Capítulo 13: Confesiones repentinas

EXT. CEMENTERIO – DÍA

Federico es enterrado en medio de varios asistentes al sepelio, quienes visten de luto. Los sepultureros comienzan a bajar el ataúd. Carlos Manuel permanece serio, usando lentes de sol negros. Marcela, Guillermo y Cristina están justamente al lado del hombre. Marcela gimotea un poco. Guillermo la consuela, frotándole la espalda. Ulises está a lo lejos de allí, dentro de su auto, observando todo con discreción. 

Ulises: Lo lamento mucho, Fede. Yo no te quería hacer daño, no quería…

Ulises siente que los ojos se le llenan de lágrimas, aunque con las manos en el volante, lo presiona fuerte y endurece el rostro.

Ulises: (con rabia) En parte se lo merecía. Era un infeliz, un maldito, un narcisista de mierda que me usaba y se burlaba de mí a mis espaldas. Yo solo me defendí de él.

Ulises ve que su celular, colocado en el asiento de copiloto, vibra con insistencia. Irene es quien llama, pero él desliza el dedo para ignorar las llamadas.

Ulises: Ni siquiera para mi mamá valgo nada porque solo me tiene de negocio. 

El joven se limpia las lágrimas con rabia. 

Ulises: Pero ya no más. Yo creo que lo mejor que puedo hacer en estos momentos es entregarme antes de que vengan por mí y pasar la última noche decente que me queda.

Ulises agarra el freno de mano, gira el volante y se va de allí. 


INT. CASA DE LOS FERRER – NOCHE

Ha caído la noche. Diego y Leoncio llegan. El primero mantiene la mano puesta sobre el vendaje que le hicieron en el abdomen. 

Leoncio: Te debe de doler mucho, ¿no?

Diego: (sonriendo) Pouco, mas não é grave.

Leoncio: Debes tomarte los analgésicos que te mandaron para que se te baje el dolor y sobre todo, Diego, guarda mucho reposo.

Diego: (asintiendo) Vou tentar.

Pascual sale en ese momento a recibirlos.

Pascual: Por fin llegaron. 

Diego: Boa noite, don Pascual.

Pascual: Leoncio me llamó y ya me contó todo. ¿Cómo sigue, muchacho?

Diego: Melhor, obrigado. 

Pascual: Qué bueno que no pasó a mayores, pero apenas es su primer día trabajando en algo tan sencillo y mire lo que le pasó.

Leoncio: Papá, fue un accidente.

Diego: (apenado) Sí, senhor e pido desculpas. Me descuidé, mas así que me quiten los pontos, regresso pra trabalhar. Hasta puedo trabalhar doble jornada pra compensar los días que vou perder.

Pascual: (a regañadientes) Deje de ser exagerado. ¿Usted cree que me voy a morir porque se tome unos días de descanso?

Diego: No quis dizer isso, mas…

Pascual: Tranquilo. Mejor quédese uno o dos días descansando. Después hablamos de ponerlo a trabajar allá en la aseguradora.

Diego: ¿En la aseguradora?

Pascual: Sí. Leoncio puede buscarle algo mientras se recupera.

Leoncio: Claro. Puede ayudarme como asistente. Digitalizar documentos, llevar archivos de una oficina a otra, organizar algunas cosas. No tendría que hacer ningún esfuerzo físico.

Diego parece considerar la propuesta.

Diego: Bom. Me parece bien. La verdad no quero ficar sem hacer nada.

Pascual saca un papel de uno de los bolsillos de su saco.

Pascual: Ya luego ustedes dos se organizaron. Cambiando de tema, también tengo algo para usted.

Le entrega el papel.

Diego: ¿Qué es?

Pascual: Los datos del hospital para que lleve a su hermano cuanto antes. No me parece normal que siga enfermo y ustedes esperando a que la situación empeore.

Diego mira el papel y sonríe con profunda gratitud.

Diego: Muito obrigado, don Pascual. De verdad.

Pascual: No tiene nada que agradecerme. Haga lo que tiene que hacer por su hermano.

Diego guarda cuidadosamente el papel. De repente, la puerta principal vuelve a abrirse. Marcela y Guillermo entran, y ambos lucen exhaustos, pero Marcela tiene además el rostro desencajado. Diego la observa y nota inmediatamente que algo no está bien.


Pascual: Marcela, mija…

La joven se acerca.

Pascual: Lo siento mucho, mijita. Guillermo me llamó a avisarme.

Pascual la abraza. Marcela le corresponde, conteniendo las lágrimas.

Marcela: Gracias, abue.

Los dos se separan. Leoncio y Diego se miran, desconcertados.

Leoncio: (a Guillermo) ¿Qué pasó? ¿Por qué tienen esas caras?

Guillermo suspira antes de hablar.

Guillermo: Federico falleció.

Diego abre ligeramente los ojos, impactado.

Diego: ¿Cómo?

Leoncio: ¿Federico? ¿Cómo?¿Qué le pasó?

Guillermo: Lo encontraron muy mal herido con un golpe en la cabeza allá en el edificio donde vivía. Lo llevaron al hospital, pero no pudieron hacer nada.

Diego mira a Marcela con tristeza.

Leoncio: Marcela, lo siento mucho, de verdad. Mi más sentido pésame. Estaban a nada de casarse. 

Marcela asiente con agradecimiento.

Marcela: Gracias, tío, aunque como ya no tiene caso que se los oculte, la verdad es que habíamos terminado hace unos días.

Pascual: ¿Cómo así que habían terminado? ¿Y por qué usted no nos había dicho nada?

Guillermo: Papá, en estos momentos ella no tiene ánimos para dar explicaciones. Déjala y mañana hablan.

Pascual mira lo afligida que está su nieta y resopla con resignación.

Pascual: Está bien.

Diego interviene con timidez.

Diego: Yo também sinto mucho, Marcela. 

Marcela: Gracias, Diego. 

La joven se lleva una mano a la frente.

Marcela: Tengo la cabeza hecha un ocho. Ha sido un día horrible. Me quiero recostar.

Guillermo: Es entendible, hija. Trata de descansar un poco.

Marcela: ¿Ulises está aquí?

Pascual: No me han dicho si llegó. Yo creo que no y a estas alturas ya me da igual dónde se mete ese muchacho.

Marcela: Quiero hablar con él antes de irme a mi alcoba. 

Pascual: ¿Ahora?

Marcela: Sí. Voy a ir a verlo si lo encuentro y con permiso. Me retiro.

Guillermo: Buenas noches, mi amor.

Guillermo le da un beso en la frente. Marcela sube las escaleras al segundo piso.

Diego la observa marcharse con cierta preocupación y lástima.

Guillermo: Yo también me retiro. Voy a salir.

Pascual: (extrañado) ¿Para dónde vas si apenas acabaste de llegar?

Guillermo: Tengo un asunto pendiente por resolver.

Leoncio sonríe con picardía.

Leoncio: ¿Qué? ¿Otra mujer?

Guillermo se queda incómodo por un instante y esboza una sonrisa forzada.

Guillermo: No. Es una cena laboral con unos ejecutivos.

Pascual: ¿A esta hora? Si ya pasan las nueve. 

Guillermo: Son cosas de negocios, papá. Tú mejor que nadie ya sabes cómo es. 

Leoncio: Bueno, pues que les vaya bien. Me cuentas cualquier cosa, hermano.

Guillermo: Gracias, Leoncio. 

Guillermo sale de nuevo. 

Pascual: (a Diego) Y usted, muchacho, váyase a descansar. Ya tuvo suficiente también por hoy y si de verdad quiere volver a trabajar, tiene que reponerse.

Diego: (asintiendo) Tá bom. Obrigado mais uma vez. Boa noite.

Leoncio: Buenas noches, Diego.

Diego también se marcha por las escaleras. 

Pascual: Qué cosas. Federico estaba muy joven y venir a morirse así de la nada. Es que ni yo que estoy viejo me morí cuando me caí en la piscina.

Leoncio: Pues sí, papá. Dicen que cuando le toca a alguien, le toca. A mí también me dejó sorprendido la noticia.

Pascual: Pobre de mi nieta. A ver si mañana llamo a Carlos Manuel. Íbamos a ser familia después de todo.


INT. CASA DE LOS FERRER/SEGUNDO PISO – NOCHE

Marcela, entretanto, toca la puerta de la habitación de su primo. 

Marcela: ¿Ulises?

Insiste, pero no recibe respuesta y se atreve a entrar, aunque como ya esperaba, ve la habitación vacía. Justo en ese instante, tiene un recuerdo de esa tarde en la funeraria.


FLASHBACK

Marcela: ¿Qué está insinuando?

Carlos Manuel: Es probable que su primo y Federico hayan discutido. Desconozco de quién es la sangre y ya mandé a hacer unos análisis. De descubrirse que es la sangre de mi hijo, eso implicaría a su primo en tentativa de homicidio.

Marcela: Discúlpeme, pero eso no es suficiente prueba. El video ahí es claro. Federico se cayó por las escaleras. 

Carlos Manuel: Pero si lo golpeó con esa botella, quiere decir que es indirectamente culpable del accidente. Federico salió buscando ayuda y ahí se cayó.

FIN DEL FLASHBACK


Marcela resopla.

Marcela: Ulises podrá ser lo que sea, pero asesino no. Dudo que haya sido capaz de una cosa tan horrible.

Marcela niega con la cabeza y se retira.


INT. CASA DE LOS FERRER/COBERTIZO – NOCHE

Irene, envuelta en una bata, entra al cobertizo y se detiene al ver los vidrios esparcidos por el piso. Rómulo aparece detrás de ella.

Rómulo: ¿Me mandó a llamar, señora?

Irene: Sí. ¿Ulises todavía no llega?

Rómulo niega con la cabeza.

Rómulo: No, señora. ¿A usted tampoco le contesta?

Irene: No y me estoy empezando a preocupar. Conozco a mi hijo y yo sé cuando algo le pasa.

Irene saca su celular y revisa algo en la pantalla.

Rómulo: ¿Qué va a hacer?

Irene: El rastreador. Está conectado al carro de Ulises.

Rómulo: (sorprendido) ¿Usted lo tiene rastreado?

Irene: No acostumbro utilizarlo, pero últimamente está demasiado raro y no quiero correr riesgos. Tú ya sabes la bestialidad que cometió manejando borracho cuando atropelló a ese viejo la vez pasada.

Irene le muestra la pantalla.

Irene: Mira, aquí aparece la ubicación en la que está. Ve a buscarlo y me avisas inmediatamente si lo encuentras. ¿Entendido?

Rómulo: ¿Cree que pudo pasarle algo con el brasileño?

Irene: Espero que no. De todas formas, mañana nos vamos a deshacer de ese marginal, así que ya sabes. Llama a la policía más o menos después de las seis de forma que vengan de noche para que lo arresten y así nos evitamos escándalos.

Rómulo: Entendido, así va a hacer. 

Rómulo sale apresuradamente. Irene se queda sola, mirando nuevamente los vidrios rotos, cada vez más intranquila.


INT. BAR – NOCHE

Ulises, entretanto, está alcoholizado, sentado en la barra. La música electrónica suena a alto volumen y hay decenas de personas bailando en medio de las luces neón. Ulises mira a su alrededor y nota que otros chicos lo ven, atraídos por su apariencia. Uno se le acerca de forma seductora, susurrándole al oído para que lo escuche en medio del alto volumen.

Nicolás: Llevo rato viéndote desde por allá. Me llamaste la atención.

Ulises sonríe apenado.

Ulises: Gracias.

Nicolás: ¿Te gustaría bailar conmigo?

Ulises lo mira de arriba abajo. El hombre es atractivo, alto y de rostro bien cuidado.

Ulises: (poco convencido) La verdad no sé…

Nicolás: Vamos. Tú no tienes cara de haber venido acá a quedarte sentado y sería un desperdicio.

El hombre le guiña un ojo y le ofrece la mano. Ulises duda unos segundos, pero finalmente la toma y se levanta. Los dos se internan entre la gente y comienzan a bailar al ritmo de la música, mirándose con coqueteo y deseo. 


INT. CASA DE LAURA E INÉS/SALA – NOCHE

Laura e Inés platican sentadas en el sofá. Esta última le muestra fotos del local que alquiló en la tarde.

Inés: ¿Qué le parece, mija? ¿Verdad que este local está perfecto para el restaurante o qué dice usted?

Laura: Creo que sí, lita. Tiene bastante espacio. 

Inés: (sonriente) Yo sabía que le iba a gustar (Baja el celular). Incluso hasta ya mandé a hacer el letrero con el título que se me ocurrió y ya llamé a los proveedores que me van a traer las sillas, las mesas y lo demás que necesitamos pa’ la cocina.

Laura: (sorprendida) ¿Tan ligero?

Inés: Claro, Laurita. ¿Qué creyó? Este proyecto está viento en popa, mijita. Hay que correrle antes de gastarnos la plata en algo más. 

Laura: Espero que nos vaya bien. Estamos invirtiendo todos los ahorritos de hace años en esto.

Inés: Usted confíe. Dios mediante, nos va a ir excelente y más con el menú que tenemos. Estoy segurita que los clientes hasta nos van a llamar para reservar de lo lleno que va a estar el restaurante.

Laura: Ojalá…

Inés: (extrañada) ¿Y usted qué tiene? ¿Por qué la veo así como tan desanimada? Yo pensé que también le iba a emocionar la apertura del restaurante.

Laura: (esbozando una sonrisa) Sí me emociona, lita. Es que me tiene preocupada Marcela.

Inés: ¿Marcelita? ¿Por qué? ¿Qué le pasó?

Laura: Imagínese que hoy vi en redes que el ex de ella, Federico, se murió. 

Inés: (impactada) ¿Cómo que se murió? ¿De qué?

Laura: Por lo que leí, se cayó por las escaleras del edificio. 

Inés: ¡Bendito Dios! 

Laura: Varios medios publicaron la noticia. Como el papá de él es dueño de una multinacional francesa, es medio famoso y usted ya sabe cómo son los periodistas de chismosos.

Inés: Tan joven que estaba ese muchacho, ¿no?

Laura: Me parece que tenía veintisiete años. 

Inés: Es que definitivamente nadie tiene la vida comprada. Hoy estamos y mañana no se sabe.

Laura: Sí y he llamado a Marcela no sé ni cuántas veces, pero no me contesta. Yo creo que apagó el celular porque también le mandé mensajes y no me ha respondido.

Inés: (negando con la cabeza) Ay, pobrecita. Debe estar muy afectada. ¿Y cómo no si estaba a nada de casarse con ese muchacho?

Laura: Igual ya no se iban a casar. Acuérdese que yo le conté que el tipo la estaba engañando y justo con el primo de ella.

Inés: Sí, sí me acuerdo, pero aunque ya no tuvieran nada, la noticia debió pegarle. Duraron mucho tiempo de novios.

Laura: Sí (Suelta un suspiro). Pobre de mi amiga. Quisiera estar con ella para ofrecerle mi apoyo o consolarla, pero tampoco me quiero pasar de imprudente o de metiche yendo hasta su casa. Ojalá Diego la esté acompañando.

Inés: (con curiosidad) ¿Usted sí cree que ellos dos se gusten?

Laura: No creo. Estoy segura, aunque en estos momentos ella no debe tener cabeza para nada. De pronto más adelante sí se den una oportunidad porque la química se les sale hasta por los poros.

Ginevra está justo escuchando la conversación, escondida detrás de una pared y enfurece al oír aquello.

Inés: (off screen) La verdad es que sí hacen bonita pareja. Dieguito lleva pocos días acá, pero me cae superbién ese muchacho. 

La escena regresa a la sala. 

Inés: El hermano no tanto. Es un vago y un perezoso. Hoy me lo tuve que llevar casi que arrastrado de una oreja para que me acompañara a ver el local.

Laura: Tal vez apenas se esté adaptando, lita. Téngale paciencia. Thiago también se ve chévere. 

Inés: (entrecerrando los ojos) Hum, no me diga que a usted le gusta ese bueno para nada.

Laura: Ay, no. O sea, sí me parece lindo, pero hasta ahí. 

Inés: Sí, claro. Métame los dedos a la boca a ver si ya me salieron dientes. ¿Usted cree que yo nací ayer?

Laura: Ay, bueno. Tal vez sí me mueva el piso por allá en el fondo, pero tampoco me arme un escándalo por nada. Los ojos son para ver, ¿o no?

Inés: (con seriedad) Sí y por eso se tiene que cuidar. Mire que a mí ese muchacho no me da buena espina. Es más, aquí entre nos, la otra vieja con cara de caballo tampoco.

Ginevra se indigna ante ese calificativo y aunque quisiera intervenir, se abstiene.

Inés: Nada más les alquilé las piezas por usted que me lo pidió y también porque necesitamos la platica, pero de resto…

Laura: Yo digo que por ser de otro país y por el idioma puede haber malentendidos, además ellos allá en Brasil tenían otra vida, así que téngales paciencia. Poco a poco se van a adaptar. Va a ver. 

Inés: (poco convencida) Hum, pues será. 

Ginevra se retira sin hacer ruido, caminando exageradamente en zancadas y sube las escaleras.


INT. CASA DE LAURA E INÉS/HABITACIÓN DE GINEVRA – NOCHE

La diva se encierra en su habitación y se recuesta en la puerta con los ojos endurecidos.

Ginevra: Entonces la niña Irene sí tenía razón. La tal Marcela es una suripanta y una lagartona de lo peor. Me quiere quitar a Diego y lo peor es que los dos están allá viviendo bajo el mismo techo. Hasta se pueden comer la cereza del pastel y yo acá como si nada (Espantada). Tengo que hacer algo…

Ginevra se queda pensativa y tiene un recuerdo.


FLASHBACK

Ginevra: ¿Qué estás proponiendo?

Irene: ¿Qué le parece un escándalo? Uno pequeño, claro, pero lo suficientemente ruidoso para que mi sobrina recapacite y no se meta con hombres ajenos.

Ginevra: ¿Y por qué ayudarías a una desconocida en contra de tu propia sobrina?

Irene: Tómelo como un favor de mujer a mujer. Marcela es mi sobrina, es cierto, pero me parece una desfachatez lo que está haciendo sabiendo que está comprometida y en dos meses se casa. Hay que darle un escarmiento.

FIN DEL FLASHBACK


Ginevra: (dejando de recordar) ¡Claro! ¡Un escándalo!

Ginevra agarra su celular de la mesita de noche.

Ginevra: Voy a darle un escarmiento a esa niñita. Voy a enseñarle que no se meta con hombres ajenos. 

Ginevra comienza a buscar el perfil de la muchacha en redes sociales.

Ginevra: Donde pisa una leona, no borra huella una gata y yo sí que sé rugir. Esa solo sabe maullar.

Ginevra dibuja una sonrisa de malicia en su rostro.


INT. BAR – NOCHE

Ulises sigue bailando con aquel desconocido y ambos, cansados, se acercan a la barra.

Nicolás: ¿Te aburriste?

Ulises: Me dio sed. Deme una cerveza, por favor (al barman).

Nicolás: Una también para mí.

El barman les entrega a ambos dos botellas ya destapadas. 

Nicolás: (con interés) ¿Cómo te llamas a todas estas?

Ulises: Ulises. ¿Y tú?

Nicolás: Nicolás. Salud.

Los dos chocan sus botellas. Ulises toma un sorbo, pero percibe que Nicolás saca discretamente de su chaqueta un pastillero del cual extrae una pequeña pastilla, se la pone en la boca y la pasa con la cerveza.

Ulises: (extrañado) ¿Qué era eso que te tomaste?

Nicolás: (sonriendo) Éxtasis. ¿Quieres? 

Ulises: (negando) Gracias. No consumo drogas.

Nicolás: Es un empujoncito para que te sueltes más. Podemos pasar mejor así.

El hombre le muestra el pastillero. Ulises vacila.

Ulises: Bueno. Una nada más.

Nicolás: Eso, así. 

Ulises saca una pastilla, se la toma y también la pasa con la cerveza. 

Nicolás: Ven. Vamos a seguir bailando.

Ulises y Nicolás vuelven a la pista de baile. El primero comienza a soltarse y baila con el segundo, dejándose llevar por el alcohol y el efecto de la droga que no tarda en hacerse presente. Ulises siente que todo le da vueltas, se ve extasiado y parece que a su alrededor todo se moviera de forma más lenta. Nicolás se acerca cada vez más hasta besarlo apasionadamente. Ulises se sorprende al principio, pero termina correspondiendo. El hombre baja por su cuello mientras siguen bailando entre los demás. Ulises cierra los ojos, dejándose llevar por unos instantes y se estremece.

Nicolás: (al oído) ¿Quieres seguir la fiesta en mi apartamento?

Ulises abre los ojos. Por un instante, el rostro de Nicolás cambia ante sus ojos. Federico aparece frente a él con la frente cubierta de sangre. Ulises se espanta y da un paso hacia atrás.

Nicolás: (extrañado) Hey. ¿Qué te pasa?

Nicolás se acerca. Ulises se aleja, exaltado y sigue viendo a Federico. 

Ulises: ¡Déjame! ¡No te me acerques!

Nicolás: ¡Hey!

Ulises sale corriendo, abriéndose paso entre la gente. Minutos después, el joven está encerrado en un cubículo del baño, arrodillado en el piso y vomitando. Da una última arcada, respira hondo y se limpia con el dorso de la mano. Intenta ponerse de pie y abre la puerta, aunque al escuchar unas voces que se acercan, vuelve a cerrar para que no lo vean así en ese estado.

Nicolás: (off screen) ¿Qué haces acá?

Guillermo: (off screen) No quiero discutir contigo, Nicolás.

Ulises se queda quieto al reconocer ambas voces y frunce el ceño. 

Nicolás: Pues entonces no me reclames por estar aquí, divirtiéndome un rato. Tú y yo no tenemos nada oficial. 

Guillermo: ¿Nada? ¿Después de todo lo que he hecho por ti? Llevamos un año de relación.

Nicolás: Sí, un año a escondidas porque tú sigues enclosetado, además ya me da hasta pena que nos vean juntos. Hay demasiada diferencia de edad entre los dos.

Ulises abre los ojos, sorprendido. Con cautela, entreabre la puerta del cubículo y se queda impactado al ver a su tío con el desconocido con quien bailaba.

Guillermo: (dolido) Ahora resulta que te doy pena.

Nicolás: Pues a ti te da pena admitir que sales con otro hombre. Estamos a mano. Yo estoy joven, Guillermo. Me quiero divertir, pero tú con tus cosas, tan amargado como siempre, me estás consumiendo y ya me harté.

Guillermo lo mira con profunda decepción.

Guillermo: Claro. Todo este tiempo me has tenido para sacarme plata, pero eso se acabó. Yo no te voy a dar un peso más.

Nicolás: (ofendido) Yo no estoy contigo por plata. 

Guillermo: Déjalo así.

Guillermo se da media vuelta y sale del baño.

Nicolás: ¡Guillermo! ¡Guillermo!

Nicolás sale detrás. Ulises permanece inmóvil dentro del cubículo, completamente desconcertado.

Ulises: (para sí, en voz baja) ¿Mi tío…? ¿Mi tío es gay?

Ulises apenas se repone de la sorpresa de aquel secreto que sin querer ha descubierto.


INT. CASA DE LOS FERRER/HABITACIÓN DE DIEGO – NOCHE

Diego se está cepillando los dientes en el baño. Termina de enjuagarse y se seca la boca con una toalla pequeña. Luego, recuesta las palmas de las manos en el lavamanos. 

Diego: (pensativo) Marcela deve estar muito triste com o que aconteceu.


INT. CASA DE LOS FERRER/HABITACIÓN DE MARCELA – NOCHE

Marcela, entretanto, se encuentra sentada en el borde de la cama, gimoteando mientras busca algo entre los cajones de su mesa de noche. Finalmente encuentra una fotografía. La observa. En ella aparece junto a Federico durante algún momento feliz de su relación. Marcela acaricia la fotografía con los dedos y una lágrima se desliza por su mejilla.

Marcela: Espero que descanses en paz, Federico. 

De repente, escucha que tocan a la puerta y se apresura a limpiarse la cara.

Marcela: ¿Sí?

La puerta se abre lentamente. Diego asoma la cabeza.

Diego: Posso entrar?

Marcela asiente en silencio. Diego entra y cierra la puerta tras sí. Marcela deja la foto de espaldas en la mesita de noche.

Diego: Eu queria saber se você precisa de alguna coisa ou se está bem.

Marcela: La verdad, no mucho. Me siento fatal.

Diego se acerca un poco.

Diego: Posso sentar aqui?

Marcela asiente nuevamente. Diego se sienta a su lado, dejando cierta distancia entre ambos.

Diego: Yo no sei mucho que dizer. Yo nunca passei por uma coisa así e no consigo imaginar lo que você está sentindo, pero solo quería que supieses que podes contar comigo, ¿ok? Se você precisar de alguien pra conversar ou de um ombro pra chorar, estou aqui…

Marcela levanta lentamente la mirada hacia él y solloza.

Marcela: Yo… (Hace una pausa) Tengo tantas cosas aquí adentro atoradas, Diego… Tantos sentimientos encontrados. Yo sé que no amaba a Federico y después de todo lo que hizo, de cómo se portó conmigo, debería estar enojada, debería sentir otra cosa, pero…

Marcela intenta contener el llanto.

Marcela: No puedo evitar sentirme así. Yo nunca quise que le pasara nada. Fueron casi dos años de mi vida en los que creí que tenía una relación estable y al final resultó que no, que era una mentira de él y ahora se muere.

Diego la observa conmovido.

Marcela: Aunque Federico me haya engañado, aunque haya sido un patán conmigo, yo jamás le habría deseado la muerte. Es como si quisiera seguir enojada, pero no puedo.

Diego: Está bem. Você no precisa forzar los sentimentos.

Marcela lo mira con los ojos humedecidos.

Diego: E si agora no consigues sentir raiva es porque eres una persona noble. 

Marcela: Ay, Diego…

Marcela no puede evitar derramar un par de lágrimas. Diego duda unos segundos. Finalmente, levanta una mano y, con cuidado, le limpia una lágrima que corre por la mejilla con el pulgar. Marcela se queda inmóvil, sorprendida por el gesto.

Diego: Llora. Deja salir. Você no precisa ser forte agora. Estou aqui com você.

Marcela lo mira fijamente durante unos segundos. Luego, vencida por la emoción, no aguanta más y se quiebra a llorar, pues no lo había hecho en todo el día. Diego la abraza, procurando no lastimarse la herida. Ella no duda en corresponderle y llora desconsolada, dejando salir toda su tristeza.


INT. BAR – NOCHE

Rómulo entra al bar y mira alrededor, incómodo ante el ambiente. Después de unos segundos localiza a Ulises a lo lejos.  El joven está bastante ebrio y conversa con el mismo hombre con el que había estado bailando antes.

Ulises: Perdón. Creo que no me sentí muy bien con lo que me diste. Es la primera vez que lo pruebo y la verdad no me siento del todo bien.

Nicolás: Podemos irnos a otro lado si quieres. Te puedo hacer sentir mejor.

Ulises: (alejándose) ¿Te puedo preguntar una cosa?

Nicolás: Sí, dime.

Ulises: ¿Tienes pareja? Es que hace rato en el baño te escuché discutir con otra persona.

Nicolás se incomoda de inmediato. 

Nicolás: No tenemos nada serio, así que no te preocupes. No hay problema si vamos a mi apartamento.

Nicolás le acaricia el mentón mirándolo con deseo y con ganas de besarlo. Rómulo no tarda en acercarse, frunciendo el ceño con evidente molestia y de un manotazo, aleja a aquel individuo del muchacho. Ulises se sorprende al ver al chofer allí.

Ulises: ¿Rómulo? ¿Usted qué se supone que está haciendo aquí?

Rómulo toma firmemente del brazo.

Ulises: ¿Qué hace?

Rómulo: Vámonos.

Ulises: ¿Qué le pasa? ¡Suélteme!

Ulises intenta zafarse, pero la fuerza del otro es superior.

Rómulo: Joven, no le estoy preguntando. Es una orden de su mamá que me mandó por usted.

Rómulo no lo suelta y termina sacándolo del bar a la fuerza. El otro tipo se queda frustrado al ver que perdió una oportunidad.


INT. BAR/ESTACIONAMIENTO – NOCHE

Rómulo lleva a Ulises hasta el vehículo. 

Ulises: (furioso) ¡Ya le di la orden de que me suelte, imbécil!

El joven se suelta de un tirón y lo empuja.

Rómulo: Joven, súbase el carro, por favor. 

Ulises: ¿Perdón? ¿Quién se cree usted para venir a meterse en mis cosas y a decirme lo que tengo que hacer? ¿Tengo que recordarle que soy el hijo de su patrón o qué?

Rómulo: Vine porque su mamá me pidió que lo buscara. Estaba preocupada y le rastreó la ubicación del carro.

Ulises suelta una risa amarga.

Ulises: ¿Mi mamá me está rastreando ahora? Nada más eso me faltaba. 

Rómulo: No lo hizo por mal. Doña Irene está preocupada por usted.

Ulises: Pues dígale que no se meta en mi vida.

Rómulo: Mire, no me lo tome a mal, pero debería cuidarse. Estos sitios no son seguros, joven, son un puterío, joven. Están llenos de gente rara.

Ulises: ¿Y ahora usted también va a decirme dónde puedo estar?

Rómulo: Es por su bien. Usted podría salir con una hembrita de su edad en vez de andar metiéndose con maricas.

Ulises: ¿Eso qué? Por si no se ha dado cuenta, yo también soy un marica, un desviado, un dañado y todo lo que la puta sociedad nos dice a los que nos gustan los hombres. ¿Le molesta?

Rómulo queda desconcertado.

Rómulo: Usted está confundido.

Ulises: No, yo no estoy confundido. Más bien es usted el que se está confundiendo y no está entendiendo el lugar que tiene en la casa.

Rómulo: Yo le tengo aprecio y por eso se lo digo. Yo sé que se le va a pasar. Es más, yo conozco un sitio a donde lo puedo llevar si quiere. Le puedo conseguir una muchacha buena, bonita, para que pruebe.

Rómulo esboza una sonrisa confiada. Ulises lo mira con incredulidad y, de repente, le propina una fuerte bofetada. Rómulo queda completamente sorprendido.

Ulises: ¡No me vuelva a hablar así! ¡No sea tan igualado!

Rómulo se lleva una mano al rostro, sin poder creer lo que acaba de ocurrir.

Ulises: Usted no tiene ningún derecho a meterse en mi vida, Rómulo. ¡No es mi papá y nunca lo va a ser! ¿Entendió? ¡Nunca!

Rómulo: Joven, yo…

Ulises: ¡Lárguese! Voy a pedir un taxi. No necesito que me lleve a ninguna parte y le advierto que no me vuelva a dirigir la palabra o me voy a encargar de que lo echen a la calle como un perro. 

Rómulo lo observa, dolido y frustrado. Por un momento parece que quiere responderle, pero finalmente se contiene. Ulises se aleja unos pasos y saca su celular. Rómulo permanece junto al vehículo, mirándolo con impotencia antes de darse la vuelta.


INT. CASA DE LAURA E INÉS/HABITACIÓN DE THIAGO – DÍA

Ha amanecido. Un técnico termina de instalar un calentador de agua en la pared del baño. Thiago, Laura, Ginevra e Inés observan el trabajo.

Inés: Bueno, mijo, espero que con esto ya no vuelva a decir que aquí no cumplimos lo que prometemos.

Thiago: (satisfecho) Agora sim. Ya puedo tomar banho como gente normal.

Inés: ¡Eso! Porque ya me tenía cansada con la cantaleta del agua fría.

Ginevra: ¿Y cuándo me vas a poner un calentador a mí, niña Inés?

Inés la mira de arriba abajo.

Inés: Pues siéntese a esperar, mija, porque para ponerle calentador a usted me toca subirles el arriendo por la cuenta del gas.

Ginevra: ¡Oh santo cielo! De verdad que eres tacaña, mi corazón.

Inés: ¿Tacaña yo? No, señora. ¡Empresaria! Y de a gratis no se puede. Además, todavía me debe la plata de la faja milagrosa. No se le olvide.

Ginevra: Yo te la voy a pagar. Deja de ser tan acosona. 

Inés: Más le vale. Mire que si se demora le cobro intereses.

Ginevra: Tranquila. No tendrás que hacerlo. Es más, para que sepan, muy pronto me voy a ir de esta inmunda pensión y voy a vivir en un penthouse como me lo merezco. Ustedes quédense aquí con sus calentadores y sus duchas de pobre.

Ginevra se da media vuelta, ofendida y sale haciendo un gesto de desprecio.

Laura: (ofendida) ¡Ay, lita! De verdad que usted tenía razón. Esta señora sí que es insoportable. 

Inés: (riéndose) Sí, pero conmigo no puede. Yo la sé trancar. 

El técnico termina de revisar la instalación.

Técnico: Listo, señora. Ya quedó funcionando.

Inés: Perfecto. Venga, acompáñeme y le pago.

Inés sale con el técnico. Laura y Thiago quedan solos.

Laura: (tímida) Bueno, por lo menos ya no vas a tener que usar mi baño.

Thiago: Menos mal. Já estava ficando medio desconfortável.

Laura: Me imagino que eso significa incómodo.

Thiago: Sí. Toda vez que entrava en tu banheiro parecía que estava invadiendo tu espaço e mucho más después de lo que aconteceu ayer.

Laura sonríe tímidamente.

Laura: Cierto. La verdad es que sí me dio mucha pena contigo. Estaba pensando en una forma de disculparme por haber sido tan imprudente.

Thiago sonríe con interés.

Thiago: ¿Cómo?

Laura: Pues, aprovechando que hoy es domingo si quieres podemos salir.

Thiago: ¿Salir?

Laura: Sí. Puedo mostrarte un poquito la ciudad. Hay lugares chéveres que todavía no conoces.

Thiago la mira fijamente.

Thiago: Você gosta de mim?

Laura se queda paralizada.

Laura: ¿Qué?

Thiago: Você me convidou para salir. Entonces pensei que talvez gostasse de mim.

Laura se pone nerviosa y desvía la mirada.

Laura: Yo… no sé. O sea, no tiene que ser porque…

Thiago sonríe, divertido.

Thiago: Tá bom. Vamos sair.

Laura levanta la mirada, sorprendida.

Laura: ¿O sea que sí aceptas?

Thiago: Sim. Quero conhecer a cidade também.

Laura intenta disimular la emoción.

Laura: Bueno. Entonces me voy a arreglar. ¿Te parece si salimos como en una hora?

Thiago: Tá ok. 

Laura: ¡Listo! Nos vemos abajo entonces a eso de las once. 

Laura sale rápidamente de la habitación y sin querer tropieza el dedo pequeño del pie con un buró. Intenta aguantarse el dolor.

Thiago: Tudo bem?

Laura: Sí, sí. Nos vemos más tarde.

Laura sale cojeando. Thiago la observa marcharse con una pequeña sonrisa.

Thiago: Feia no es. Puedo me divertir com ella um pouco. 


INT. CASA DE LOS FERRER/HABITACIÓN DE MARCELA – DÍA

La luz de la mañana se filtra por las cortinas. Marcela abre lentamente los ojos. Durante unos segundos permanece adormilada, hasta que siente algo a su lado, por lo que se voltea de golpe y mira hacia el otro extremo de la cama. Diego duerme profundamente junto a ella.

Marcela: (susurrando) Ay, no puede ser… 

Marcela abre los ojos, completamente sorprendida. Hace varias muecas, sin saber cómo reaccionar al darse cuenta de que se quedó dormida con él.

Marcela: Ni cuenta me di cuando me quedé dormida. 

Marcela se recuesta en la cama y se acomoda el cabello, todavía avergonzada. Diego continúa dormido, completamente ajeno a la situación. Por varios segundos, la joven lo observa detenidamente y contempla su rostro, algo que le provoca una sonrisa involuntaria.

Marcela: (susurrando) Qué lindo. Es guapísimo y así durmiendo se ve más hermoso todavía… 

Marcela se percata de lo que acaba de decir y niega rápidamente con la cabeza.

Marcela: ¡Ay, Marcela! ¡Ya cálmate! Me estoy es pasando de cursi. 

Diego se mueve en ese instante. Marcela se levanta de la cama y lo mueve.

Marcela: Diego… Diego…

Diego apenas se mueve.

Marcela: ¿Diego?

Finalmente, el joven abre los ojos.

Diego: (somnoliento) Hã…?

Diego se percata de la situación e intenta incorporarse rápidamente, pero al hacerlo tropieza con la mesita de noche.

Diego: ¡Ay!

Se lleva una mano al abdomen, adolorido.

Marcela: ¡Cuidado!

Diego: (muy apenado) Desculpa. Desculpa. Eu não queria ficar aqui. 

Marcela suelta una pequeña risa.

Marcela: Tranquilo. Creo que los dos estábamos demasiado cansados anoche.

Diego: Eu estava esperando você dormir para ir, mas fiquei cochilando.

Marcela lo mira confundida.

Marcela: ¿Cochilando?

Diego: Es cuando bajas la cabeza por el sueño. 

Marcela entiende y ríe.

Marcela: Ah… Bueno, acá decimos cabecear.

Diego: Isso. Desculpa, de verdade. 

Marcela: No te preocupes. No pasa nada y antes gracias por haberte portado tan bien conmigo anoche. Aprecio mucho que me acompañaras.

Diego: Foi nada. No quería te dejar sola. 

Marcela sonríe con agradecimiento. Diego continúa tocándose el abdomen y hace una pequeña mueca de dolor.

Marcela: ¿Qué pasó? ¿Te dio un calambre por levantarse tan rápido?

Diego: Eh, no. Es que estou meio dolorido.

Marcela: ¿Por qué?

Diego guarda silencio un instante.

Diego: Es que ayer aconteceu uma coisa en el cobertizo.

Marcela: (extrañada) ¿Qué cosa?

Diego: Eu me cortei. 

Marcela: (sorprendida) ¿Cómo así que te cortaste? ¿Por qué no me habías dicho? 

Diego: Foi um acidente. Nada importante.

Marcela: ¿Y por qué no me dijiste nada? 

Diego: Você já estava mal por causa do Federico. Não queria te preocupar com isso.

Marcela: Ay, Diego. Sí eres. De seguro hasta te lastimé. Yo me muevo mucho dormida.

Diego: (sonriendo) Está bem. Yo no sentí nada incómodo.

De repente, la joven nota una pequeña mancha rojiza que sobresale de la camiseta del joven.

Marcela: Diego, espera…

Diego: O quê?

Marcela señala su abdomen.

Marcela: Eso… ¿es sangre?

Diego mira hacia abajo.

Diego: Ah…

Marcela: (alarmada) ¡Déjeme ver!

Diego: No es nada, de verdade. Deve ser normal. É bem pouquinho.

Marcela: ¿Normal? ¡Estás sangrando!

Diego: Deve ser que se abriu um pouco porque me movi rápido.

Marcela: Quítate la camiseta.

Diego la mira, sorprendido.

Marcela: Necesito ver cómo está la herida.

Diego: Marcela, eu tô bem…

Marcela: No estoy preguntando si estás bien. Quiero ver la herida.

Diego termina por asentir, resignado y se quita la camisa. Marcela se acerca y en efecto ve que la herida sangra, aunque levemente.

Marcela: Bueno, no parece que se hubieran abierto los puntos, pero sí está sangrando un poquito. Espera aquí. Voy por el botiquín.

Diego: No es necessário. 

Marcela: ¡Claro que sí! Deja de minimizar tus cosas. Espérame.

Marcela sale. Diego la observa irse, mientras vuelve a llevarse una mano al abdomen.

Diego: (para sí) Essa mulher é teimosa… (Esa mujer es terca)

Una pequeña sonrisa aparece en el rostro del brasileño. 


INT. CASA DE LOS FERRER/HABITACIÓN DE ULISES – DÍA

Irene entra en bata a la habitación sin tocar. Ulises duerme.

Irene: ¡Ulises, levántate!

Irene abre las cortinas para que entre luz. Ulises se mueve incomodado y se voltea de lado.

Ulises: (sin abrir los ojos) Vete. Tengo dolor de cabeza.

Irene: (molesta) ¡Me importa un comino! ¡Te dije que te levantes!

Ulises: (adormilado) Vete, mamá. No tengo ganas de discutir contigo.

Irene: Entonces así van a ser las cosas. ¡Muy bien!

Irene entra al baño de la habitación, toma un vaso plástico puesto sobre el lavamanos, lo llena de agua y regresa a la cama, lanzando el agua sobre el rostro del muchacho.

Ulises: (sobresaltado) ¿Qué mierda te pasa?

Irene lo abofetea de inmediato.

Irene: ¡Te prohibido volverme a hablar así! ¿Te quedó claro!

Ulises: (furioso) ¡Me tienes cansado! ¡Harto! ¡Estoy cansado de que me estés tratando como tu títere! 

Irene: Y a mí me está cansando que te portes como un muchachito en plena pubertad. No te entiendo, Ulises. Un día pareces a mi favor y al otro te pones en mi contra. Incluso defendiste al brasileño y me trataste mal delante de él y de tu papá.

Ulises: (con ironía) ¿Mi papá?

Irene se desconcierta por el tono en que habló.

Irene: ¿Por qué lo dices así?

Ulises: Mira, ma…

Ulises se pone de pie y encara a su madre.

Ulises: Yo no estoy dispuesto a seguir dejando que me trates a las patadas. Yo siempre he hecho lo que tú me ordenas. Te he obedecido en todo y quieres seguir controlando mi vida. Inclusive anoche mandaste a tu “guachiman” a buscarme como si fuera un niño.

Irene: Rómulo ya me contó que le pegaste. De verdad que estás irreconocible. Él lleva trabajando para la familia desde antes de que tú nacieras. Los empleados no se pueden tratar así.

Ulises: Yo te he visto tratar muy mal a las empleadas de servicio. ¿Por qué a él no lo puedo tratar? ¿No será que te molesta que le haya pegado a ese inservible que tienes de amante? 

Irene: (impactada) ¿De qué estás hablando?

Ulises: Yo ya sé, ma. Yo sé que ese tipo y tú son amantes. 

Irene desencaja el rostro al verse enfrentada de esa forma por su hijo.


INT. CASA DE LOS FERRER/HABITACIÓN DE MARCELA – DÍA

Diego permanece sin camisa sentado en la cama. Marcela está en cuclillas y comienza a retirar con cuidado la gasa manchada. No puede evitar ponerse un poco nerviosa al tenerlo tan cerca, pero procura concentrarse. Pasa algodón alrededor de la sutura y limpia cuidadosamente la zona.

Marcela: ¿Te duele?

Diego: (negando con la cabeza) Está tudo bem. Você sabe fazer isso?

Marcela: Fui brigadista en el colegio y también en la universidad. Tomé varios cursos de primeros auxilios.

Diego: Caramba. Você sabe de tudo um pouco.

Marcela sonríe.

Marcela: Ay, no exageres. Es algo que todos deberíamos aprender, solo que no se le da la importancia que requiere.

Diego: Concuerdo e por isso es que eres especial. Você é muito versátil.

Marcela: Bueno, se hace lo que se puede.

Diego guarda silencio y se queda viéndola con una sonrisa tierna. Marcela levanta la mirada y lo descubre.

Marcela: ¿Qué?

Diego: Nada.

Marcela: (un poco nerviosa) ¿Por qué te me quedas viendo así?

Diego: Es que… (Hace una pausa) Você fica bonita quando está concentrada.

Marcela se queda ligeramente sorprendida. Baja la mirada y continúa con el vendaje.

Marcela: Ya está.

Termina de acomodar la gasa y se pone de pie.

Marcela: Trata de no moverte demasiado y si vuelves a sangrar, me avisas. Voy a poner estas cosas en su sitio.

Marcela se da la vuelta para retirarse. 

Diego: Marcela…

Ella se vuelve extrañada. Diego se levanta y la toma de la mano.

Marcela: ¿Qué pasa?

Diego la mira con seriedad. Parece dudar de si debe decirlo.

Diego: Yo sei que talvez eu esté sendo muito imprudente, hasta um pouco imbécil, porque talvez esse no sea el momento, pero no consigo esconder mais.

Marcela: No te entiendo, Diego. ¿A qué te refieres?

Diego: Gosto mucho de ti.

Marcela se sorprende ligeramente y evade la mirada, quedándose en silencio. 

Diego: Desde que te conheci eu tento no pensar en isso, mas no estou consiguiendo. Estar contigo me hace sentir algo bonito y…

Marcela permanece inmóvil.

Diego: Me gusta a tua sonrisa, a tua voz… Eres la persona que mejor me acolhou en este país e estou começando a sentir algo especial por ti aquí dentro. Me gustas mucho.

Marcela suelta un suspiro sin saber qué decir. Diego baja la cabeza con algo de timidez. 

Marcela: Diego, yo… 

Diego comprende que quizá se adelantó y la suelta.

Diego: Que idiota! Desculpa. Eu não devia haver falado isso agora. 

Diego alcanza su camiseta y se la coloca con cuidado. Marcela lo ve en silencio completamente bloqueada.

Marcela: Diego, mira… 

Diego: Fica tranquila. No precisa falar nada.

Marcela: No te voy a negar que sí me tomas fuera de base, pero es que ahorita…

Diego: (cabizbajo) Yo sé. Después de tudo que aconteceu com teu prometido, eu sei que você tiene outras coisas na cabeça. Entendo. 

Diego camina hacia la puerta. 

Diego: Desculpa de novo.

Marcela: Diego…

Él se detiene. Marcela se acerca y lo toma del brazo.

Marcela: Espera.

Diego se vuelve hacia ella. Marcela lo mira con ganas de decirle algo.  De pronto, su celular comienza a sonar y ella cierra los ojos, frustrada.

Diego: Atende. Pode ser importante.

Diego sale de la habitación. Marcela lo ve marchase y se siente mal por él. El celular sigue sonando sobre la mesita de noche. La joven resopla y decide contestar.

Marcela: ¿Aló?


INTERCUT CON:

INT. CASA DE LAURA E INÉS/HABITACIÓN DE LAURA – DÍA

Laura termina de maquillarse frente al espejo y al escuchar la voz de Marcela, respira aliviada.

Laura: ¡Marcela, por fin me contestas! Te he estado llamando desde ayer y te dejé como mil mensajes por el WhatsApp. 

Marcela: Discúlpame, Laura. No quería hablar con nadie y apagué el celular. Lo vine a prender hace rato.

Laura: Ya sé lo que pasó. Mi más sentido pésame por lo de Federico.

Marcela: Gracias. 

Laura: ¿Cómo sigues?

Marcela: Pues ahí voy. De hecho, te agradezco tu preocupación, pero me llamaste en el peor momento.

Laura: Ay, no me digas. ¿Te importuné?

Marcela se deja caer sobre la cama.

Marcela: Diego me acabó de confesar que le gusto.

Laura abre los ojos, emocionada.

Laura: ¡¿Qué?!

Marcela se aparta aturdida el celular de la oreja.

Marcela: No grites.

Laura: Discúlpame, amiga. Es que no me puedo creer que dejamos de hablar un par de días y ya me tienes noticias de ese calibre. ¿Tú qué le dijiste?

Marcela: Nada. No alcancé a decirle nada.

Laura: ¿Cómo que nada?

Marcela: Sí, justo en ese instante me llamaste. 

Laura: O sea que sí te importuné.

Marcela: Da igual porque aunque no hubieras llamado, yo tampoco hubiera sabido qué decirle y además, anoche nos quedamos dormidos juntos.

Laura queda todavía más sorprendida.

Laura: ¡¿Se quedaron dormidos juntos?!

Marcela de nuevo se aparta el celular de la oreja.

Marcela: ¡Sí! Pero no pasó nada. Estábamos hablando y nos quedamos dormidos, ya.

Laura sonríe de oreja a oreja.

Marcela: Y no te emociones tanto. Yo la verdad estoy que me enloquezco.

Laura: Pero ¿es que acaso a ti no te gusta?

Marcela guarda silencio.

Laura: Marce…

Marcela suspira.

Marcela: Sí.

Laura: ¡Yo sabía! ¡Yo sabía! ¡Estaba segurísima!

Marcela: (preocupada) Me encanta, Laura. Ese hombre me encanta y a veces me muero por besarlo, abrazarlo. Tiene una sonrisa que me derrite. Es tierno, caballeroso y… ¡Ay, es que ya ni sé! Federico se murió ayer. Me siento horrible.

Laura: Sí, es verdad. Hasta yo me siento mal por el difunto, pero no tienes por qué sentirte culpable. Federico y tú habían terminado hace una semana, además no nos digamos mentiras. Tú ni estabas segura de esa relación.

Marcela: Pues no, pero tampoco soy tan maldita como para alegrarme de que esté muerto. Y además, Laura. Fueron dos años de relación. ¡Dos años! Me siento como una desgraciada por querer besar a otro como si esos dos años no hubieran sido nada.

Laura: Perdóname, Marce, pero prácticamente no fueron nada. Federico no te quería. ¿Ya se te olvidó que te engañó con tu propio primo?

Marcela: Yo sé y eso que no te conté que la última vez que lo vi discutimos feo. Incluso me trató supermal y hasta intentó sobrepasarse conmigo.

Laura: (indignada) ¿Ves? Entonces no tienes por qué sentirte mal. Que descanse en paz y todo, pero antes de morirse, tú ya estabas tratando de pasar página. 

Marcela: ¿Y qué hay de Diego? Es mi primo. 

Laura: Ay, no me salgas con bobadas. Para empezar ni es tu primo de sangre.

Marcela: No, pero es más el hecho de que por el apellido somos familia. No está bien.

Laura suspira frustrada.

Laura: Ay, Marce. Menos mal no estoy ahí contigo porque ya te hubiera agarrado a cachetadas por boba.

Marcela: (muy contrariada) Creo que sí me las merezco a ver si aterrizo o reacciono porque ni yo misma me entiendo.

Laura: Hagamos algo. ¿Qué te parece si sales de esa casa y te distraes por hoy? 

Marcela: ¿Cómo?

Laura: Con una cita de cuatro.

Marcela: ¿Una qué?

Laura: Una cita de cuatro. Thiago y yo vamos a salir hoy. Tú y Diego pueden venir con nosotros.

Marcela: ¿Y tú por qué vas a salir con ese muchacho?

Laura: (sonriendo) Digamos que terminé medio confesándole que me gusta.

Marcela: ¡Laura!

Laura: Ay. ¿Qué? Yo a diferencia de usted sí tomo riesgos, mijita, así que invite a Diego. Podemos salir los cuatro, les mostramos la ciudad a los dos hermanitos brasileños y de paso tú te distraes un poquito. ¿Qué te parece?

Marcela: No sé…

Laura: Vamos. No es una cita romántica. Es una salida entre amigos.

Marcela: Igual no me parece correcto. Federico se murió ayer. Debería guardar respeto.

Laura: ¿Y qué sería correcto? ¿Que te quedes encerrada llorando por alguien que te hizo daño?

Marcela permanece pensativa.

Laura: Dale, Marce. Vamos ¿Sí? Podemos ir a Monserrate y ver el atardecer allá. 

Marcela: Voy a pensarlo.

Laura: Eso ya es un sí.

Marcela: Yo no dije eso.

Laura: (riendo) Nos vemos en la Plaza Bolívar en una hora. ¿Ok?

Laura cuelga. 

Marcela: ¡Laura! ¡Laura!

Marcela se da cuenta de que ya colgó y termina sonriendo, aunque todavía se nota confundida y preocupada por todo lo que acaba de ocurrir.


INT. CASA DE LOS FERRER/HABITACIÓN DE ULISES – DÍA

Irene permanece frente a Ulises, todavía sorprendida por la manera en que su hijo acaba de confrontarla.


Irene: ¿Qué fue lo que dijiste?

Ulises la mira con rabia y los ojos todavía húmedos.

Ulises: Que los vi y los escuché, a ti y al chofer ese intimidando allá adentro del cobertizo como un par de puercos. Estás engañando a Leoncio con ese tipejo.

Irene intenta guardar la compostura.

Irene: Ulises, estás confundido. Seguramente viste y oíste algo que no entendiste…

Ulises: ¡No me trates como un niño!

Irene: Baja la voz.

Ulises: ¡No soy un idiota, mamá! ¡Yo sé perfectamente lo que vi y oí!

Irene guarda silencio sin posibilidad de defensa.

Ulises: ¿Sabes cómo me siento? Como un completo imbécil. Me pasé la vida creyendo que era mejor que Marcela que porque ella era adoptada y resulta que yo tampoco soy un Ferrer.

Irene: ¡Cállate! No digas estupideces. Eso no cambia absolutamente nada. Lleves o no la sangre de Leoncio, él sigue siendo tu papá. Rómulo es un chofer que no tiene dónde caerse muerto.

Ulises: (sollozando) Como siempre, eso es lo único que te importa. El dinero, la plata, la aseguradora, el apellido. ¿Y dónde queda el amor? ¿Dónde queda tener un papá de verdad?

Irene: Padre no es el que engendra, Ulises. Es el que cría.

Ulises se queda mirándola, dolido.

Irene: Leoncio te ha criado toda la vida. Te ha dado una familia, una posición, una educación. No vas a destruir todo eso por algo que escuchaste a escondidas.

Ulises: ¿Y qué quieres que haga? ¿Que viva como si nada?

Irene: Exactamente. Lo que tienes que hacer es seguir adelante con el plan. Entra a la empresa, gánate la confianza de tu abuelo y demuestra que eres capaz de ocupar el lugar que te corresponde.

Ulises deja escapar una risa amarga.

Ulises: Muy tarde. Ya perdí, ma.

Irene: ¿Qué?

Ulises baja la mirada. Le cuesta pronunciar las siguientes palabras.

Ulises: Me voy a entregar antes de que vengan por mí.

Irene: (confundida) ¿Cómo así que entregarte? ¿De qué estás hablando ya?

Ulises levanta lentamente la mirada. Tiene los ojos llenos de lágrimas.

Ulises: Me voy a entregar a la policía.

Irene queda desconcertada.

Ulises: Maté a Federico.

Irene se queda completamente paralizada.

Ulises: Lo maté, mamá. Me volví un asesino.

Irene apenas puede recuperarse de la impresión de esa repentina confesión. 

CONTINUARÁ…


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