Capítulo 11: Trágica noticia
INT. CASA DE LOS FERRER/HABITACIÓN DE ULISES – DÍA
Las cortinas siguen cerradas y la habitación está en penumbra. Ulises se encuentra acostado en la cama, en posición fetal, seco y sin ganas de nada, puesto que ni siquiera se cambió la ropa del día anterior. De pronto, tocan la puerta.
Leoncio: (off screen) ¿Ulises, puedo pasar?
Ulises gimotea y se limpia los ojos.
Ulises: ¿Qué quieres?
Leoncio no tarda en abrir la puerta despacio y observa la oscuridad del cuarto como también al muchacho recostado de lado, en la misma posición.
Leoncio: ¿Podemos hablar?
Ulises: (con indiferencia) Pues ya entraste, ¿no? Habla de una vez.
Leoncio se acerca lentamente y termina sentándose a un lado de la cama.
Leoncio: ¿Qué te pasa, hijo?
Ulises permanece inmóvil, dándole la espalda.
Leoncio: Y no me digas que nada porque algo tienes. Casi ni dormí pensando en el estado en que te vi anoche y mírate. Ni siquiera te quitaste la ropa de ayer.
Ulises: No quiero hablar contigo. La verdad no tengo ganas ni tampoco la confianza de contarte mis cosas.
Leoncio: Pero soy tu papá.
Ulises: Un papá al que siento más como un padrino o un tío distante.
Leoncio no puede evitar sentirse mal y suspira.
Leoncio: Ulises, no voy a negar que sí. Tal vez no fui el papá más cercano o el más cariñoso. Me enfoqué en la empresa y no me quiero justificar, pero todo eso tiene un porqué.
Leoncio hace una pausa antes de continuar. Ulises escucha con atención sin dejar de darle la espalda.
Leoncio: Cuando conocí a la mamá de Diego fui muy feliz con ella. Después desapareció de la nada y no la pude encontrar. y yo, pues… seguí adelante con mi matrimonio creyendo que era lo correcto.
Baja la mirada, dolido.
Leoncio: Pero nunca pude superar esa parte de mi vida y creo que desde ahí algo por dentro me rompió, no sé… Me fui volviendo un tipo más frío, más amargado… Y sí, ya sé, ya sé perfectamente que eso no me exime de mi culpa contigo y me arrepiento…
Ulises aprieta con fuerza las sábanas.
Leoncio: Me arrepiento de corazón y me pesa en el alma por haber sido así contigo. Te pido perdón.
Ulises derrama una lágrima discreta al oírlo. Leoncio posa una mano sobre el hombro del muchacho.
Leoncio: Quiero que sepas que, aunque nunca lo demostrara como debía, tú eres mi hijo menor, así que no pienses que Diego vino a reemplazarte
Ulises contiene el llanto, conmovido.
Leoncio: Al contrario. La llegada de él me hizo abrir los ojos. Me hizo darme cuenta del padre que pude haber sido y del que todavía quiero ser si me dejas.
Ulises empieza a llorar en silencio, sin darse vuelta.
Leoncio: Nunca vayas a dudar de que sí te quiero, Ulises. Muchísimo más de lo que he sabido demostrar y si te está pasando algo, me puedes contar y puedes confiar en mí.
Ulises tarda unos segundos en responder y se traga sus lágrimas, las cuales se deshacen en sus labios.
Ulises: Gracias, pero de verdad prefiero estar solo.
Leoncio asiente.
Leoncio: Está bien, pero no se te olvide que siempre, pase lo que pase, vas a ser mi hijo.
Leoncio le da un beso en la cabeza.
Leoncio: Te quiero mucho, mi principito.
Ulises contiene el llanto para no ser oído o mostrarse tan débil. Leoncio se levanta y sale de la habitación, aunque antes de cerrar la puerta, se queda viéndolo con pena. Una vez que la cierra, el muchacho finalmente se suelta y deja salir lo que siente.
Ulises: Donde sepa la verdad, ya no me va a volver a decir eso. Me va a odiar.
Ulises siente que le falta el aire.
Ulises: Toda mi vida ha sido una mentira, una puta mentira.
Ulises siente que se hiperventila y se levanta de la cama con prisa. Va hasta un buró y busca con desesperación algo. Finalmente saca un frasco pequeño de uno de los cajones, lo destapa y se toma un par de pastillas. Las pasa en seco, sin agua e inclusive tose.
INT. CASA DE LAURA E INÉS/HABITACIÓN DE THIAGO – DÍA
Los rayos de sol entran por la ventana. Thiago sigue profundamente dormido, abrazado a la almohada. Del otro lado de la habitación, Diego termina de abotonarse la camisa frente a un pequeño espejo, se peina rápidamente y se pone el reloj. Thiago comienza a despertarse.
Thiago: (adormilado) Já vai sair?
Diego: Vou, sim (Se acomoda el cuello de la camisa). Seu Pascual me dio trabalho e preciso voltar para la casa dele.
Thiago bosteza.
Thiago: Entonces ¿você ya no va dormir aquí?
Diego: Creo que vou ficar mais tempo allá, pero vou venir de vez em quando para ver cómo estás e para confirmar si todavía roncas igual.
Thiago abre un ojo, exaltado.
Thiago: Eu não ronco.
Diego: Claro, te oí la noche inteira.
Diego hace un gesto exagerado imitando un ronquido.
Diego: Grrrr… grrrrr…
Thiago toma la almohada y se la lanza.
Thiago: Idiota.
Diego la atrapa entre risas.
Diego: Acertei, então.
Thiago: Você é um palhaço (Eres un payaso).
Diego deja la almohada sobre la cama.
Diego: Cuídate, tá?
Diego se acerca para abrazarlo. Thiago levanta una mano, impidiéndolo.
Thiago: Já tá bom. Não precisa fazer isso (Está bien. No necesitas hacer eso).
Diego resopla divertido.
Diego: Você sempre foi assim, frio igual um pedaço de hielo.
Thiago: Vai trabalhar antes que chegue tarde no primeiro dia.
Diego: Está bom.
Diego le revuelve el cabello con cariño.
Thiago: (fastidiado) Ei…
Diego sale de la habitación corriendo con jocosidad y cierra la puerta tras sí. Thiago suspira y mira hacia el baño con resignación.
Thiago: Que droga… (Qué mierda) Nem pensar, outra vez banho gelado, não (Ni pensarlo, otra vez baño helado, no).
El joven se levanta, agarra una toalla colgada de un perchero y sale de la habitación. Luego, se detiene frente a la puerta de la habitación de Laura y toca.
Thiago: Ô Laura, você tá aí?
Hay silencio y nadie responde, por lo que toca una vez más.
Thiago: Laura?
Thiago abre la puerta lentamente y asoma la cabeza.
Thiago: Disculpa, ¿me prestas el baño?
Pero nota que la habitación está sola y sonríe con alivio, por lo que entra rápidamente y cierra la puerta tras de sí.
INT. CASA DE LAURA E INÉS/COMEDOR – DÍA
La mesa ya está servida. Laura termina de desayunar mientras revisa unos documentos en la tablet. Ginevra bebe jugo de naranja y se come una galleta con mermelada. Inés viene de la cocina.
Inés: Laura, ese desayuno no le va a alimentar ahí pegada de ese aparato. ¿Cuántas veces le he dicho que la mesa es para comer, mija, por Dios?
Laura: Yo sé, lita, pero es que ayer no terminé el trabajo y tengo que tener estos informes listicos para hoy. Igual ya terminé.
Laura termina de tomarse el chocolate rápidamente. Inés suspira con exasperación.
Inés: ¡Ay, esta muchacha! ¿Y qué hay de usted, doña Ginevra? ¿Con esa galletica tuvo o quiere comer algo más?
Ginevra: (sonriéndole con falsa ternura) Estoy bien así, niña Inés. Gracias.
Inés: ¡Ay, qué niña ni qué nada! Mire que somos de la misma edad. Las dos ya estamos muy viejas para ponernos con esas bobadas.
Ginevra: (ofendida) Te equivocas, querida. Yo también podría ser tu nieta.
Laura intenta reírse, pero disimula.
Inés: (con sarcasmo) Sí. ¿Cómo no? Bueno, voy a recoger esto.
Inés comienza a llevarse los platos sucios al lavadero. Diego baja las escaleras ya vestido para salir.
Diego: Bom dia.
Laura: ¡Buenos días, Diego! ¿Cómo amaneciste?
Diego: (sonriente) Bien, bien. Estava muy cómoda la cama que compartí com o Thiago.
Ginevra: Te levantaste temprano. ¿Vas a salir?
Diego: Sí, ya me voy. Preciso llegar temprano.
Inés vuelve de la cocina.
Inés: ¿Cómo que se va? ¿Y sin desayunar?
Diego: Después como alguma coisa por ahí.
Inés: ¡Nada de eso! Yo le preparé un calentado.
Diego: ¿Calentado?
Inés: Sí, arrocito, fríjoles, carne, huevito. Todo lo rico de ayer.
Diego: (sorprendido) ¿Todo junto?
Inés: Pues claro. ¿O qué creía?
Diego: Es mucha comida, ¿no?
Laura: (riendo) Maso. Es uno de los desayunos más comunes de medio país.
Inés: Y con semejante desayuno queda con gasolina para todo el día. Mire que esta es la comida más importante.
Diego ríe y termina asintiendo.
Diego: Entonces vou provar.
Inés: Así me gusta y siéntese que ya le sirvo.
Inés desaparece hacia la cocina. Laura aprovecha para mirar a Ginevra.
Laura: Bueno, doña Ginevra, ¿y al fin cómo le fue ayer con doña Irene?
Diego: (extrañado) ¿Con dona Irene?
Diego mira a Ginevra.
Diego: ¿Ustedes dos se vieron?
Laura se apresura a contestar por la diva.
Laura: Sí. Es que doña Ginevra fue a buscarte ayer a la aseguradora y como tú no estabas, terminó hablando con doña Irene.
Diego frunce el ceño, extrañado. Ginevra se pone nerviosa.
Diego: (a Ginevra) ¿Por que la señora no me dijo?
Ginevra: Ay, pues porque no era importante, mi corazón. La verdad aclaramos el malentendido y hasta hicimos las paces.
Laura arquea una ceja con incredulidad.
Laura: ¿Solo eso?
Ginevra: Sí, sí. ¿De qué más íbamos a hablar según tú?
Laura: No sé. Es que sí se me hizo raro que doña Irene la dejara pasar y la invitara a entrar a la oficina de ella después del altercado que tuvieron la otra vez.
Ginevra: Pues ya ves, niña Laura. Quedamos en muy buenos términos y hasta me propuso trabajo.
Diego y Laura se sorprenden.
Diego: ¿Trabajo?
Ginevra: Tal como lo oyes, niño Diego. La niña Irene me ofreció ser la modelo de un comercial que van a hacer para promocionar la aseguradora. ¿Y cómo no? Tengo un gran porte de actriz y más de un millón de seguidores en mis redes sociales. Les conviene.
Diego no parece del todo convencido, aunque decide no insistir. Inés regresa con un plato enorme y lo coloca en la mesa.
Inés: ¡Aquí le traigo!
Diego observa el plato impresionado.
Diego: Nossa… ¿Es desayuno o almuerzo?
Laura e Inés se ríen.
Inés: Cómaselo primero y después opina.
Diego toma el tenedor. Prueba el primer bocado. Degusta y sus ojos se iluminan, asintiendo con la cabeza y se cubre la boca mientras mastica y habla.
Diego: Está muito bom.
Inés: ¿Sí ve? Yo sabía que le iba a gustar y ese va a ser uno de los tantos platos que vamos a vender en el restaurante. Es que casi ni dormí pensando.
Laura: ¿En qué?
Inés: ¿Cómo que en qué, Laurita? En el aviso, las mesas, el menú. Yo quiero hacer una inauguración por todo lo alto, con bombos y platillos, y lo bueno es que ya tenemos el presupuesto y hasta el nombre.
Laura: ¿Ah, sí? ¿Cuál?
Inés: Dieguito, ¿cómo se dice sabor de Brasil en portugués?
Diego: Es parecido. Sabor do Brasil.
Inés: ¡Perfecto! Entonces ese va a ser el nombre. ¿Qué tal?
Laura: No suena mal. Me gusta.
Ginevra: A mí me parece corriente, pero mejor ni me meto. ¿Quién soy yo para juzgar?
Ginevra toma un poco de jugo.
Inés: Ay, no sea tan pesimista, doña Ginevra.
Inés le da una palmada fuerte en la espalda que hace que la diva se ahogue un poco y escupa el jugo. Diego y Laura se ríen con disimulo.
Inés: El nombre está precioso y me falta planear los otros detalles. Hoy mismo voy a ir a buscar el local para alquilar.
Laura: (levantándose) Bueno, vaya usted planeando todo, abuela y me cuenta en la noche porque a mí ya me está cogiendo la tarde. Me voy a ir a cepillar, así que los dejo.
Inés: Se me cuida, eh. Dios me la bendiga.
Laura: Amén.
Laura sale rumbo al baño mientras Diego continúa desayunando y Ginevra se limpia con una servilleta los labios mientras tose.
INT. HOSPITAL/URGENCIAS – DÍA
El área de urgencias está llena de movimiento. Pacientes, enfermeras y médicos van de un lado a otro. Marcela entra apresurada. Recorre el lugar con la mirada hasta encontrar a Cristina, sentada en una camilla, con una venda rodeándole la cabeza. Tiene el maquillaje corrido y evidente resaca. Marcela se acerca de inmediato.
Marcela: Ma…
Cristina levanta la vista y la ve con seriedad.
Cristina: Llegaste.
Marcela: (muy preocupada) ¿Qué te pasó?
Cristina: Nada grave. Me caí anoche.
Marcela: (desconcertada) ¿Cómo así que te caíste?
Cristina: (exasperada) Pues sí, me caí. ¿Qué más quieres que te diga?
Marcela la estudia unos segundos y siente el fuerte olor a licor que la mujer desprende.
Marcela: ¿Estabas tomando?
Cristina rueda los ojos.
Cristina: ¿Solo viniste a juzgarme?
Marcela suspira con paciencia.
Marcela: No te estoy juzgando. Solo quiero saber qué pasó.
Cristina: Lo que pasó fue que me resbalé y ya. Fin de la historia. No indagues tanto, Marcela. Te pedí que te llamaran a ti porque a tu papá ya no le corresponde hacerse cargo de mí, pero si vas a empezar con sermones, mejor te vas.
Marcela: (resignada) Está bien. Tampoco te pongas así. Mejor dime cómo te sientes.
Cristian: Bien, solo tengo un poquito de dolor de cabeza, nada más.
Marcela: Bueno, voy a averiguar si ya te dieron la orden de salida para llevarte al apartamento.
Cristina asiente apenas, sin decir palabra. Marcela le dedica una última mirada y sale en dirección al puesto de enfermería. Cristina queda sola, llena de frustración y amargura.
INT. CASA DE LAURA E INÉS/HABITACIÓN DE LAURA – DÍA
Laura entra sumamente apurada a su cuarto y mira su reloj de muñeca.
Laura: ¡Ay, Dios mío! ¡Ya me cogió la tarde! Doña Irene me va a matar si no le entrego esos benditos papeles a las ocho en punto.
Laura se dirige al baño con prontitud y justo cuando abre la puerta, se queda impávida ante lo que ve. Thiago está allí, desnudo, mojado y secándose con la toalla. Los dos se quedan viendo unos segundos y después reaccionan. Laura se voltea y él se tapa.
Laura: (muy apenada) ¡Ay, perdón!
Thiago: (igualmente apenado) Mas o qué você está fazendo aí? Por que não toca?
Laura: ¿Quizás porque esta es mi pieza y no tengo por qué pedir permiso?
Thiago se queda mudo al oírla, pues sabe que ella tiene razón.
Thiago: (balbuceando) Mas… mas… mas mesmo assim, você deviu tocar a porta. Tú me dijiste que podía usar el banho. Deviu pensar en isso.
Laura: Está bien, está bien. Discúlpame. La verdad no se me pasó por la cabeza que sí fueras a usar el baño. Yo iba a cepillarme los dientes antes de irme para el trabajo, pero todo bien. Me cepillo abajo.
Thiago: (muy serio) Gracias.
Laura: Nada más que…
Laura intenta volverse ligeramente para alcanzar el estuche de su cepillo de dientes puesto en el lavamanos.
Laura: Necesito mi cepillo.
Laura estira el brazo sin voltearse del todo y en eso se resbala. Thiago la sostiene antes de que caiga.
Thiago: Ei, cuidado!
Laura se estremece al ver él como la sostiene de la cintura y ambos se quedan viendo varios segundos. Laura se apena y se endereza.
Laura: Perdón. Es que a veces soy medio torpe. Ya me salgo y siéntete como en tu casa. Te prometo que la próxima te toco, o sea, la puerta.
Thiago: Entendi.
Laura le esboza una sonrisa nerviosa, agarra el estuche del cepillo y sale de la habitación. Thiago resopla algo molesto, aunque también apenado. Laura, por su parte, en el pasillo se detiene y se abanica con la mano.
Laura: Ay, si antes me parecía guapísimo, ahora el doble, el triple y el quíntuple.
Respira hondo intentando serenarse y se muerde una uña, divertida consigo misma, aunque luego niega con la cabeza, avergonzada de sus propios pensamientos.
Laura: ¡Laura, compórtate!
Laura se da un par de palmadas en la cara con suavidad y se retira de allí.
INT. CASA DE LOS FERRER/HABITACIÓN DE ULISES – DÍA
Ulises permanece sentado al borde de la cama. Está pálido, con la mirada perdida y el frasco de pastillas sobre la mesa de noche. Tiene en sus manos su celular y lo mira, dudando.
Ulises: Tengo miedo…
Ulises deja el celular a un lado y aprieta los puños, evidentemente ansioso.
Ulises: Pero tengo que saber si lo maté o me voy a volver loco. Tengo que salir de la duda.
Con manos temblorosas, agarra de nuevo el celular y marca un número.
Ulises: Contesta, Federico, por favor… Contesta… (El celular sigue repicando) Contesta, te lo suplico.
De pronto, la llamada es atendida por una voz masculina.
Hombre: ¿Aló?
Ulises duda en responder y no reconoce esa voz.
Hombre: Aló. ¿Con quién hablo?
Ulises: (balbuceando) S… sí, buenas. Eh, Federico… ¿Puedo hablar con él?
Hombre: ¿Quién es usted? ¿Qué relación tiene con mi hijo?
Ulises: (sorprendido) Eh, bueno, so… soy un… soy un amigo de él, señor.
El hombre al otro lado de la línea calla por varios segundos.
Ulises: ¿Sí, aló?
Hombre: Federico falleció en la madrugada.
Ulises se queda helado al oírlo.
Hombre: Murió de un trauma craneoencefálico.
Ulises siente que un pesado vacío se le forma en el pecho.
Hombre: En estos momentos estoy preparando todo lo de su funeral. Puede asistir si quiere. Vamos a velarlo en la Funeraria San Gabriel.
Ulises no se siente capaz de seguir con la llamada y cuelga abruptamente. Está completamente paralizado.
Ulises: (en un hilo de voz) Lo maté. Fue mi culpa. Sí lo maté…
Ulises respira agitado al punto de comenzar a hiperventilarse, por lo que se levanta de golpe y camina de un lado a otro. Luego se lleva las manos a la cabeza y los ojos se le brotan con varios sentimientos encontrados: terror, ansiedad, desespero, rabia, por lo que decide salir apresurado de la habitación.
INT. CASA DE LOS FERRER/ESTUDIO – DÍA
Pascual se encuentra sentado frente al escritorio. Diego está frente a él, vestido con ropa ligera: una camisilla, camisa de botones abierta, jeans y tenis como es de costumbre en él.
Pascual: Veo que es puntual. Estuvo aquí antes de la hora.
Diego: (sonriendo) Intento serlo, senhor.
Pascual: Qué bueno. Como le decía ayer, este no será el mejor trabajo del mundo porque entenderá que no puedo darle otro puesto y menos en la aseguradora sin ningún estudio, pero espero que al menos le sirva.
Diego: Puede tener certeza de que sí.
Pascual: Muy bien.
Pascual saca un cheque de uno de los cajones y se lo entrega.
Pascual: Tome. Es su pago por adelantado.
Diego se sorprende y recibe el cheque. Ve la cantidad escrita allí y se sorprende.
Pascual: Dejé la suma en dólares por ser una moneda internacional. Puede canjear el cheque en un banco en dólares también o hacer el cambio por pesos colombianos, como usted prefiera.
Diego: Mas esto… (Hace una pausa y mira de nuevo el cheque) Esto es mucho dinheiro, senhor.
Pascual: Es lo que vale una operación quirúrgica en el mejor hospital de cardiología del país o por lo menos es un aproximado. La verdad no estoy seguro. Voy a averiguar más tarde con un viejo conocido mío que es médico y trabaja allá. Puede llevar a su hermano.
Diego: Muchas gracias, don Pascual. Vou ter que trabalhar a vida inteira para pagar essa quantidade, mas prometo que vou pagar, incluso si no me alcanza pra comer.
Pascual suelta una risa.
Pascual: Tampoco exagere. Puede pagarme la mitad con los años, ya que insiste tanto en ganarse las cosas por mérito propio y por la otra mitad, no se preocupe. Tómelo como una recompensa por la buena acción que tuvo conmigo.
Diego: Don Pascual, pero…
Pascual: Pero nada, muchacho. Deje de ser tan modesto y mejor aproveche. Uno no recibe las mismas oportunidades dos veces en la vida. Además, seamos realistas. ¿De dónde cree usted que va a sacar para pagarme veinte mil dólares? Ya de por sí diez mil es mucho y va a tener que trabajar muchos años hasta que cubra la deuda.
Diego le sonríe conmovido y con agradecimiento.
Diego: Muchas gracias, de verdade. Yo estava com muito miedo de no conseguir este dinheiro para mi hermano. Eu não suportaria que algo malo acontesse con él.
Diego siente un nudo en la garganta de felicidad, se pone de pie y le extiende la mano.
Diego: Dios lo bendiga.
Pascual no puede evitar sentirse impresionado ante las palabras sinceras del joven, también se pone de pie y le corresponde el apretón de manos con una muy leve sonrisa.
Pascual: Por ahora, póngase manos a la obra y haga lo que quedamos ayer. Lleve las cajas que hay ahí en el armario y las pone en el cobertizo del patio. Quiero liberar el mayor espacio posible de este estudio.
Diego: Entendido, senhor. Vou en esso, entonces.
Pascual: Muy bien, ahí lo dejo.
Pascual le da una palmada amistosa en el hombro y se retira del estudio. Diego de nuevo revisa el cheque y lo besa, emocionado.
INT. APARTAMENTO DE CRISTINA – DÍA
Marcela ha llevado a su madre al amplio departamento en el que ella vive. Cristina entra con una expresión dura.
Marcela: ¿Quieres que te prepare algo de comer?
Cristina: La verdad no he comprado nada. Tengo la alacena y la nevera vacías.
Marcela: Hum, ¿qué tal entonces si pido un domicilio? ¿Qué te gustaría?
Cristina: Marcela, no tienes que ponerte en estas. Te puedes ir ya.
Marcela: Para mí no es ninguna molestia, mamá. Déjame que te atienda al menos hoy y trata descansar alguito.
Cristina: ¿Es que acaso no me tienes rencor?
Marcela: (extrañada) ¿Por qué habría de tenerlo?
Cristina: Tú sabes muy bien por qué. Yo no fui una buena madre contigo. Te recriminé que para ser adoptado debías agradecernos y estar a la altura.
Marcela guarda silencio.
Cristina: Te traté como si fueras una máquina, un robot y luego ya más grande, caí en el alcohol, en el juego y a eso sumémosle las peleas con tu papá. Yo sé que hasta te caigo mal y me debes guardar resentimiento.
Marcela: Para nada.
Cristina: No mientas.
Marcela: Te estoy diciendo la verdad. Yo no voy a negar que sí tuvimos una relación medio tensa tú y yo. Me esforcé mucho para estar a la altura de la familia que me “recogió” porque eso era lo que me decías y tampoco niego que eso me hirió, pero…
Marcela se acerca y la toma de las manos, tratando de esbozar una sonrisa.
Marcela: Gracias a eso soy la mujer que soy, responsable, comprometida con mi trabajo, autónoma. Todo lo que soy en el ámbito profesional te lo debo a ti.
Cristina no puede evitar conmoverse.
Marcela: Claro, no todo fue bueno porque también me enseñaste a ser muy perfeccionista y a autoexigirme para que mi abuelo se sintiera orgulloso de mí y eso lo que provocó fue hacerme creer que nunca voy a ser suficiente.
Cristina baja un poco la guardia, aunque conserva su seriedad.
Cristina: Perdóname. Es solo que… (Hace una pausa) Cuando te adoptamos, yo ya de por sí venía muy frustrada. Tenía encima la presión de dar a luz un bebé y no pude. Don Pascual me odió cuando supo que yo era estéril y me aterraba divorciarme tan joven. La adopción fue como la solución al problema y después…
Marcela la escucha con atención.
Cristina: Después me dio miedo que tu abuelo no te aceptara por no llevar la sangre de la familia y por eso me porté tan dura contigo. Quería que fueras perfecta, pero no creas que no eres suficiente porque para mí lo eres y saliste adelante tu sola, sin que te dieran nada de regalado. Tú sí eres una mujer exitosa a diferencia de mí.
Marcela: Esto es lo que te está matando, mamá. Yo no soy psicóloga, pero sí sé que te sientes como una fracasada por el divorcio.
Cristina baja la mirada, sollozando.
Cristina: Quizás hasta tengas razón. El matrimonio con tu papá ya no tenía amor, pero era mi zona de confort.
Marcela: Exacto y tienes que pasar la página.
Cristina: Dudo que pueda. En la práctica no es tan fácil.
Marcela: Ven, siéntate.
Marcela la lleva de las manos al sofá y ambos toman asiento.
Marcela: ¿Por qué no hacemos algo?
Cristina: ¿Qué cosa?
Marcela: ¿Qué te parece si empiezas a ir al psicólogo?
Cristina: (fastidiada) Yo no estoy loca, Marcela.
Marcela: No es porque estés loca, sino para que dejes salir lo que llevas dentro. Hazlo por ti y si es posible, también por mí, ¿sí? Yo quiero verte bien.
Cristina duda.
Marcela: Tú te mereces algo más que el trago, el juego y los bares. Yo no quiero que te hundas más, mamá, por favor.
Cristina sigue pensando y al final resopla, poco convencida.
Cristina: Lo voy a pensar.
Marcela: (sonriéndole) Me parece perfecto. Por ahorita, descansa. Yo mientras iré a comprar unas cosas al mercado y te preparo una pasta. ¿Te parece?
Cristina: (asintiendo) Está bien.
Marcela: Ya vengo entonces.
Marcela se levanta del sofá, pero justo en ese instante suena su celular y ella se apresura a sacarlo de su bolso.
Marcela: ¿Aló? (Pausa) Ah, don Carlos Manuel, es usted. ¿Cómo está? (Pausa y desencaja el rostro) ¿Cómo dice? (Pausa)
Marcela se paraliza al oír. Cristina nota que algo anda mal.
Marcela: (impactada) ¿Cu… cuándo pasó? (Pausa) La verdad no sé ni qué decir. Me tomó fuera de base. Lo lamento muchísimo. Mi más sentido pésame (Pausa). Más tarde voy. Claro que sí.
Marcela cuelga el celular, evidentemente impactada y sin palabras.
Cristina: (extrañada) ¿Qué pasó, Marcela?
Marcela apenas logra procesar la noticia que acaba de recibir y la voz le tiembla.
Marcela: Fe… Federico, mamá… Federico murió hoy en la madrugada.
Cristina se sorprende de gran manera.
INT. CASA DE LOS FERRER/COBERTIZO – DÍA
Ulises ha llegado al cobertizo y se encierra allí. Toda la cabeza le da vueltas y se ve histérico. Comienza a tirar todo a su alrededor, patea cajas, tira objetos al piso y rasga unas viejas cortinas. Incluso tira un espejo al piso, el cual se rompe en pedazos.
Ulises: (llorando) ¡Me quiero morir, me quiero morir! (Repite desconsolado)
Ulises termina por caer exhausto al piso.
Ulises: ¿Qué voy a hacer? Maté a Federico. Lo maté.
Ulises llora muy dolido y desesperado.
Ulises: Yo no puedo vivir con esto. Me voy a pudrir en la cárcel si hablo y si no digo nada, la vida se me va a volver un infierno y la conciencia no me va a dejar en paz. ¿Qué hago? ¿Qué hago? ¿Qué mierda hago? (Se pregunta desesperado)
De repente, observa su reflejo fragmentado en las decenas de pedazos del espejo, levanta uno de los pedazos y se mira a sí mismo con rabia.
Ulises: Federico tenía razón. Doy pena.
Comienza a apretar el cristal y la sangre comienza a deslizarse entre sus dedos.
Ulises: Mi vida es una mierda y ni mi papá es mi papá. Mi mamá solo me ha usado y me ha engañado toda la vida (Una lágrima resbala por su mejilla). Todo perdió el sentido.
Ulises aprieta el pedazo de vidrio cada vez más fuerte y de pronto, la puerta se abre de golpe y rechina. El joven se exalta y voltea a ver. Diego entra con una camisilla ajustada, sudado, cargando dos cajas y las deja en el piso. Diego se sorprende al verlo ahí.
Diego: Ulises…
Este se pone rápidamente de pie y a la defensiva.
Ulises: ¿Qué está usted haciendo aquí?
Diego se da cuenta de que lloraba.
Diego: Tudo bem?
Ulises lo mira de arriba a abajo y se le queda viendo con un deseo reprimido. Diego en ese instante se percata de las goteras de sangre que caen de la mano del muchacho.
Diego: Ei! O que aconteceu?
Diego intenta acercarse. Ulises se echa para atrás.
Ulises: ¡No se me acerque!
Diego: (alarmado) Você tá sangrando.
Ulises: No es su problema. ¡Lárguese!
Diego: Calma, solta esse vídrio.
Diego intenta acercarse despacio. Ulises, fuera de sí, lo usa como si fuera un arma y lo amenaza.
Ulises: ¡Ni un paso más o no respondo de mí!
Diego: Mira, no sé qué está acontecendo, mas com certeza deve ter solución. Vamos, solta o vidrio. Estás haciéndote daño.
Ulises dibuja una sonrisa llena de amargura.
Ulises: ¿Daño? El daño está hecho hace mucho y me lo hicieron todos, incluso mis papás. Hasta usted que es un recién llegado vino a dañarnos la paz y a robarme mi vida, pero ¿sabe qué? Quédesela, se la regalo. ¡A mí me importa una mierda!
Diego: Não fala assim.
Ulises: ¿Y cómo quiere que hable? ¿Contento, agradecido? Usted no sabe nada de mí.
Diego: Tal vez no, mas dá para ver que você está sofrendo e não quero que cometa uma loucura.
Ulises: ¿Qué le importa lo que pase conmigo?
Diego: Me importa porque você é meu irmão.
Ulises: ¡Cállese! ¡Usted y yo no somos nada! ¿Me escuchó?
Diego: Está bien. Tranquilo, mas me dá el vidrio, por favor.
Diego extiende lentamente una mano.
Ulises: ¡Váyase y déjeme en paz!
Diego: Confía em mim.
Ulises: Usted es la última persona en que confiaría.
Diego respira profundamente, calmado y con paciencia.
Diego: Então confía solo por cinco segundos.
Ulises lo mira fijamente. Por un instante parece dudar y siente que la actitud cercana del brasileño lo desarma. Incluso su mano tiembla con el vidrio apuntando. Justo cuando está a punto de ceder, vuelve endurecerse
Ulises: Váyase. Esta es mi casa y usted es un arrimado.
Diego: Por favor, solta isso.
Ulises: (gritando) ¡Que se vaya, infeliz! ¡Largo!
Diego: (con firmeza) No me voy hasta que no me des eso y tenga certeza de que estás bien.
Ulises: Entonces me voy yo.
Ulises intenta salir. Diego reacciona.
Diego: Espera.
Diego le bloquea el paso y lo agarra de un brazo.
Ulises: ¡No me toque! ¡Déjeme!
Diego: Primero suelta el vidrio.
Ulises intenta zafarse. Diego le sostiene con cuidado la muñeca para evitar que siga apretando el cristal.
Ulises: ¡Déjeme ya!
Diego: Calma, solo quiero ayudar.
Los dos comienzan a forcejear.
Ulises: ¡Suélteme, maldito sambero! ¡Suélteme!
Diego le baja la mano, intentando arrebatarle el vidrio y también se corta, pero no cede. Ulises tampoco cede y sostiene el vidrio con firmeza. De repente, Diego suelta un gemido. Los dos se quedan en quietud viéndose mutuamente. Diego se lleva la mano hacia abajo y se ve que el vidrio se ha clavado en uno de sus costados, cerca del vientre. Ulises se echa hacia atrás, aterrado.
CONTINUARÁ…













Comentarios
Publicar un comentario