universidad en la aseguradora. Me ayudó bastante y gracias a ella aprendí muchas cositas que desconocía, ¿y sabes una cosa? Eso ahora eso me está pasando contigo.
Diego: (extrañado) ¿Por qué?
Marcela: Digamos porque de alguna manera tú también me estás ayudando y enseñando muchas cosas, pero no de la aseguradora, sino de la vida. Creas o no, ayer cuando conversamos en la terraza de la empresa, me quedó muy grabado lo que me dijiste sobre dejar de preocuparme de las apariencias. ¿Te acuerdas?
Diego: Sí, claro.
Marcela: Y eso justo lo apliqué hoy. Quizá en otras circunstancias, hasta le hubiera dado una oportunidad al patán ese de Federico y no porque de verdad lo amara, sino precisamente por guardar las apariencias.
Diego: Qué bueno que você se dio de conta. Da para ver que esse tipo não te merece.
Marcela: Lo bueno es que me siento aliviada porque conocí la clase de persona que es.
Diego: Yo te entendo porque pasé por algo parecido.
Marcela: (con curiosidad) ¿Con tu exnovia?
Diego sonríe con nostalgia y asiente.
Diego: Sim.
Marcela: ¿Y qué pasó? Si deseas contarme, claro (Bebe un sorbo).
Diego: Para mí ella era perfeita. Parecía modelo, simpática, divertida, muito sexy também.
Marcela arquea una ceja ante ese último atributo mencionado. Diego se ríe.
Diego: Gostava mucho de ella. Era como um sueño que una mujer así se fijase em mim e quise ella mucho. El problema era que todos los hombres pensaban igual que yo.
Marcela guarda silencio. Diego bebe un sorbo, mirando al horizonte.
Diego: Después descubrí que salía con varios al mismo tiempo y contaba la misma historia para todos.
Marcela: ¿Cuál?
Diego: Que precisava de dinheiro para ajudar a la mamá enferma de ella.
Marcela: ¿Y la mamá sí estaba enferma?
Diego niega con la cabeza.
Diego: Nem sequer existía. Ella era huérfana (Marcela se sorprende). Contaba la misma historia para tirar dinheiro de varios a la misma vez y durante mucho tiempo pensé que yo era especial (Baja la mirada hacia la botella). Después entendí que era uno más.
Marcela lo observa con ternura.
Marcela: Pues no la conozco, pero fue una estúpida. No entiendo cómo alguien deja ir a un hombre tan lindo y tan noble como tú.
Diego parpadea varias veces, sorprendido.
Diego: Eu?
Marcela: Sí, tú.
Diego: (riendo) Eu não sou tão bueno como você cree.
Marcela: (incrédula) Ajá.
Diego: De verdad. Soy celoso.
Marcela: ¿Sí?
Diego: Muito (Marcela se ríe) Y además soy muy impuntual. Pergunta para o seu Francisco que me tiene entre ojos.
Marcela: (riendo) Bueno, eso sí lo puedo creer.
Los dos comparten una mirada más larga de lo normal, sonriéndose mutuamente.
Marcela: Yo tampoco soy perfecta, Diego. Tengo mis defectos y como te diste cuenta, siempre termino fingiendo que estoy bien y no me gusta mostrarle a nadie que soy débil. Prefiero anestesiar lo que siento con el estudio o con el trabajo, pero a lo que voy es que…
Marcela sonríe con timidez y baja la mirada.
Marcela: Nadie es perfecto. Podrán ser pocos días los que llevamos de conocernos, pero tú sí eres especial y esa muchacha no se dio cuenta del hombre tan valioso que eres.
Diego: Gracias, de verdade. Es bonito saber que piensas isso de mim.
Los dos se quedan en silencio. Por un instante ninguno aparta la mirada como si quisieran decirse más o ir más allá. Marcela se pone un poco nerviosa y termina por hacer un carraspeo en la garganta.
Marcela: Bueno y pues ya que mencionas gracias, más bien las gracias te las debo yo a ti por defenderme hoy y por escucharme. Te agradezco mucho, en serio.
Diego: Fue nada. Comigo pode contar para lo que precisar.
Marcela: Espero entonces que te quedes mucho tiempo. ¿Finalmente sí te vas ir de la casa o no?
Diego: Creio que es mejor quedar aquí. Mañana debo me levantar temprano para meu primeiro trabajo, aunque devo ir ver mi hermano en la pensión más tarde. Preciso hablar con él.
Marcela: ¿Y qué te pusieron a hacer?
Diego: Parece que hay unas cajas de documentos antigos de la aseguradora que ya digitalizaram y don Pascual quiere guardar las cajas en el cobertizo para desocupar el estudio.
Marcela: ¿No te parece un trabajo muy duro?
Diego: Para mim está bien. Eu gosto de ganhar las cosas con esforço.
Marcela: Te admiro por eso. Mi abuelo encontró al empleado perfecto entonces.
Diego: Não sei se perfeito, mas vou tentar.
Marcela termina el último sorbo de cerveza.
Marcela: Bueno, profesor de portugués, creo que te debo dejar descansar. Mañana es tu primer día de trabajo y ya hiciste mucho por mí desde anoche que salvaste a mi abue y luego con lo de hoy. Descansa.
Diego: Obrigado. Você também precisa descansar.
Marcela: (asintiendo) Buenas noches, Diego.
Diego: Boa noite.
Marcela se dirige hacia el interior de la casa, pero antes de entrar, se gira un instante.
Marcela: Y gracias por aparecer en mi vida.
Marcela le dedica una sonrisa y desaparece dentro de la casa. Diego la observa marcharse y una sonrisa inevitable aparece en su rostro, aunque luego la borra.
Diego: (susurrando) Caraca, estou gostando muito dela, mas eu não posso confundir as coisas (Carajo, me está gustando mucho, pero no puedo confundir las cosas)
Diego se recuesta en el balcón y termina de beber su cerveza.
Diego: Marcela é minha prima. Ela está sendo só amável comigo e eu não vim pra cá procurando namorada (Marcela es mi prima. Ella está solo siendo amable conmigo y yo no vine aquí a buscar novia).
El joven resopla con cierta desilusión y le da el último sorbo a la botella.
INT. APARTAMENTO DE FEDERICO – NOCHE
El reloj colgado en la pared de la sala marca las diez. Federico se encuentra sin camisa en la sala, con una copa de vino en la mano mientras habla por teléfono, recostado en la barra de la cocina.
Federico: Sí, papá. Todo va bien (Pausa). Yo ya te dije que no te tienes que preocupar por nada. Marcela está bien. Todo lo tengo bajo control y nos vamos a casar.
Federico hace una pausa nuevamente y rueda los ojos.
Federico: Sí, yo sé. Deja ya de repetirme lo mismo (Pausa). Esta vez déjame hacer las cosas a mi modo. Toda la vida te la pasaste reprimiéndome cuando te conté lo que sentía y me tuve que aguantar tus cantaletas por años, diciéndome cómo me debía comportar, cómo debía hablar, cómo me debía ver, entonces ya. Déjame tranquilo que yo resuelvo mi vida. ¿Estamos? Nadie se va a dar cuenta de que soy gay para que no te defraudes.
De repente, tocan el timbre.
Federico: Luego hablamos. Tengo que colgar. Te llamo después.
Federico se apresura a terminar la llamada, fastidiado, aunque no tarda en dibujar una sonrisa de burla.
Federico: Debe ser Marcela. Yo sabía que no se iba a aguantar y me iba a venir a buscar.
El hombre camina hasta la puerta y abre, aunque pronto su sonrisa se desvanece. Ulises está frente a él con una evidente expresión de descontrol.
Federico: ¿Ulises?
Ulises: (muy ebrio) ¡Qué maleducado! ¿No me vas a invitar a pasar?
Ulises entra a la fuerza. Federico cierra la puerta.
Federico: ¿Qué mierda? ¿Estás borracho?
Ulises: Sí y mucho. Me le robé un vino añejado a mi abuelo que tenía guardado y no solo estoy borracho. Mira lo que tengo.
Ulises saca del bolsillo de su pantalón un sobre transparente que contiene polvo blanco.
Ulises: ¿Quieres?
Federico: (con seriedad) Claro que no. La verdad no estoy de humor y menos viéndote así. Vete, por favor.
Ulises: ¡Pues no me voy! Y si vine hasta aquí fue para ver si tienes las güevas de repetirme en mi cara lo mismo que le dijiste a mi primita esta tarde.
Federico se sorprende al oírlo y se siente descubierto.
Federico: ¿Estabas en la casa?
Ulises: Sí y escuché todo. Escuché cada una de las cosas que le dijiste a esa mosca muerta para echarme toda el agua sucia a mí y quedar tú como un santo que no rompe un plato.
Federico: Ulises, lo que sea que escucharas, tiene una explicación…
Ulises: ¿Explicación? ¡Yo te oí, Federico!
Ulises lo empuja, furioso.
Ulises: ¡Te oí! Le dijiste a Marcela que me aproveché de ti borracho y que te daba asco acostarte conmigo. ¡Me jugaste doble!
Federico: Estás equivocado y si le dije todo eso fue para convencerla porque se supone que ese era el plan que acordamos.
Ulises: ¡Bien dicho! ¡Se supone! Quedamos en que yo la iba a convencer de perdonarte y que te iba a echar una mano, pero no incluía que me trataras como una basura, como una porquería delante de ella. ¡Me humillaste delante de mi peor enemiga!
Federico baja la mirada sin saber qué decir. Ulises lo mira dolido y con los ojos vidriosos.
Ulises: ¿Es que no te bastaba con pedirle perdón? ¿Por qué tratarme así? (Federico sigue sin responder) ¿Todo lo que le dijiste es lo que piensas de mí de verdad? ¡Respóndeme!
Ulises vuelve a empujarlo con fuerza.
Ulises: Mientras que a mí me aseguraste que la querías recuperar para que tú y yo estuviéramos cerca, a ella hasta le propusiste que se fueran lejos cuando se casaran para evitarme. ¿Cuál es tu juego entonces? ¿La estás engañando a ella o me estás engañando a mí? ¡¡Habla!!
Ulises lo empuja una vez más.
Federico: (exasperado) ¡A ver, Ulises! Yo no pienso seguir con esta situación. La pasamos bien y siempre la terminas cagando con tus reclamos, con tus celos. Es inútil intentarlo contigo y no puedo más. ¿Sabes qué? Es mejor que te vayas. Te voy a pedir un taxi.
Federico agarra su celular. Ulises se lo arrebata y lo lanza lejos.
Federico: ¿Qué te pasa?
Ulises: Vine a buscar respuestas y no me pienso ir hasta que me respondas, así que dime a qué estás jugando. ¡Ten pantalones si tan macho te crees y tanto asco te da acostarte con otro hombre!
Federico: No voy a caer en este jueguito tuyo, así que no hagas perder la paciencia. ¡Lárgate!
Ulises: ¿Y qué vas a hacer? ¿Pegarme o zamparme un puño en la cara como la vez pasada?
Federico: Mejor no me provoques.
Ulises: (muy decepcionado) Eres un infeliz, Federico. Todo este tiempo jugaste conmigo. Lo peor es que te creí por segunda vez y me utilizaste para quedar bien con Marcela cuando la única verdad es que fuiste tú el que me buscó y el que se me metió por los ojos. ¡Eres un miserable! ¡Un perro desgraciado!
Ulises no duda en lanzarle una fuerte bofetada que resuena por el apartamento. Federico reacciona, adolorido, y luego lo agarra de las muñecas.
Federico: ¡Tú a mí no me pegas! ¿Te quedó claro?
Ulises: (intentando soltarse) Déjame, maldito.
Federico: Tú empezaste y ahora sí me vas oír. ¿Querías que hablara? Bueno, ahí te va a ver si entiendes de una vez por todas.
Ulises derrama lágrimas discretas ante la rabia y dolor que se siente. Federico lo suelta con brusquedad.
Federico: Para mí, el sexo con hombres solo es un desahogo, nada más y ahí entrabas tú. Yo solo te llamaba y te buscaba para una cosa y nunca te diste cuenta que lo de nosotros era sin compromiso. Eran acostones y hubiera sido chévere que así se quedara, pero no…
Ulises respira agitadamente.
Federico: Le metiste sentimientos y ese fue tu error, no mío, así que no me eches la culpa. Más bien deja de ser tan mariquita y tan ridículo como para creer que el mundo es de color rosa. Madura, Ulises.
Ulises lo observa como si acabara de recibir una puñalada.
Federico: Esto del mundo gay no es una fantasía. ¡Razona! (Se apunta con el dedo índice en la sien). Es es cuestión de placer, de pasarla bien de momento, no de relaciones estables. ¿Y quieres saber una cosa?
Federico suelta una risa seca.
Federico: Sí me das asco y me baño después de que estoy contigo porque hasta yo mismo me doy asco cuando te toco.
Ulises no aguanta más y le lanza otra sonora cachetada al hombre. Federico explota y también le lanza una bofetada con el dorso de la mano. Ulises tambalea y se sostiene de un buró.
Federico: ¡Te advertí que no me pegaras!
Federico, enfurecido, se le va encima y lo agarra de la camisa.
Ulises: ¡Suéltame!
Federico le propina varios puños en la cara.
Federico: ¿Qué? ¿Ni para pelear como hombre sirves?
Ulises lo araña en la cara, pues es débil como para zafarse. Federico lo lanza al piso y comienza a patearlo con brutalidad. Ulises intenta ponerse de pie, pero pronto una de las patadas cae en sus costillas y él se pone en posición fetal, intentando cubrirse la cara con los brazos.
Federico: Mírate. ¡Das pena!
Ulises grita adolorido y el dolor le atraviesa el cuerpo entero. Intenta arrastrarse para alejarse. Federico lo alcanza, lo toma de la pierna y lo obliga a girarse.
Federico: ¿Te gusta con violencia? ¿Sí? ¿Para eso me provocaste? ¡Te voy a dar entonces lo que quieres!
Federico lo retiene de las muñecas con una de sus manos mientras que con la otra comienza a bajarse el jean.
Ulises: ¡Estás enfermo! ¡Quítate!
Federico: Tú me enfermas, Ulises. Eres como un vicio de mierda que me da asco, pero que no puedo parar. ¡Así me tienes!
Federico le mete la mano por la entrepierna mientras lo besa de forma desenfrenada. Ulises, desesperado, estira una mano a ciegas buscando cualquier cosa con qué defenderse. Ve que sobre la mesita de la sala hay una pesada botella de ron y se estira para alcanzarla. La aferra con fuerza. Federico lo sujeta.
Federico: ¿Qué vas a hacer, ah?
Ulises: ¡Déjame!
Federico intenta arrebatarle la botella y ambos forcejean. Ulises entonces lo patea en la entrepierna y la fracción de un segundo, le estalla la botella en la cabeza a su amante.
Federico: (adolorido) ¡Argh!
Federico se hace a un lado, aturdido. Ulises no lo duda y lleno de ira, lo golpea una segunda vez más fuerte que la primera. El primero cae desmayado, bocabajo. El segundo respira exhausto y deja caer la botella al tiempo que tiembla.
Ulises: ¿Federico?
Ulises parece reaccionar del trance de ira y parece como si la claridad le volviera.
Ulises: (moviéndolo) Federico... Federico, dime algo…
De repente, nota que una prominente herida en el cráneo del hombre sangra abundantemente y ahí el pánico se apodera de él.
Ulises: Federico, despierta (Continúa moviéndolo). Despierta, abre los ojos. ¡Despierta, te lo suplico!
Pero es inútil. Federico continúa inconsciente. Ulises retrocede y niega con la cabeza.
Ulises: Esto no me puede estar pasando. Yo no lo pude haber matado, no pude, no pude… (Repite desesperado)
Ulises comienza a hiperventilarse y rompe a llorar, desesperado, por lo que se pone de pie y mira para todos lados, perdido.
Ulises: ¿Qué hago? ¿Qué hago?
Ulises se queda pensando y solo se le ocurre sacar su celular para llamar a emergencias, pero luego se detiene. Mira el cuerpo de Federico, extendido en el piso, y vuelve a guardar su celular.
Ulises: Me van refundir en la cárcel. Mi mamá esta vez no me va a salvar y no puedo decepcionarla así. No puedo…
Ulises continúa temblando. Duda varios instantes y se limpia las manos en la ropa. Aterrado, se dirige a la puerta y mira por última vez a Federico para luego huir del apartamento. Inclusive deja la puerta abierta.
CONTINUARÁ…














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